Seguimos colaborando
Yo no soy un cientista social (te juro que los hay), ni un ecólogo social (ídem), no soy sociólogo y muchos días ni siquiera soy muy sociable. No soy politólogo, ni podólogo, ni análogo, ni alcanzo a ser uno de esos ignorólogos que son presentados en los medios de difusión como todólogos. No soy economista, ni ecónomo, ni escuálido, ni pálido, ni estólido y muchas noches ni siquiera he podido mantenerme sólido. No soy un analista, ni soy una fuente debidamente autorizada, (mucho menos soy un ángel de esos que se mean en las fuentes), ni por asomo llego a ser un-protagonista-privilegiado-de-los-hechos-acaecidos-recientemente, y no estoy entre los que Davrieux considera «que deben saber las cosas». Yo no soy un integrante de la Comisión Reguladora Que Regula Regularmente Los Hechos Regulares, no decido ni la lista de compras de la semana, ni obra en mi poder ningún contrato de obra y, aunque me pese, no estuve en aquella reunión de Bush, los Röhm, Batlle, Lacalle… es más, yo no tengo ningún secreto bancario para nadie y mucho menos para mi mujer que nunca me lo permitiría. Yo no soy una persona que tenga doble discurso porque apenas si logro armar uno muy de vez en cuando y eso si es en una despedida de soltero y estoy medio mamado.
Yo no tengo amigos íntimos en el gobierno que me puedan dar informaciones privilegiadas ni logro repetir lo que dijo Sanguinetti antes de que lo haga Abdala, Hierro, Pais o Fau.
Yo no tengo una opinión clara y objetiva de las cosas, no me comporto con mesura ni actúo con cautela cuando se trata de confrontar opiniones.
Yo no soy el más indicado para opinar sobre la política económica o sobre las distintas formas de reactivación pero, a pesar de todo, yo quisiera decir que me da la impresión que si seguimos así nos vamos todos a la mierda. *
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