Gracias heroicos ganaderos
Así como hay repúblicas bananeras, las hay ganaderas. La nuestra se especializa en ganado vacuno, ya que la banana no tiene clima y la vaca sí. La vaca es sufrida, y tanto madura en invierno como en verano. Nada más lejos de mis intenciones, que comparar una de aquellas despectivamente llamadas «republiquetas», con esta magníficamente llamada República Oriental del Uruguay. Nada más lejos. ¿Nada más lejos? Si señor; nada más lejos. La banana es un fruto del banano y uno de los pocos que no tiene carozo ni semilla. Yo, nacido y criado en república ganadera, ignoro por completo cómo hace para reproducirse el banano, pero mi mente, que a veces tiene algunos desvíos de los que se podría escandalizar nuestro arzobispo de Montevideo Nicolás Cotugno si no estuviera tan preocupado por sus problemas con el sexo, que evidentemente los tiene, mi mente, decía, imagina que la banana se reproduce porque además de ser un símbolo fálico, es un falo. Pero si bien lo ignoro todo sobre la cría del banano, sé alguna cosita, no mucha tampoco, sobre la cría y reproducción de la vaca. No es nada fácil tampoco. Algunos creen que es cuestión de dejarla a solas con el toro y que cuando simpaticen y sientan la atracción que la divina naturaleza otorga a todas las especies, incluso al caracol que cuando goza saca sus cuernos para el sol, el toro se sube, la vaca se hace la tonta como si el otro bestia no pesara, y a seguir pastando que para esos están nuestras tiernas praderas. No señor, no es tan sencillo. Hable usted con un ganadero y pregunte y sabrá de los sacrificios que ha hecho esta gente durante toda una vida heredada de generación en generación. Hable usted y le dirán las que pasaron cuando el rifle sanitario funcionó y hasta la iglesia salió a pedirnos que rezáramos para salvarnos, para salvarlos. Y tocados por aquel sentimiento patrio, más de uno, como dice la milonga triste, rezó sin saber rezar. Pusimos el grito en el cielo, en la tierra, en el campo, en la vaca, en los cimientos mismos de la estancia cimarrona que nos vio nacer, caracho. No a mí, que no hubo vaca sino apenas gato que me viera nacer y ni bola que me dio porque jugaba con un ovillo de lana de unos escarpines que todavía mi mamá no había terminado de tejer con lana uruguaya de productores uruguayos en categoría oveja. Cuando se nos cerraron los mercados, el drama fue tremendo. Hasta yo me sentía culpable. Ahora, cuando se abren de nuevo todos los mercados, el drama es tremendo. ¿Cómo es posible que en ambos casos el drama sea igualmente tremendo? ¿Tendré también esta vez que sentirme culpable? Pero no, debo ser yo que alucino. La situación debe ser buena, los ganaderos no se quejan porque esta vez están preocupados en salvar la Patria aprovechando la apertura de los benditos mercados. Gracias señores hacendados, gracias por tanto sacrificio, y perdonen la molestia. *
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