Tiene la palabra

Los vaivenes de nuestro idioma

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Como no suelo dirigirme a ese medio de prensa cada vez que encuentro en él material de lectura más que rescatable, me apresuro a enumerar algunas a título de ejemplo, sin ánimo de agotar la lista ni de sentar preferencias: la columna y la página semanal de Juceca, los artículos de Niko Schvarz, las columnas del doctor Di Candia y del edil Weiss y las de su colega Ferro, entre otras de la misma sección, el pliego semanal Bitácora, de ascendente interés, la calidad y la ejemplar capacidad de nadar contra la corriente que caracterizan las críticas de Jorge Arias (con todos quienes sin embargo no tengo por qué estar siempre de acuerdo, ni falta que hace; con algunos puedo no tener el honor nunca, pero eso, por ahora, no habla en contra de la publicación, al contrario).

De ese conjunto de atractivos, me interesa destacar especialmente la sección «La lengua no es de trapo» atribuida a Juan Mendieta (¿Juan Mendieta? si no me equivoco, es también responsable de una página muy plausible de humor-política que aparece los sábados). De aquella Sección, me permito decir que la encuentro en general muy atinada, escrita con la debida claridad y liviandad y que nos permite desasnarnos y más que eso reflexionar sobre un artículo de tanta primera necesidad como es –por decirlo de alguna manera– el lenguaje que cultivamos y del que nos servimos a toda hora.

Esa impresión general aprobatoria admite, a veces, pocas veces, divergencias de menor cuantía, que en mi carácter de usuario de ese bien soberanamente público me concedo. De cuando en cuando, el autor incurre, a mi modestísimo entender, en gestos de veneración dirigidos hacia el Diccionario de la Real Academia no siempre justificados por el objeto-sujeto al que se dedican. Y fuera de que la frecuentación de esos ejemplares puede resultar una de las contingencias más deleitosas y provechosas que pueda experimentar un lector a lo largo de su vida como tal.

Pero en la edición del 13 de agosto, por ejemplo, se anatemiza a quien usa, en lugar del gentilicio «brasileño», el vocablo «brasilero». Pues bien: en la edición 1992 de ese volumen, aparece, encabezando la página 227, la voz «brasilero, ra. Adj. brasileño» a continuación de «brasileño», que a su vez cierra la página anterior. Recuerdo los esfuerzos que nuestras maestras normalistas de la década del 40 desplegaban para inducirnos a nombrar exclusivamente como brasileños a nuestros vecinos, amigos, condiscípulos, parientes, compañeros de taller (antes la corriente migratoria fluía hacia aquí, ¡et pour cause! que conocíamos como brasileros y así los llamábamos (ellos mismos incluidos). ¡Sorpresa!

Ignoro desde qué edición de su diccionario la Real Academia admite que se diga indistintamente brasileño o brasilero. Lo descubrí por accidente en la edición de 1992, como dije, y supongo que así se habrá mantenido en la más reciente (mis ahorros no me dan luz verde todavía para confirmarlo). Si mi comprobación tiene vigencia, me permitiría, con todas las excusas, diagnosticarle al más que respetado autor de la sección una suerte de exceso de confianza en las prescripciones y proscripciones de aquella señora. Como, por la frecuentación de sus notas, he podido anotar una visible inclinación por el tango, sustentada aunque más no sea por un moderado conocimiento del género, me permitiré recordarle, entre muchísimos otros ejemplos, las advertencias de Siga el corso o Carnaval (siempre García Jiménez; ¿casualidad?): cuidado con estas «pizpiretas damas de organdí», que profieren fáciles juramentos y promesas de fidelidad, propensos a evaporarse con los rayos matinales de la próxima edición, sin dar ni antes ni después más explicaciones satisfactorias que la autoridad o el paladar del que decide.

Fruto de ese autoritarismo y de esa «inconstancia loca» queda el tendal de prohibiciones y de incorporaciones que en general, al cabo de un tiempo a menudo corto, dejan (nos dejan) en ridículo a quienes sacamos, en algún momento de «torpe desvarío», la cara por ellas. No hace mucho, desapercibido, control, tráfico (en el sentido de la circulación de vehículos), álgido (en el «sentido natural y obvio, según el uso general», como decía el redactor del Código Civil), climax, etc., etc., eran sinónimos de ignorancia, galicismo indigesto, novelería, anglicismo vituperable y/o síntoma irredimible de mal gusto, válganos el Señor. Hoy pertenecen a la «jai».

Como en las esquinas de las que un buen día desaparece el cartel de «Pare», pero en las que, mientras tanto, fuimos profusamente multados, creo que todas esas preceptivas deben ser relativizadas.

Conclusiones: 1) No estoy llamando a la desobediencia de las señales de tránsito. 2) Me parece bien, no sólo bien, imprescindible, que el idioma cambie y se adapte a las novedades del mundo y de la vida. 3) Pero recordemos que en estos territorios. En el principio era el pueblo: el pueblo que siempre dijo: «brasilero» y no se enteró de que sólo estaba incurriendo en una variante admitida a regañadientes, pero finalmente no, el pueblo que usa sus instrumentos y sus herramientas y las inventa, también en este ámbito. 4) Coincidamos en que no vale la pena ofrendar la vida por los compromisos asumidos, fuera de eso, por las más exquisitas «damas de organdí», que irrumpen con el mantón de Manila de lo que al fin y al cabo no pasa de gratuitas tropelías. A veces. 5) ¡Atenti, pebetas y pebetes!

Atentamente,

URSO SARTORE – CI: 816.350-5

 

Pedido de ayuda: se necesitan lentes especiales

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Fui operada de úlcera de córnea en el Hospital Pasteur donde la atención del personal y cuerpo médico fue excelente.

Tuve la mala suerte de contraer una infección en un ojo, luego de la intervención quirúrgica, que me provocó la pérdida de visión. Mi otro ojo fue recuperado aunque igual tengo problemas para ver.

Necesitaría si alguna persona o alguna óptica puede ayudarme a conseguir un par de lentes de contacto de gas permeable. Para el ojo derecho con + 17 y para el ojo izquierdo + 6,5.

Mi situación económica no permite acceder a ese tipo de lentes. Si alguien puede ayudarme, yo vivo en Acevedo Díaz 2297 B esquina Amézaga.

El teléfono de un vecino para ubicarme es 209 6830 (Familia Da Silva).

Desde ya muchas gracias a todos.

Mi nombre es:

GLORIA ANZUATTE BOYE – CI: 2.942.422-1

 

El país no es sólo suyo senador Millor

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Quisiera opinar sobre el derecho a voto de quienes no estamos radicados en el Uruguay.

Me fui del país por razones económicas con la meta de regresar lo más pronto posible. Trato de estar informado de todo lo que sucede debido a que todos o casi todos tenemos nuestra familia en el país y muchos, la mayoría envían dinero para sus familiares aportando de esta manera al ingreso de capital desde el exterior.

Somos muchos quienes estamos fuera del país y luchamos por mejorar nuestro nivel de vida y el de nuestros familiares.

Entonces me pregunto cómo es posible que no podamos ejercer el derecho al voto, ya que no sólo decidimos el destino de los que están dentro del país, sino también de los que no están propiciando desde nuestro voto la oportunidad para tratar de cambiar las cosas que nos forzaron a irnos.

Porque ese pedacito d
e tierra es también nuestro país, senador Pablo Millor, no solamente suyo como hace referencia en la nota publicada por LA REPUBLICA. Quienes estamos en el extranjero sabemos que de tener en el Uruguay las mismas oportunidades laborales y económicas que existen en los países que usted nombra no lo dudaríamos ni un segundo en regresar.

Con respecto a las declaraciones del señor Sebastián Da Silva quiero hacerle saber mi opinión. Nos da derecho sí, pero también la obligación de velar por el bienestar económico de los familiares que están en el país, póngase a pensar cuántas familias tienen como ingreso principal lo que les envían desde el exterior y si quiere no pensarlo le puedo dar los nombres de una decena de casos que conozco.

Si en realidad quieren impedir la fuga de cerebros hagan algo porque la gente está cansada de escuchar cada vez que se acercan las elecciones las propuestas maravillosas de los partidos tradicionales y en todos los casos las soluciones son como metas de largo plazo siempre mirando más adelante.

Le cuento que yo soy de Melo y en el período comprendido entre enero de 2002 y marzo del 2003 se han ido de Melo más de 100 jóvenes que yo conozco, esos son los que yo conozco y que se han venido para la zona donde estoy yo.

No quiero imaginar para otros lados: por eso le pregunto señor Da Silva, ¿dónde están los cambios? ¿Cuánto más hay que esperar?

Tal vez el Encuentro Progresista no tenga las soluciones, no lo sabremos hasta que sea gobierno, pero es la única opción que nos queda a todos los que ya nos cansamos de esperar los cambios que los partidos tradicionales nos prometieron hace ya 20 años.

Y, me pregunto si quienes optamos por ayudar desde fuera del país, no merecemos al menos la oportunidad de decir quiénes serán los que gobernarán por los próximos cinco años a nuestras familias y a nosotros al regresar.

Lo saluda atentamente,

LUIS MARIANO SARTORIO – CI: 3.267.097-0

 

Roberto Gomensoro murió a los 24 años por pensar diferente

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Mi nombre es Laura Gomensoro Rolán. En el día de hoy, hemos sepultado a mi tío. Te preguntarás qué tiene que ver esto con el diario.

Mi tío: Roberto Julio Gomensoro Josman, murió el 13 de marzo de 1973. Fue detenido en su domicilio el 12 de marzo de 1973 y nosotros nunca más supimos qué fue lo que pasó.

29 años después, a raíz de las investigaciones de la Comisión para la Paz, que se basó en documentación que fueron dando los familiares de desaparecidos, nos enteramos que sus restos estaban en el departamento de Tacuarembó.

Tito (así lo llamábamos) murió torturado por los militares y su cuerpo apareció como NN el 18 de marzo de 1973 en Tacuarembó.

Desde esa época, un médico forense (quien le realizó la autopsia en su momento) tenía su cráneo en el consultorio.

La Ley de Caducidad estableció a nivel nacional e internacional, que no hubo desaparecidos antes del golpe de Estado del 27 de junio de 1973.

Como dije anteriormente, mi tío murió al día siguiente de su secuestro. ¿Cómo debería tomar la Justicia este caso?

Tío murió por lo que pensaba, y porque sus ideas eran diferentes a personas que creían que tenían la verdad absoluta. Murió, como muchos uruguayos, por querer un país diferente, mejor, más solidario. Tenía 24 años y toda una vida por delante.

Te cuento esto porque no creo que las heridas que muchos de nosotros llevamos se curen nunca, ni siquiera cuando tenemos después de 30 años, un lugar donde visitar a Tito.

Creo que sólo se curarían en parte, cuando los responsables de tantas muertes, de tanto dolor, respondan y paguen por su actos.

No creo en Dios, creo en las ideas, en la tolerancia de esa diversidad, y quisiera seguir creyendo en que aquellos que se aparten del camino de la verdad, haciendo uso de un poder de turno, puedan ser juzgados por sus actos, su demencia y su no responsabilidad.

Mi abuela nunca va a tener paz, ni siquiera si alguna vez se sabe y se condena a quien mató a su hijo, porque su hijo ya no está. Mi padre y mi tía tampoco la tendrán…

El Uruguay no mejorará hasta tanto tanta impunidad no sea eliminada.

Un país sin memoria o con amnesia en determinados temas, está condenado a repetir los mismos errores.

Quisiera por último agradecerle a Ud. por haber sido LA REPUBLICA el único medio de prensa escrita que se animó a publicar en primera plana, todos los detalles del caso, dando nombres y apellidos, y recordando que todos los uruguayos somos responsables de no perder nuestra memoria, es lo menos que podemos hacer por nuestros muertos.

Gracias desde ya por tu tiempo, en mi nombre y en el de mi familia.

LAURA GOMENSORO ROLAN – C.I. 1.758.711-0

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje