Tiene la palabra

¿Por qué todo el mundo toca de oído y se hace el distraído?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* He visto en todo este tiempo cómo un montón de actores políticos y particulares como ciudadanos comunes han opinado sobre la actuación del ex director de Aduanas y sus consecuencias.

Vamos despacito y por las piedras. En la Rendición de Cuentas creo que del año 2001, fue votada por la mayoría del Parlamento la creación de un cuerpo de elite para la lucha contra el contrabando donde se autorizaba el ingreso de hasta 40 funcionarios de cualquier repartición del Estado para integrarla. También se votó el pago de hasta 39 mil pesos mensuales para esa tarea con el objetivo de no caer en tentaciones. Nunca se llegó al número 40 de integrantes de este cuerpo represivo, el número de aduaneros que lo integraba es menor 3 en 11. Aquí surgen algunas preguntas:

Si los funcionarios públicos ofrecidos para esa tarea tenían una foja de servicio deficiente, ¿no le fue comunicada al director de Aduana o éste le restó importancia?

Los superiores de esos funcionarios ¿no tendrían que haber ofrecido a otros funcionarios de buena conducta?

Si el director de Aduana depende jerárquicamente del ministro de Economía de turno, ¿éste no tendría que haber observado la integración de esa nómina y más aún si en la misma también aparecían personas que no eran funcionarios públicos y que se les pagaba un sueldo con dinero del propio Estado?

Entonces la conclusión es clara. Al doctor Lissidini le dejaron la cancha libre sin ningún tipo de control y cuando se complicó la cosa lo dejaron solo y así le fue.

Quedan varias interrogantes de toda esta novela:

¿Quiénes son los que tiemblan cuando se toca el gran contrabando?

Actualmente, ¿se sabe qué procedimientos se están realizando en materia de represión dado el perfil bajo del actual director de Aduanas, justamente en las puertas de un año electoral?

¿Por qué está tan complicado el tema de la extradición de Gil Ribero y de Ivo Darrosa teniendo en cuenta que son parte fundamental de la investigación sobre los hechos de la Zona Franca de Rivera y si sus testimonios pueden tener derivaciones inimaginables para el ciudadano común de este país?

Creo que los culpables de esta situación no es sólo el doctor Lissidini; pero fue el que pagó los platos rotos, mientras otros miran para otro lado.

UN ADUANERO

 

Algunas discrepancias y no tantas  con Mendieta

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* En la edición de LA REPUBLICA del 20 de agosto, el responsable de la sección «La lengua no es de trapo», pág. 41, en el primer párrafo de la última columna, se desdice y se ratifica al mismo tiempo, se corrige pero simultáneamente se premia por haber incurrido en un error más bien inexcusable: cuestionar el empleo del gentilicio brasilero, cuando todavía lo creía proscripto y ya no lo estaba.

En una nota dedicada al uso del gerundio, tan esclarecedora como la mayoría de las suyas, incluye, sin embargo, una introducción que en verdad no viene muy a cuento y que dedica a justificar el destierro de tal gentilicio que proclamó una semana atrás aunque, evidentemente, ya no tenía vigencia, el destierro, no el gentilicio desterrado. El autor se escuda en la comprobación de que la desinencia «ero» es, en todo caso, poco frecuente en los gentilicios (aunque quién sabe) y por allí parece encontrar argumentos para blanquear su tropezón.

No parece demasiado fundado que se repliegue en las terminaciones de otros gentilicios sólo contabilizando (¡atenti, gerundio!) los posiblemente más frecuentes. Así «ense», «és», ano», «teco» (por guatemalteco, ¿por qué no guatemalteño?), «ego» (de «griego», «ano», «asco» (por bergamasco, natural de Bérgamo, ¿de allí vendrá lo de «Suite bergamasque»?, ¿o será «bergamino»?, ¿no puede ser de las dos maneras, como brasilero-brasileño, indistintamente?), «ayo» (de «uruguayo» o «paraguayo», pero no urugüero o paragüero, aunque tampoco uruguayano ni parguayano, ¿por qué?), «eno» (chileno, no «chileño»), «án» (como alemán), «co» (de sueco, eslovaco, checo), «ino» («argentino», «parisino»), «ién» («parisién»): empirismo puro, menos que el grado cero de la lógica. ¿Por qué entonces brasileño y no brasilano o brasiliano, brasilés, brasilién, brasilteco, brasilense, brasilasco, etc.? Los gentilicios deben de haber sido el principal de los materiales de construcción que se usaron para levantar la torre de Babel.

Si se trata de argumentar por el número, la repetición, ¿cuántos millones de usuarios del castellano dicen «brasilero» en el Uruguay, en Corrientes y Misiones?, ¿cuántos otros millones lo dirán en la frontera que Perú, Ecuador, Paraguay, Colombia, Venezuela mantienen con la República Federativa? ¿No seremos, ellos y nosotros, los dueños de la preferencia de paso en esta colisión, para determinar, por la soberanía de nuestro uso cotidiano, de nuestra abrumadora frecuentación coloquial, el rumbo más legítimo, al que deben suceder y no preceder los gramáticos, semánticos, lingüistas y otras yerbas? Me sorprende que justamente en estos gabinetes de marfil se prescinda tan olímpicamente de «lo que pasa arraigadamente en la calle».

En cuanto al binomio minuano-minero, al que se remite como «ultima ratio» el señor Mendieta, me gustaría saber cómo resuelve él la traducción del gentilicio «mineiro», aplicado a los naturales de Minas Gerais, o sin ir más lejos a los vecinos del Arroyo de la Mina, si existen. Cuando enumera los sustantivos que terminan como brasilero y en general designan oficios y profesiones, es decir, relojero, costurera, enfermera, minero, podría agregar también farolero, no necesariamente en el sentido de fabricante de faroles o del que cuida de ellos en el alumbrado público, sino en el de adicto al faroleo (pág. 673, Dicc. Real Academia, edic. 1992, todavía).

Estas modestas patinadas –si se me permite el calificativo– constituyen uno de los riesgos a que están expuestos, por dentro y por fuera, quienes como el señor Mendieta, se han impuesto la noble y lamentablemente solitaria misión de enmendarle la plana a tantísimos que, desde posiciones de inequívoco poder, envilecen cotidianamente el habla y en gran medida la cultura, tan venidos, entre otros diversos valores que nos caracterizaron, a menos. En el contexto de ese saneamiento habría esperado, por mi parte, un reconocimiento menos ambiguo, o por lo menos un silencio consensual. Si mienta la soga en su casa…

Ya que estamos, aprovecho la oportunidad para asentar otra mínima discrepancia, muchos menos llamativa, con el reciente artículo sobre el uso bastardo del adjetivo «sofisticado» (que me atrevo a pronosticar pronto será convalidados, si no lo hizo ya, por la Academia, como pasó con banal, o masacre, o constatar, etc.). Por supuesto, en ese ámbito adhiero de plano a las conclusiones del autor, aunque me permito recordar que, entre las fuentes, el texto debió quizá reservar espacio aparte al «Sophisticated Lady», de Duke Ellington, que la habría dado tal vez otro sesgo más rico al enfoque general. Pero está claro que yo soy un lector y que no debo separarme de mi función, más allá de este comentario puramente marginal.

El primer párrafo de la nota de hoy, que con cierto desborde me permití comentar, creo que fue suscitado por mi carta, publicada en la página «Tiene la Palabra», del domingo 17 pasado. Me llama la atención que el texto del señor Mendieta, que es
lo más parecido a una réplica, no mencione esa circunstancia, precisamente en la primera comparecencia periodística que produce después de ella. De todas maneras, mi ego queda por demás saciado así: puedo creerme que el responsable de la sección me dispensa los mismos procedimientos retóricos que utilizaba –ese sí, sofista con patente– Jorge Luis Borges, cuando intentaba refutar a Discépolo (Enrique Santos) sobre el tango, absteniéndose de nombrar, por cercano al peronismo, faltaba más, a su contendiente, o los circunloquios en que se empeñaba Richard Wagner, cuando dirigía una sinfonía del semita Félix Mendelssohn calzando guantes de cabritilla (en señal de desdén), guantes que se quitaba cuando pasaba a la siguiente pieza del concierto, por ejemplo, si era una obra de Carl Maria von Weber u otro nibelungo a la par.

Y ya que estamos, también un par de apostillas. Como en mi carta anterior me referí a la elevación de la oferta periodística que afortunadamente venía comprobando en ese órgano, insistiré: me toca aplaudir la página firmada por el propio Juan Mendieta y aparecida el sábado 16, no sólo por su espíritu, con el que coincido del todo, pero eso quizá sea lo de menos, sino por, si se me permite, su impecable factura; a mi vez, cuando enumeré los atractivos que la publicación proponía, advertí sobre el riesgo de las omisiones; pues bien, aunque su figuración no es tan reciente, parece demasiado injusto no incluir la perspicacia y la titánica capacidad de síntesis que distinguen al corresponsal Isidoro Gilbert.

Atentamente,

URSO SARTORE – CI: 816.350-5

 

El Frente debe pensar muy bien una estrategia

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Las encuestas revelan que el doctor Tabaré Vázquez tiene un 52% de los votos para llegar a la Presidencia de la República.

El doctor Julio María Sanguinetti tiene mucho menos, pero sus allegados afirman poder cambiar las cifras y revertir la situación, haciendo que Tabaré Vázquez pierda, por lo menos, un tercio de esa cantidad que ahora creen segura, por causa de la situación económica que el país está viviendo.

Luego, haciendo una fuerte propaganda, que estaría muy bien financiada y respaldada en todos los niveles, para apoyar al doctor Julio María Sanguinetti, más la fuerza solidaria, adicional, del Partido Nacional que daría su apoyo nuevamente, para una segunda vuelta, no cabe duda alguna que el doctor Julio María Sanguinetti, porque es un candidato muy especial, que reúne cualidades excepcionales y que goza de muy buen prestigio en el país y en toda la región.

Nadie mejor que él –afirman– para defender nuestras libertades, las instituciones y la paz social.

Han estudiado cuidadosamente el plan, conociendo que el tradicionalismo en nuestro país sigue vigente.

Como dijo el doctor Casimiro Parola; «Â¡A triunfar, o de lo contrario, moriremos abrazados a la gloriosa bandera del partido!»

El Frente Amplio que estudie cuidadosamente su estrategia y sobre todo que se preocupe por dar buenos ejemplos, pues los hechos siempre pueden más que las palabras.

Que apunten bien, porque si tienen que ir a una segunda vuelta, no sé que va a pasar.

ARIEL MANSILLA – CI: 820.480-4

 

De acuerdo con JUMA: la dignidad tiene cara de mujer

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Iba a contestarle a Buscaglia, porque así él lo solicita, sobre su problema con la cultura de gobierno, para explicarle que el problema para mí es la cultura de la oposición, la izquierda es oposición y no sé por qué extraña razón los medios se empeñan en querer que lo olvide.

También veo que Pita le pide al gobierno que observe al embajador de EEUU.

¡Qué iluso, que buena forma de desentenderse!

¿El 40% del Parlamento parece que ahora no puede hacer una observación? Pero no.

Después leí el artículo del señor Julio César Martínez sobre las papeletas para el plebiscito y no quiero dejar pasar el agradecerle como mujer, su afirmación que la «dignidad» «tiene cara de mujer». Y por esa dignidad, también le reclamo a la izquierda, que defienda a los casi 700.000 ciudadanos que hicimos posible el plebiscito, poniendo sus juristas a demostrar que nosotros somos los que tenemos el «derecho» de fijar el formato y color de las papeletas. ¿O no? ¿O fue la Corte que quiso hacer plebiscito?

JUANITA SARAVIA – [email protected]

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