URUGUAYOS DE CLASE MEDIA Y ALTA EMPEÑAN SUS ALHAJAS EN EL BANCO REPUBLICA

Las joyas de la abuela

Doce y treinta y cinco del mediodía. En la planta baja de la sucursal del Banco República, ubicada en Uruguay y Julio Herrera y Obes, un grupo de personas aguardan para acceder al primer piso donde se encuentra el departamento de Préstamos Pignoraticios.

Minutos antes de las 13.00 horas, uno de los funcionarios bancarios se acerca al grupo. «Hagan la cola. Por orden de llegada eh!». Trece horas en punto, las diecisiete personas comienzan a subir la escalera que los conducirá al primer piso.

Ya en el recinto, luego de sacar número, serán atendidos por los empleados bancarios encargados de cotizar las joyas que llevan a empeñar. Promedialmente, esta repartición del Banco atiende a un centenar de personas que, ante la falta de efectivo, se ven obligados a desprenderse, generalmente en forma momentánea, de sus joyas o las que heredaron de sus familias.

Hace casi una década atrás, el empeño abarcaba, amén de alhajas, todo tipo de electrodomésticos y artefactos eléctricos como instrumentos musicales. Las autoridades de la entidad bancaria decidieron acotar el empeño a joyas de valor, básicamente las confeccionadas en oro y plata.

El sistema para empeñar los preciados objetos es el siguiente. El tasador evalúa las alhajas y si el propietario está de acuerdo se labra un documento con la fecha de depósito. A partir de ese momento, previo pago de la tasación, la persona dispondrá de tres meses para el rescate de lo empeñado. Para ello deberá abonar íntegramente el dinero recibido más una tasa de interés del 68%.

El mismo día que expira el período de noventa días, se podrá solicitar una prórroga de manera de no perder lo empeñado.

Para esto, se debe abonar al momento el interés y automáticamente la prórroga se extiende por otros tres meses. El Banco República acepta hasta cuatro prórrogas, es decir un máximo de quince meses. Cumplida la extensión se deberá abonar lo recibido por concepto de tasación, más el interés ya referido.

En caso contrario, el dueño de las alhajas las pierde indefectiblemente. Todo el material que no es rescatado a tiempo va a remate público. Los remates se realizan una vez al mes.

 

Valor afectivo

Pese al hermetismo de la entidad bancaria sobre qué joyas y en qué cantidad, así como el valor total de las mismas que ingresan por mes al edificio, LA REPUBLICA recogió los testimonios de dos personas que ayer habían concurrido a empeñar un par de anillos, tres cadenas de oro y una gargantilla.

Un mujer entrada en años, que prefirió mantenerse en el anonimato, confesó a este matutino que no era la primera vez que iba al primer piso del BROU.

«En mi caso es la tercera vez que vengo a empeñar los anillos y la gargantilla. Eran de mi madre. Como la situación está, brava, a veces tengo que apelar a esto para poder pagar las cuentas. Hasta ahora siempre pude rescatarlas porque tienen un valor afectivo muy grande para mí», explicó la mujer.

Un hombre que fue a dejar en depósito cadenitas de oro señaló que era la primera vez que recurría a este sistema y que esperaba que el valor de la tasación le alcanzara para poder abonar la factura de la luz y darle un respiro hasta el próximo cobro de sueldo.

«La voy a tener que ir llevando así. El dinero no me alcanza para hacer frente a los gastos de la casa», afirmó el hombre.

La versión de la mujer entrevistada coincide con la información proporcionada por un funcionario del banco que también pidió no ser indentificado. El empleado confió que, si bien no se ha producido un aumento sustancial en la demanda, el perfil de personas que se acercan en busca de un préstamo pignoraticio ha cambiado sustancialmente a partir de dos años a la fecha.

«Se nota un cambio sustancial entre la gente que venía y la que viene. Antes, cuando se podían empeñar electrodomésticos, la gente que concurría era de bajos recursos. La situación ha cambiado. Ahora ves, por como están vestidos por ejemplo, que es gente de clase media y clase alta. Lo que pauta que la crisis está en todos lados», manifestó el empleado.

Consultado sobre si son muchas las joyas que no pueden ser rescatadas y van a remate público, señaló que un alto porcentaje de ellas vuelven a sus propietarios.

«Generalmente son recuerdos de familia, por lo que el valor afectivo es muy grande. La gente trata de rescatarlas. Claro que en algunos, por la situación económica, se les hace imposible», concluyó el empleado. *

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