El presente y el futuro
La confianza en que mejorarán las cosas no son muy alentadoras. Eso se palpa en la calle, en las conversaciones cotidianas de los uruguayos. No hay confianza ni en lo que hace el gobierno y su ex socio, el Partido Nacional, ni en la oposición, llámese ésta Encuentro Progresista, Frente Amplio, Nueva Mayoría o el propio PIT-CNT.
El uruguayo, ya de por sí pesimista, ha perdido el poco entusiasmo que tenía. La caída de la confianza se ha venido dando un día sí y otro también desde por lo menos el año 1999, cuando, en plena campaña electoral para las elecciones internas y las nacionales luego, el gobierno de la época no tomó los debidos recaudos tras la devaluación brasileña del 13 de enero. En ese momento se dijo que Uruguay estaba firme como una roca, que no iba a haber problemas. La verdad de la milanesa es que no estábamos fuertes como una roca, sino más bien débiles como un flan, pero eso no se podía decir porque como se estaba en campaña electoral no era momento de llevar adelante medidas que podían ser por un lado antipáticas y por otro poco beneficiosas electoralmente.
Una vez más se optó por el camino de tapar la realidad con discursos optimistas pero vacíos de contenido y, además, primó por sobre todas las cosas la desconfianza y no se quiso dar a conocer el verdadero estado de la nación.
Se mintió sobre la verdadera situación de las finanzas públicas, sobre el déficit fiscal, etc. Pero como las mentiras tienen patas cortas, a poco de asumir el nuevo gobierno, es decir el actual de Jorge Batlle, el equipo económico se encontró con la dura realidad interna de las finanzas públicas a lo que se sumó una complicada realidad regional que llevó a que la situación del país se tornara insostenible. La historia de lo que ha ocurrido en Uruguay desde el año 2000 a la fecha es bien conocida y, más que conocida, padecida por los uruguayos que han visto cómo han caído sus ingresos reales, cómo se ha desplomado el mercado laboral y cómo miles de compatriotas han dejado el país en busca de nuevos horizontes.
La tragedia del país es tal que deberán pasar varios años como para que los uruguayos, los que quedamos, volvamos, si es posible ello, a vivir con los niveles de hace cinco o seis años atrás, todo ello aunque hoy se esté debatiendo si hay o no reactivación.
¿Pero, hay o no hay reactivación? Sí, es cierto, hay reactivación, una tímida reactivación. Los números no mienten: si hay una mayor recaudación por concepto de IVA quiere decir que la gente consume más y si consume más es porque tiene dinero. Ahora, sin embargo, habría que analizar quiénes son los agraciados por esta reactivación, porque es evidente que no es algo masivo cuando sigue habiendo un porcentaje importante, casi histórico, de uruguayos con problemas laborales de todo tipo, además de que es inocultable la realidad de que hay mayor pobreza.
En este marco, aparte de procurar solucionar la situación de los miles de uruguayos que la están pasando realmente mal, habría que explorar también si este camino del crecimiento se hace más consistente y no son sólo fuegos de artificio la reactivación en la actitud de la gente, logrando, claro está que con hechos, que haya un «mejor ambiente».
En Argentina, un habitual espejo de nuestra realidad, en el último año cambiaron las expectativas de la población. Durante el terrible año 2002 los argentinos tocaron fondo en sus expectativas y confianza sobre el futuro. Se transformó en el país más pesimista de América Latina, casi imbatible.
Sin embargo, hoy los argentinos dieron vuelta la pisada y ya un gran porcentaje estima que el futuro puede ser mejor.
¿Qué ha cambiado desde el año pasado hasta ahora para que los argentinos dieran vuelta así sus expectativas?
Sin dudas que ha sido el clima que ha generado el nuevo gobierno de Néstor Kirchner. Hoy en Argentina se respira otro aire, menos opresivo, más limpio, lo que hace que la gente también cambie su humor. Porque de hecho la situación económica no ha cambiado tanto como para dar vuelta sus expectativas tan radicalmente. Persisten los problemas económicos, la falta de trabajo y la inseguridad campean.
Pero principio requieren las cosas y ya el gobierno de Kirchner bajo el influjo del cheque en blanco que generalmente se le otorga a los gobiernos en los primeros meses de gestión, ha logrado ganar esa batalla, que no es la guerra, pero que es algo.
¿Puede ocurrir algo parecido acá en Uruguay? Difícil. Si de cheques en blanco se trata, el gobierno de Batlle los tuvo con creces, más que ningún otro en la historia, pero los dilapidó, los dejó escurrir como agua por las manos.
Hoy es difícil remontar ese camino y, además, queda poco tiempo y encima hay de por medio un referéndum sobre la asociación de Ancap con privados que a pesar de lo que digan los operadores del gobierno va a ser un calificado preliminar de las próximas elecciones nacionales. De todos modos, la responsabilidad de lograr darle a la gente una esperanza, aunque hoy no fuera más que eso, para que cambien sus expectativas ya sean personales y societarias no está únicamente en las acciones de gobierno sino y fundamentalmente en quienes hoy no lo son y tienen a su vez expectativas de serlo en el futuro. *
(*) Secretario de Redacción de LA REPUBLICA.
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