Tocaos los unos a los otros
En España un juez ha resuelto que tocarle la «cola» a una compañera de trabajo, por una sola vez, no es delito de acoso sexual. Bien por el juez. Pero vayamos por partes y veamos que los humanos, compañeras o compañeros de trabajo o no, carecen de cola. Tanto que los españoles, precisamente los hijos de la madre patria de nuestra madre lengua, llaman a la «cola» por su nombre. Vemos entonces avisos publicitarios donde claramente se aconseja: «Para el culo de su bebé, use talco Talcote y déjelo que se frote». Nosotros, más realistas que Juan Carlos y su Real Academia, le seguimos diciendo «cola», como si fuéramos una cometa, o «traste» como si fuéramos el brazo de una guitarra, o «asentaderas», como si lo usáramos sólo para sentarnos o si al pararnos cambiara de nombre. Todo sea por el recato, el pudor, y la moralina que nos recubre en tantas cosas y a la que llamamos ser «cultos y cuidadosos del lenguaje». Parece ser que en sus orígenes, el hombre venía con cola y la usaba como quinta pata para agarrarse de las lianas y demás vegetales selváticos. Pero llegó el momento en que el bicho se cansó de andar trepando y corriendo, y se empezó a sentar. Ahí se le fue gastando la cola.
Volviendo al juez español que no considera delito de acoso sexual tocarle la «cola» a una compañera de trabajo, digo que apruebo la sentencia del juez y digo más: digo que no tiene por qué ser compañera de trabajo. Agrego que debiera ampliarse a todas las colas en general, sean ellas femeninas o masculinas, otorgando este derecho en igualdad de condiciones a las mujeres, para que ellas también puedan tocar la parte del otro, o la otra, que se le venga en ganas. ¿Por qué a cualquiera se le puede palmear el hombro o la espalda y no un glúteo? ¿Por qué al que cumple años uno le puede tirar de una oreja y no de una nalga? ¿Por qué al cachete facial del otro o la otra se lo puede tomar con dos dedos y sacudirlo al tiempo de decirle «cosita loca» y no se puede hacer lo mismo con los cachetes posteriores? El juez español, pese a todo se muestra un tanto conservador cuando señala que «se puede tocar por una y única vez».
Ese tipo de restricciones me revienta. O se toca o no se toca, o se puede o no se puede, o se pena o no se pena, pero uno no puede estar llevando el control si ésta o aquella «cola» ya la tocó antes o no la tocó nunca. Incluso el señor juez debe aceptar, que algunas «colas», a simple vista ya están diciendo que donde se toque una vez se querrá volver a tocar. No digo a cada rato ni con saña, no digo perseguir la nalga a sol y a sombra, porque eso sí sería acosar, pero hay casos en que se debe considerar la posibilidad de por lo menos una segunda vez. ¿O no? *
Compartí tu opinión con toda la comunidad