EXCEPTO POR LA DICTADURA, LA PRIMERA NOCHE DE LA NOSTALGIA FUE MEJOR

Tiempo de nostalgias

Contrarrestando la patética frase de que todo tiempo pasado fue mejor, los matutinos del 24 de agosto de 1980 coincidían en una advertencia: los militares uruguayos cambiarían el organigrama de retorno a la democracia, si no ganaba el Sí en el plebiscito. Y aunque después no pudieron o no supieron hacerlo, lo cierto es que las noticias de los diarios financiados por la dictadura, los únicos autorizados, eran absolutamente patéticas en materia política.

Pero solamente en eso. Por lo demás, tenemos derecho a tener nostalgias de cuando se hacía la primera Noche de la Nostalgia. Aunque la información que conmocionaba a los uruguayos aquella semana era de otro corte: una avioneta, cuyo piloto se desmayó, dio vueltas alrededor de la torre del Aeropuerto de Carrasco, piloteada por el otro tripulante. A pesar de los esfuerzos, la avioneta cayó en un barrio de INVE, en Camino Carrasco y 17 Metros, falleciendo ambos ocupantes.

El comandante de la Armada, el vicealmirante Márquez («Evitemos el precipicio dando un giro de 360º y avancemos»), ratificaba sus capacidades, acusando de «inútil» a la Cumbre de comandantes en Ecuador («vamos a hablar de temas de fondo como la defensa, y terminamos hablando de los pesqueros, y la ecología esa seudo ciencia que encubre a los comunistas»).

«El gasoducto proveerá de energía a Salto y Paysandú», titulaban los matutinos, algo que el tiempo se encargó de arruinar.

También comenzaba la Rural del Prado, se afinaba «la apertura e integración de Aladi» y La Favorita anunciaba haber vendido la grande: el billete 1.491 había ganado tres millones de nuevos pesos.

Era buen dinero. Casi 300.000 dólares en aquellos tiempos previos a la caída de la «tablita», que mantenía el dólar en 9,26 nuevos pesos a la compra y 9,27 a la venta. Los argentinos en términos cambiarios, «no existían»: cotizaban a 0,00485 y 0,00486 compra y venta respectivamente. Los cruzeiros: 0,149 y 0,150.

La vida si no era más fácil (presos, tortura y muerte, eran pan de todos los días), al menos era más barata. Aunque los reclamos por el precio de las patentes anuales eran sistemáticos, la «guerra» entre municipios aún no se conocía y comprarse un auto usado era bastante accesible. En pesos. Un Chevette del 78 costaba 114.000 nuevos pesos y un Fiat 600 del mismo año, 72.000. A los jóvenes les fascinaban las nuevas «kawas» (motocicletas Kawasaki) de 200 cilindradas recién llegadas de Japón: 37.500 nuevos pesos. ¿Lo último de lo último? El Peugeot 504, importado por Sadar.

Cierto que el último visitante internacional, el célebre teólogo y obispo francés Marcel Lefèbre, había dicho a mitad de semana que «Uruguay y Argentina eran la última esperanza para resistir al comunismo». Pero también las preocupaciones eran más mundanas: Uruguay había empatado sin goles en el Estadio Centenario, ante el aún mediocre seleccionado de Chile.

Las ilusiones eran también otras. Los avisos muestran como últimas novedades relojes Omega, lapiceras Parker, planchas de vapor General Electric y televisores, obvio que blanco y negro, en 15 cuotas de 653 nuevos pesos. La industria nacional presentaba lo último: piletas «de acero espejo» marca Tem; la expresión nunca se popularizó: les llamamos aún hoy piletas «de acero inoxidable».

También «industria nacional», eran los conejos de Proinco, que se fundió y con ella millones de dólares estatales. Más todavía, a «página entera» el Banco República anunciaba la inaguración de una sucursal… en Asunción del Paraguay.

A propósito: de las pocas quejas autorizadas de la época, aparecen denuncias contra el aumento de la carne «desproporcionado entre lo exportable que se justifica y los cortes populares sin razón alguna». Como si fuera ayer.

La noche en cuestión

Por mucho que se busque la Noche de la Nostalgia carecía de una promoción masiva como hoy la concebimos. Es más, la idea parece haber tenido competidores que publicitaban, aunque su impulso se perdió. Así se anunciaba en la sede de AEBU la final del concurso «Disc Jockey Oriental» cuyo premio era viajar a Nueva York. También Juca Sheppard y Julio Frade anunciaban en el Teatro del Notariado un espectáculo: «Según pasan los años…»

Curiosamente el 24 de agosto de 1980 generó también un fin de semana «largo».

El Diario de la noche presentaba una lista de bailes terribles para la burguesía de la época (Casa de Galicia, Sud América, Colón, Rowing Club, Coben, etc.) donde la nostalgia no se concebía. Sonora Cienfuegos, Maracaibo, Borinquen, Cotopaxi, eran las sonoras más famosas de esos clubes donde lo «retro» no avanzaba.

Y aunque bailar se bailaba (aunque mucho más juntos que ahora), lo cierto era que el cine vivía su último esplendor, al menos para las salas céntricas montevideanas. Es que detrás de las nuevas películas se veía claramente un mundo bastante menos atenazado que sufrido en estas tierras. «Asignatura pendiente»; «Desde el Jardín»; «La Jaula de las Locas»; «Tess», competían en taquilla con un espectro que iba desde Olmedo y Porcel («Los caballeros de la cama redonda»), a Norman Jewison («Rollerball»), autor de otra cinta antes censurada en Uruguay: «Jesucristo Superstar». Sin olvidar a Bo Derek, que alucinaba al planeta convertida en «10 La mujer perfecta». Nombres como «Radio City»; «ABC»; «Luxor»; «Cordón»; «Ambassador»; «Punta Gorda»; eran las salas de exhibición, hoy, historia. El teatro sobrevivía y los argentinos facturaban de este lado del Plata: el cómico Verdaguer, en el cine Eliseo, cobraba 77 pesos la platea. El dúo Brandoni-Luppi, llenaba el Stella D´Italia con la obra «Convivencia»; platea N$ 88; galerías N$ 50. A propósito, inmortal, se anunciaba a Cacho Bochinche, en el Eliseo.

Otras reliquias de cuando se «estrenaba» la nostalgia, son aquellas maravillas que ayudaban a bailar en casa, si no se podía salir: los tocadiscos («Lo último en sonido. Tocadiscos inglés BSR: 830 nuevos pesos, IVA incluido»), demostrando que la tragedia del IVA casi no tiene edad ni nostalgia. Algunas ofertas había para ese fin de semana largo: 3 días en las Termas: 332 nuevos pesos; 3 días en Rivera: 290 nuevos pesos. Y para salir en aquella primera noche, aunque ciertamente las galerías céntricas eran las que proveían de ropa «porteña», lo último de la moda, contrabando más contrabando menos, las ofertas de aquel fin de semana suplían lo inalcanzable: las anunciaba Casa Soler, en página completa.

La moda imponía camisas de jean (N$ 69); para ellas, polleras escocesas (N$ 265); Montgomerys (N$ 450) y buzos de cashmere (N$ 225), para ambos. Mocasines para ellos (N$ 250) y «paolitas» para ellas (N$ 84,90).

El precio de las salidas de aquella noche oscilaba en los cien nuevos pesos, aunque se podía comprar una cerveza Pilsen antes de salir (N$ 6,40, oferta Manzanares). Incluso un whisky nacional King´s Archer 99,85 nuevos pesos. La Coca de 1 litro valía 5,80.

Y acá estamos…

Alcanzando ya a tener nostalgias de cuando empezaron las noches de la nostalgia. Una nostalgia «al cuadrado», cuya potencialidad seguramente esté aumentada por la falta de perspectivas de futuro. En 1980, la gente creía que algún día iba a sacudirse los militares de encima. Y a los políticos que los ayudaban también. A algunos podrá parecerles que cinco años más fueron demasiado; otros creíamos que iba a llevar más. Lo que nadie sabía era que nos sacudiríamos a los militares, a medias, pero deberíamos de seguir teniendo a muchos de aquellos políticos sangrando por veinte años más del tarro público. Más allá de todo, lo cierto era que había la expectativa, la esperanza, de algo mejor. Algo que llegó en absoluto parecid
o a nada que conociéramos, pero en realidad mejor a lo que había sido en ese último período.

Ahora, la nostalgia es de «la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser», como enseñaba la tanguera nostalgia, anterior a la primigenia noche de evocación. El siglo XX que se llevó adolescencias, desembocándolas en estas incipientes, precoces, vejeces lacrimógenas.

A la Noche de la Nostalgia había que rebautizarla como la «nostalgia de la noche», la nostalgia de un tiempo perdido, y por fuerza de la circunstancia, del entorno, del mundo, de lo que quiera el lector, un tiempo que no vuelve atrás. *

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