Diálogo temporal
-Buenos días, ¿aquí es donde manejan el tiempo?
-¿Usted quiere decir si tengo hora?
-Si tiene hora también debe tener minutos, ¿a cuánto me deja la docena?
-Tendría que ver a cuánto se está cotizando un lapso.
-¿Y no podría hacerme precio y cobrármelos como si fuera «un ratito»?
-Puede ser. Pero usted debe decirme qué clase de tiempo quiere.
-Perdón, ¿usted me está hablando del nuevo ministro de Economía?
-¡Por fin se dio cuenta! Es de lo que estoy hablando desde el principio.
-Ya me parecía. Bueno, yo vengo por lo del tiempo porque ya vio lo que dijo el presidente: que se había terminado el tiempo político y empezaba el tiempo técnico.
-Es verdad. ¿Y sabe una cosa? No entiendo muy bien lo que quiso decir, pero por si acaso me compré un suspensor reforzado.
-Sabe que a mi me pasa lo mismo. Pero yo me compré una bombachita de lata.
-Que no se entere Cotugno porque lo interna en la Isla de Flores.
-No mezclemos las cuestiones. Atchugarry representó el «tiempo político» que en este caso parecería ser que es un tiempo macanudo, simpático y comunicativo.
-Sí, pero en ese tiempo político aumentaron las tarifas, se firmaron nuevos compromisos con el Fondo, la deuda externa aumentó una troja de millones de dólares, también aumentó el combustible y los impuestos, no hubo guita para la Universidad ni para el Hospital de Clínicas ni para la gente de la salud, ni para la gente del campo, ni para los jubilados, ni…
-Bueno…pare.
Si seguimos su línea de pensamiento nos caemos de la página. ¿Adónde quiere llegar?
-Que si esto sucedió en un «tiempo político», andá aprontándote para «el tiempo técnico». Es decir: frío, poco sociable (y menos social) y matemáticamente implacable.
– ¿De lata le dije? Ya mismo me la cambio por una de acero galvanizado. *
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