Otro punto para Dominique de Villepin

Quienes con valentía señalan que la lucha contra el terrorismo que emprende Bush se aparta muchas veces del camino de la legalidad internacional y de los derechos humanos, suelen salir como ovejas trasquiladas. Eso le pasó a Mary Robinson, en su calidad de Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. También les pasa a algunos académicos que caen en la lupa de Dick y Linda Cheney, como supuestos enemigos de los valores nacionales de EEUU.

También se amenaza a algunos países y a sus gobernantes de «consecuencias terribles» si no se alinean a los Estados Unidos, tal y como ha sucedido en los casos de Chile y México. En este ambiente, es difícil encontrar personas que no tengan miedo de decir las cosas tal y como son.

Los análisis crudos de la política de EEUU casi siempre los encontramos en los llamados «medios alternativos de información». Pocos diplomáticos, salvo que sean de Cuba o de Corea del Norte, se oponen en foros internacionales a Estados Unidos. Dominique de Villepin parece ser la excepción. Con una personalidad extraordinaria, el canciller francés ha tenido dos intervenciones acertadas.

Una, aquel memorable 14 de febrero de 2003, cuando expresó certeros argumentos para oponerse a la invasión de los Estados Unidos e Inglaterra a Irak. Con esa intervención la opinión pública mundial, que no simpatiza con los intereses anglosajones, comprobó las tablas del francés frente a la infumable demostración de Internet del señor Powell, que había ocurrido unos días antes, el 5 de febrero.

La otra intervención se produce desde París, el 22 de agosto de 2003, cuando con toda claridad Villepin señala que el llamado de Estados Unidos, para que haya tropas internacionales en Irak, sólo se debe atender bajo la condición de que cese la ocupación anglosajona y Naciones Unidas asuma control internacional. Obviamente, Estados Unidos responde que no dejará el control, porque tal cosa sería como reconocer su error histórico, a pesar de la pírrica victoria militar, que tiene la sospecha de haber sido concertada con el propio Hussein.

Estos momentos, de debilidad relativa de Estados Unidos, son la coyuntura que otras naciones deben apoyar el discurso del gobierno francés para exigir al gigante que se someta a las reglas del derecho internacional, ya que Estados Unidos no quiere someter a sus tropas la inseguridad que ha originado su propia ocupación.

Estos momentos deben ser de ideas firmes y no de posiciones dubitativas, como la del secretario general de la ONU, el señor Kofi Annan, que de manera lamentable «reparte» las culpas entre la ONU y EEUU por la falta de cuidado del edificio de la ONU en Bagdad, que costó la vida de Sergio Vieira.

Como ha dicho un ex secretario general de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, no hay duda de que, haciendo un análisis estricto de las condiciones de ocupación, el único responsable de la seguridad es el gobierno de los Estados Unidos.

No hay que caer en errores y miedos y hay que llamar las cosas por su nombre. Seguramente los críticos de Francia dirán que sigue el interés galo por los negocios en Irak. Al igual que el interés de Rusia.

Sea cual sea la motivación, desde el punto de vista del derecho internacional la postura gala es la correcta y ojalá el punto bueno de Villepin se pueda convertir en un éxito a favor de la legalidad internacional. *

(*) Publicado en La Insignia

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