Presente y pasado de la "nueva" ganadería

La carne de yacaré está considerada delicatessen, entre los gourmets del mundo. Se paga por ella hasta 9 dólares el quilo. En Uruguay los restoranes no la ofrecen.

El cuero de este reptil (específicamente el cuero de barriga de ejemplares jóvenes) alcanza a cotizar por encima de los 30 dólares la unidad de 25 centímetros de largo.

De forma silvestre el yacaré tiene su último paralelo geográfico de dispersión en el hemisferio, a la altura del departamento de Artigas. En tanto es de clima subtropical, y como carece de termorregulación, la temperatura ambiente es vital para su existencia. Es un animal rústico, es decir, sumamente resistente a enfermedades y condiciones adversas. Adulto, carece prácticamente de depredadores en nuestro medio. Nace de huevos, unos 30 por postura, y aunque en esta fase es sumamente frágil en la Naturaleza (sobrevive uno cada diez nacidos), en cautiverio la supervivencia es cercana al 100 por ciento.

La cría de yacarés, no es nueva en el Uruguay. El Centro de Investigaciones Pesqueras y Piscicultura del otrora Instituto Nacional de Pesca (DINAPE, hoy DINARA), instaló una planta a tales efectos en Salto. En la calle Santa Rosa, sin número, de Villa Constitución, ochenta quilómetros al norte de la capital salteña y a 660 quilómetros de Montevideo, se consolidó el emprendimiento. Dos tanques australianos, un galpón y una semi-invernadero constituyeron el aporte estatal para el experimento.

Los resultados obtenidos para fines de los años 90´ por el Dr. Gustavo Chediak, Jefe del Centro de Investigaciones Pesqueras y Piscicultura, fueron verdaderamente alentadores pese a las condiciones paupérrimas de dotación para el experimento.

Aunque se logró una reproducción altísima y una supervivencia de niveles internacionales, la falta de calefacción adecuada, condicionó el proyecto del Estado.

Los caimanes, carecen de apetito a temperaturas por debajo de los 17 grados centígrados, entran en letargo y dejan de crecer.

La disponibilidad del centro en Villa Constitución, era de cuatro piletas de diferente porte, a las que en invierno se cubría con nailon, evitan que los animales murieran de frío. En aquella época el director del emprendimiento intentó mayor cooperación oficial para avanzar en la producción. Sus esfuerzos, no fueron estériles (repobló con caimanes prácticamente todos los zoológicos del interior uruguayo, y respondió a la interrogante científica sobre la posibilidad de criar caimanes en Uruguay). Pero lejos quedó el Estado de asumir su responsabilidad en el área de consolidación y productividad de este recurso que ahora, aparece tan prometedor. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje