Cómo diplomarse sin agotarse en el intento
El mayor de los portales para obtener diplomas profesionales, está en el segundo lugar entre los sitios más visitados de la web, en contactos desde los Estados Unidos. Así lo asegura el último reporte de la «topsite lists», en la red norteamericana. Un logro destacado, en tanto los «buscadores», registran más de 68 sitios, desde dónde participar en este sistema, cuyo respaldo secreto, amenaza «contaminar» fuentes de trabajo de nivel.
La segunda página web con mayor convocatoria en el norte, InstantDegrees.com, asegura desde la primera frase de bienvenida, que existen «métodos alternativos» para alcanzar «grados y títulos» profesionales. En la segunda frase asegura que esta empresa, «es la forma más rápida de obtener un título 100 por ciento legal».
Asegurando, faltaría más, éxitos vertiginosos, los grados desde bachiller, al doctorado, e incluso el profesorado, son alcanzables «en días y sin trabajo de cursos».
Ello permitirá según la empresa «energizar su empleabilidad y prestigio». Algo que ciertamente con título de por medio nadie debería dudar, salvo enterándose del tiempo que insumió la carrera del graduado.
Enfatizan que no existen requisitos de admisión alguna. El timo parecería hasta burdo al lector, si no fuera por una de las condiciones que maneja la distribuidora de doctorados: la empresa asegura que las universidades y colegios que emiten los diplomas, son reconocidos en Estados Unidos. Y que han asumido un compromiso de silencio absoluto a quienes pidan informe sobre tal o cual diploma, remitiendo al consultante a una empresa de información base. Allí, están «disponibles a chequeos y controles de empresas u otros, 24 horas del día todo el año». Garantizan asimismo que la solidez de respuesta del servicio, impide a los consultantes averiguar la realidad documental en cuestión.
De lo cierto a lo legal
Destaca ciertamente que entre los puntos fuertes de la oferta esté «la legalidad de nuestros títulos». Más aún afirman «exigir la operatividad legal absoluta de cada institución para la que actuamos como agentes».
Acerca de las posibilidades que un contratante potencial del diplomado, pueda descubrir la falta de estudios curriculares, el servicio compromete que «ninguna de las universidades o colegios con los que trabajan revela a nadie, ni la alternativa para escolaridad en cuestión, ni tan siquiera que prestan servicio para la firma intermediaria».
Este último aspecto es el que está generando fisuras en la seguridad del sistema, aprecian los entendidos: aseguran que en breve no serán pocas las escuelas y universidades norteamericanas que deberán salir a salvar su prestigio.
Finalmente recuerdan que la calidad del diploma, está garantizada por la conformidad del cliente, en tanto el servicio asegura, no pagar a la institución emisora el diploma, hasta que el graduado dé su conformidad por el servicio.
Por supuesto que el sitio internáutico permite una visita más exhaustiva y un camino absolutamente sencillo para recibir «el diploma en cinco días». Algo a lo que se podrá acceder mediante el pago de entre 110 dólares (bachiller), 135 (Master), 160 (doctorado), y 210 dólares (profesorado).
Adjuntan al sitio, testimonios de sonrientes señores, modernos Charles Atlas «alfeñiques de 44 quilos», convertidos en titanes intelectuales de nuestro tiempo. Obviamente aseguran éxitos glamorosos. Entre ellos, llama la atención la actitud de un novel «doctor» británico: afirma haber obligado a las autoridades a incluir el título en su pasaporte («con lo cual he tenido trato preferencial en aviones y fronteras», dicen que afirma Andrew Kelly PH.D., es decir, doctor en filosofía).
Curiosidad final
Cualquier consulta a la Universidad de la República acerca de la eventual posibilidad de que un título de esta clase quisiera ser revalidado en nuestro país, choca ciertamente contra un marco de estupor. «La Universidad tiene una estructura e impone condiciones tales que resulta imposible esa posibilidad», es el mejor de los comentarios obtenidos.
Al cronista le asalta una curiosidad final, en referencia a la diversidad de disciplinas en que se otorgan títulos. Al lego bien podría parecerle sencillo acceder en forma instantánea a algunos títulos («experto en relaciones públicas»; «analista de proyectos»; «perito en relaciones interpersonales», «astrólogo»), tal vez ante la aparente generalidad de dichas áreas.
Resulta un poco más complejo concebir cómo arreglárselas con otros títulos («técnico tintorero»; «teólogo»; e incluso «literato»).
Ahora bien, ¿cómo justificar diplomas en especialidades como «oceanógrafo», «entomólogo», o «astrofísico», obtenibles con sólo un click en la computadora hogareña?
Conseguir diplomas como «experto en temas africanos», bien podría disimularse, al menos aparentemente. ¿Cómo explicarle a alguien que uno es diplomado en «química», sin causar una catástrofe? Después de todo, el diploma de «experto en cantonés» podría disimularse ante los ignorantes del mundo chino, ¿pero es posible hacer otro tanto con el «doctorado en ciencias militares»? El cronista advierte con cierta alarma la posibilidad de acceder al diploma automático de «doctor en periodismo», pero mira también con ironía el diploma de «profesor en política».
A propósito, ninguna de las graduaciones disponibles alcanza a las ciencias médicas convencionales, ni a sus ramificaciones. *
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