Habrá medio millón de mayores de 65 años antes de lo previsto
De atenernos a las cifras y proyecciones existentes en la materia, los uruguayos tendremos un futuro espantoso… o, demográficamente al menos, curiosamente interesante.
Antes de analizar algunos números de las proyecciones estadísticas en Uruguay, que nos sindican como los más viejos del continente o a punto de serlo, cabe apreciar, algún aspecto positivo del tema.
Sin duda que será una población más experimentada, que no necesariamente más sabia. Debería de ser asimismo una población más pacífica, solidaria, tolerante y paciente, acorde a los atributos que tradicionalmente se asignan a la «edad dorada». Estos actualmente profusos estereotipos, no obstante, son mera publicidad, y ninguna de las premisas para «ancianos felices» comercialmente reconocidas parece próxima, en estas tierras al menos. Ahora, si la ancianidad trae sabiduría, bienvenida sea: la habremos de necesitar, y mucha, para sobrevivir en los tiempos que se avecinan.
Uruguay vivió de forma particular el cambio demográfico más importante e inesperado en la historia humana: el del siglo XX.
El prolongamiento de la vida a casi el doble de lo conocido cien años atrás generó fenómenos sociológicos, sanitarios, económicos y éticos. Nosotros lo hicimos con características específicas, sumamente diferenciadas, que auguran a cada uruguayo mayor longevidad que en casi todo el resto del continente, pero en absoluto la calidad de vida necesaria para disfrutar, dignamente al menos, de ese período.
Los adultos mayores uruguayos contemporáneos son absolutamente pioneros de una situación desconocida antes en nuestra sociedad: en 1908, los hombres mayores de 65 años eran el 2,50% por ciento de la población uruguaya, y las mujeres el 3%. Para 1996, el 14,6% de las mujeres uruguayas superaba los 65 años, al igual que el 10,8% de los hombres.
Según proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, durante el año 2000, la cantidad de mayores de 65 años cruzó en algún momento la frontera de las 400.000 personas. Para el año 2010, proyectábamos tener 430.264 personas mayores de 65 años en Uruguay. Pero el fenómeno se aceleró.
Ancianos «de ciudad»
La décima parte de los mayores de 65 años en el Uruguay vive en áreas rurales. Esta relación, uno cada diez, los convierte en el grupo etario con distribución campo-ciudad más polarizada. A ello tal vez se deba la impresión de que las ciudades uruguayas están vacías de jóvenes.
Las expectativas de vida a edades superiores aparecen en Uruguay como superiores a las de los demás países. Pero las expectativas de autosuficiencia aparecen en mucho peores condiciones a las que ofrecen los países con similar expectativa de longevidad. Son los cubanos, los estadounidenses y los canadienses quienes aparecen junto a los uruguayos como las poblaciones de mayor edad en su conjunto en América.
No obstante, cualquiera de esos países tiene mayor cantidad de ancianos viviendo solos que nosotros: en Uruguay, el 27% son hogares unipersonales. El 40% de los mayores de 65 años vive en hogares «nucleares en los que los demás ocupantes son familiares directos del adulto mayor». Actualmente, se considera que esa cifra ha decaído significativamente, habiendo aumentado el 73% de quienes se encontraban «en hogares extendidos o compuestos». Solamente el 8% de los adultos mayores de esta edad de todo el país vive en áreas rurales, cifra en retroceso. Se considera también que ha empeorado la ecuación de que uno cada tres adultos mayores no está en condiciones de asumir el desempeño normal del hogar.
La población que más crece
En un país con apenas algo más de tres millones de habitantes, con una tasa de nacimientos que apenas supera la de fallecidos, la emigración de 50.000 personas al año cambia cualquier proyección.
La emigración es absolutamente de estratos jóvenes y medios de la población, siendo entre los mayores de 65 años absoluta excepción.
Si estadísticamente en Uruguay la tasa de crecimiento de este grupo es cuatro veces más rápida que la de cualquier otro nivel etario, la emigración la está acelerando bastante más todavía.
A ello debe sumarse lo ocurrido con los grupos de edad más avanzada de todos, que también aumentan. La denominada «transición epidemiológica», que sitúa las causas de muerte como consecuencias de patologías crónico-degenerativas en las edades más avanzadas de la vida. En Uruguay, un altísimo porcentaje de muertes se produce por encima de los 68 años, sólo superado por Canadá (74%) y Estados Unidos (72%), mientras en los demás países americanos está apenas por encima de los 64 años.
El escenario en que debe desempeñarse este creciente grupo de mayores de 65 años es complejo, en tanto, en Uruguay, el 97% tiene dificultades de orden físico, sin incluir los discapacitados. Peor aun: según la última relevación censal, el 14% de los adultos mayores no percibía ingresos (un 90% de éstos eran mujeres).
En este marco, el Instituto Nacional de Estadística establecía en el último informe sobre el particular que en un 86% los ingresos que percibían eran insuficientes.
Un país «cuarentón»
Aunque resulta imposible establecer parámetros exactos hasta el próximo Censo Nacional (seguramente en el año 2006), debido a la falta de información oficial sobre emigración, las proyecciones en curso aseguran dos datos curiosos: la población mayor de 60 años está más cerca que nunca de ser la mitad del país, y las mujeres serán, después de esa edad, mayoría contundente en relación al número de hombres.
Los técnicos censales efectúan asimismo una «objetivación» del envejecimiento de la sociedad, analizando la edad media de la población y su evolución a través del tiempo. Por ejemplo: en Uruguay, la edad media de la población en el censo de 1963 indicaba que el 51% de los uruguayos tenía menos de 29 años. En 1996, el Censo determinó que la edad media era ya de 31,5 años. La proyección para aquella época situaba en 40,70 la edad media de la población para el año 2050.
Pero el fallecimiento a edad cada vez más avanzada, el aceleramiento de la emigración y la baja tasa de natalidad están «envejeciendo» al conjunto societal mucho más pronto de lo calculado.
La falta de nacimientos incide definitoriamente en esta forma de cálculo. Países como Bolivia, Guatemala y Haití, cuyas poblaciones mayores de 60 años son proporcionalmente la tercera parte de la nuestra, suman, a condiciones patológicas y sanitarias peores a las uruguayas, tasas de natalidad tan altas que los convierten en grupos de bajísima edad promedial.
A nivel continental, la Organización Panamericana de la Salud ha calculado que, en el año 2020, un 12% de la población americana tendrá más de 60 años, alcanzando un nivel inesperado históricamente: en 1950, era el 5,5% del total. *
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