Tiene la palabra

Generaciones adormecidas

Sr. Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Increíblemente, uno debe adecuarse a los cambios en las cosas, en la gente… en el mundo.

Pero a veces hay cosas que uno no puede comprender, y a su vez se niega a aceptar como definitivas.

Si bien nuestros mayores vivieron en otras épocas quizás mejores…

¿ Por qué entonces hemos llegado a todo esto que vivimos hoy en día?

Desde que Ford inventó el automóvil en serie ya nada ha sido igual.

Esto que parece una simplificación de las cosas, incluso puede parecer irrisorio, el hecho de que una industria determinada, mediante un hecho determinado, pueda cambiar el mundo pasado y futuro de la humanidad, es increíblemente real.

Cambió no solamente los estilos de vida de las personas, sino que además llegó a transformar las políticas y economías de todos los Estados del mundo. Para bien muchas veces, y para mal tantas otras.

A partir de ello, se crearon infraestructuras monstruosas en caminos y carreteras, cambió la forma de utilización de transportes en masa, como el ferrocarril o los ómnibus de pasajeros. Achicó las grandes distancias entre ciudades o países. Cambió el estilo de vida de los pueblos.

Pero fundamentalmente, desencadenó un interés aún mayor por las riquezas energéticas petroleras del mundo.

Claro está que el tema resulta ser mucho más serio de lo que se podía ver en la serie «Dinastía», va más allá del poder de alguna familia petrolera norteamericana, escapa a lo que pueden ser las riquezas personales de determinados individuos, para convertirse en una razón de supervivencia para las naciones dominantes, mal llamadas: primer mundo.

Lo que muchas veces mostraron los filmes de ciencia ficción de los años 70, sobre un mundo futuro sin petróleo, resulta irrisorio hoy, ante lo que estamos presenciando en la realidad.

Hay quienes llaman a todo esto «progreso de la humanidad», otros lo llamamos decadencia.

No es necesario conocer demasiado la historia, como para darse cuenta de las diferencias entre la «América» de F. Delano Rossevelt y la de George Bush, o entre la Inglaterra de Churchil y la de Tony Blair.

Se ha pasado del «sueño americano» al «terrorismo americano» y del pueblo más culto del planeta, como lo fue sin duda el pueblo Inglés, (más allá de los barbarismos que caracterizaron su imperio) a las «Space Girls de la Gran Bretaña moderna (si de cultura se trata).

Quizás más que nunca estamos presenciando la globalización del deshumanismo, o dicho de otra forma, a la exaltación del individualismo desmedido.

Vivimos la cultura del «personal computer», con nuestros correos individuales con contraseña y nuestros propios teléfonos celulares. La tecnología ha llevado al hombre a encerrarse en sí mismo.

Increíblemente vivimos hoy la gran falta de comunicación, en un mundo donde las empresas de comunicación, conjuntamente con las petroleras, son las de mayores utilidades financieras.

Las personas tienen miedo de conectarse con otras personas. Lo hacen a través de máquinas conectadas en redes infinitas de comunicación, llamada Internet, en medio de un bombardeo de publicidad y consejos de consumo. Epoca en la que el verdadero enemigo, para algunos, es el que consume sólo lo que necesita.

A su vez, la otra cara nos muestra a quien no accede al consumo, los marginales, la gran mayoría de la población mundial, el mal llamado «tercer mundo», cuyo destino obviamente debe ser el de desaparecer, por lo menos para quienes manejan los hilos del poder mundial. Para colmo de males, ese tercer mundo insolente, tiene la osadía de cuestionar al otro y a su estilo de vida, y lo que es aun peor, no quiere que lo sigan sometiendo. Más que suficientes las excusas para que desaparezca.

Desde este lado del planeta, los cambios han pasado delante de nuestros ojos.

Les hemos comprado todo lo que nos han vendido, incluso sus costumbres y culturas. Nuestros niños juegan con sus juguetes y hasta llegaron a festejar sus «Noches de Brujas». Nuestros mayores se enamoran en «San Valentín» y las familias se reúnen a comer sus hamburguesas. Salen de compras en sus «shopping centers», en tiendas con nombres en inglés, y por supuesto ropa con etiquetas importadas, y pagando con plásticos codificados, emitidos por financieras que saben más de nuestra vida que nosotros mismos.

Mientras esto sucedía, mientras más gente accedía a estas cosas, nuestros patrimonios como naciones se iban esfumando. Nuestros elegidos como mandantes se iban enriqueciendo y nuestros futuros se estaban hipotecando irremediablemente.

Nunca vimos que los «cinturones de marginalidad» de nuestras ciudades iban también aumentando, el endeudamiento crecía en la misma proporción que disminuían las actividades productivas y rentables de nuestras naciones.

Pero nuestra respuesta es que la culpa es sólo de los políticos.

Venimos eligiendo a sus padres, a ellos y ahora a sus hijos, desde casi un siglo, y aún decimos que la culpa es de ellos.

Nos distraían con revistas y series de ricos y famosos, regalando automóviles por TV, sorteos millonarios con nuestras compras, «ferias americanas» , perfumes y whyskies de Free Shop… y hasta drogas más populares, esas que antes consumían los ricos, hoy son más accecibles a nuestros jóvenes con eso que «no existís» si nunca fumaste un «porro» o probaste «un saque».

Nos encerramos a ver películas en video o en DVD, y aguardamos con expectativa la entrega de los premios «Oscar». Sabemos más cuál es la capital del estado de Florida que dónde queda la localidad de «Tarariras».

Llenamos estadios con conciertos de «roqueros» que protestan en sus canciones, pero se drogan y sueñan con llegar a tocar en Miami.

Los deportes populares se transformaron en una excusa dominguera para reventar a patadas al contrario si perdemos o si ganamos, no importa el resultado.

Además de un gran negocio para los medios masivos de comunicación, quienes prefieren ocupar su tiempo en el resultado de Ghana contra Chaad, la copa griega de basquetbol o quién llegó primero en «carting» en Luxemburgo, antes de informarnos realmente lo que interesa, o lo que sería aun más importante: educarnos un poco.

La desmedida información sobre hechos policiales en todos los medios, como justificación para la construcción de más presidios y la contratación de más efectivos policiales, único fin éste de las políticas de seguridad civil. Cuando en realidad lo importante sería que el sistema permitiera bajar los índices de delincuencia, y por ende una necesidad menor de policías y cárceles.

Claro está que todo es en nombre del «raiting», es decir la cantidad de personas que miran un programa en determinado momento, es decir que siempre, siempre, la culpa es sólo nuestra, cuando alimentamos esos procedimientos, que generan dinero a unos pocos y nada le deja a muchos.

Hemos perdido el respeto de unos a otros, hacia nuestros ancianos y hacia nuestros maestros. Las culturas populares de hoy, están basadas en el fomento de la guarangada, en el burlarse de los demás, en la difusión del escándalo.

El arte pasa a primer plano, cuando se acerca a las masas populares, cuando se vulgariza, en vez de ser los pueblos quienes alcancen el arte, por medio de la educación y la cultura, es el arte quien debe descender a los pueblos, para que genere dinero fácil.

Claro está, que es más fácil y económico (y menos peligroso), «tarar» a toda una generación, que educarla; y en eso estamos.

SALUDOS CORDIALES

ALVARO PARDIÑAS

 

¡Inadmis
ible!

Sr. Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* ¡Es el único adjetivo que corresponde, para este frenteamplista de siempre y asiduo lector de LA REPUBLICA, a la inconcebible actitud del señor Sarthou! ¡Qué frágil de memoria él y sus «compañeros» de la Directiva de Adeom! Están atacando, con un insólito juicio, a la Administración frenteamplista actual, olvidando que las sucesivas de Tabaré y Arana fueron las que «desenterraron» a los empleados municipales que hoy, gracias a ellas, disfrutan de una escala de sueldos envidiables en el país e innúmeros beneficios sociales. Usted, señor Sarthou, como letrado dentro del Frente, sabe mejor que nadie las tremendas dificultades actuales de la Comuna, que obligan a hacer un transitorio paréntesis que permita cumplir con obligaciones contraídas y nunca desestimadas en épocas no de bonanzas pero sí de muchos mejores ingresos presupuestales.

Además, ante requerimiento de LA REPUBLICA, usted contesta con aire de cinismo, que «no se trata de una condena económica» ¿Y, qué se persigue entonces, al entablar la arbitraria demanda? ¿Una reivindicación moral?

¡Gente como usted señor dañan a nuestro querido Frente! Si tiene agallas y un poco de ética váyase de él y entonces sí le reconoceríamos autoridad para efectuar un reclamo… Pero realizado desde adentro de nuestra organización política, amerita el soplo de los vientos muy parecidos a minúsculos y mezquinos intereses de grupo. A traición a la causa que todos defendimos con orgullo y honradez para que arribe a un pináculo cercano y venturoso.

P.D. Menos mal que, para evitar odiosas comparaciones con una iniquidad acaecida en la Semana Santa en la vida de Jesucristo, el señor Sarthou aclara que no cobra honorarios por su gestión.

FRENTEAMPLISTA INDIGNADO – C.I. 617.315-2

 

La deuda con las misiones militares

Sr. Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Nos dirigimos a usted para ponerlo en conocimiento de la problemática situación que vivimos los familiares del personal designado a cumplir misión oficial en el exterior.

Como ya es sabido no es la primera nota que reciben sobre esta realidad, pero lamentablemente no tenemos contestación sino que tanto el ministro de Defensa como el comandante en jefe dan declaraciones falsas a los temas que a continuación se le plantean. La situación en dichas misiones, principalmente en la República Democrática del Congo no es la más decorosa para el bienestar de quienes la integran. Si bien sabemos que fueron a cumplir misión de paz no es posible que no cuenten con los suficientes recursos. No obstante ellos fueron voluntariamente para desempeñarse en dicha misión pero también fueron con un objetivo: vivir dignamente. Ello quiere decir que los familiares que esperamos con anhelo el regreso, también deseamos vivir sin que les falte lo básico a nuestros hijos, como también esperamos que vuelvan voluntarios, y no que lo dejen por conveniencia de los superiores.

Por tales motivos esperamos que nos paguen lo que deben, ya que el dinero está para pagar hasta abril y estamos en mayo y no ha habido contestación (en total deben cinco meses). Si bien el dinero es pagado por Naciones Unidas en forma, aquí se le desvía para otros intereses. Dicho dinero se encuentra en una cuenta bancaria investigada por nosotros para que con dichos intereses y ganancias los altos jerarcas lo utilicen para beneficio propio. No crean lo que les dicen e investiguen antes de que sigan mintiendo.

Saluda atentamente

FAMILIARES DE INTEGRANTES DEL CONTINGENTE EN NACIONES UNIDAS

P.D. Esta carta es anónima, ya que pueden tomar represalias.

 

Al Presidente de la República

Sr. Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

De mi mayor consideración:

Por vuestro intermedio deseo hacer llegar al señor Presidente de la República la siguiente carta y que la misma sea publicada y difundida ante la opinión pública del país todo.

 

Sr. Presidente de la República Oriental del Uruguay

Dr. Jorge Batlle Ibáñez

Presente

Estimado señor Presidente:

* En nombre de la gran mayoría del pueblo uruguayo, hoy me tomo la libertad de expresar a usted, nuestro sentir como pueblo soberano y democrático, libre y auténtico en su expresión, de la locura y falta de sentido común de sus actos, basándose en nuestra representación ante el mundo entero; en toda la historia del Uruguay jamás se ha visto cosa igual y usted muy campante sale a gritar al mundo cualquier cosa, lo que se le viene a la boca sin medir las consecuencias.

Sabido es por el mundo entero, de nuestra sana cultura, de nuestra estima por todas las Naciones del mundo; por nuestro estilo, costumbre y conceptos de una Nación hermosa y rica en valores universales.

Y sin embargo desde que usted se ha convertido en nuestro presidente, el mundo entero nos califica de otra manera, simplemente por sus meras ridiculeces, que dejan atónitos a nuestros propios niños de edad escolar, y sin embargo usted sigue y sigue tan campante –sin que nadie se lo diga o por lo menos le dé un tirón de orejas–, de gira en gira, de viaje en viaje, tras las crisis, dejándonos peor parados de lo que ya estamos, y vaya si no es verdad, cada vez que usted habla es como el «pato»; ya lo hizo contra el pueblo hermano argentino, que tienen derecho de vivir como bien se les da la gana; después fue allá a Olivos a pedir perdón y con los mocos a flor de piel, vergonzoso. Ahora, no conforme con aquello ante el mundo y pueblo argentino, tiene el valor de gritar «asesino» al igual que usted señor Presidente de la República de Cuba, y para peor y más aun a mi favor desde suelo ajeno. Mire, señor Presidente, hay cosas que no las tolero y mucho menos de la persona que nos representa como Nación libre y democrática.

No se lo digo yo, se lo dice todo el pueblo uruguayo, al menos todo aquel que tiene sentido común. Quizás usted no se haya dado cuenta dentro de su extremada y absoluta soberbia. Y eso es muy común dentro del género político uruguayo –siempre dije y lo sostengo– que los «mármoles» del Palacio Legislativo hacen de nuestros políticos hombres frívolos y altaneros, irresponsables de los deberes y compromisos ante el pueblo, un pueblo sumiso, sufrido, entregado a la resignación impuesta por gobiernos como el suyo, que no siente en carne propia la crudeza de la realidad. Pero recuerde señor Presidente, que el sufrimiento siempre comporta una lección y siempre invita a modificar una conducta. Recuerde esto también Señor Presidente, pisando suelo extranjero, usted ha llamado de asesino la señor Presidente de otra Nación, en qué lenguaje sostiene usted que el señor Castro es un «asesino», ¿cuál? ¿Acaso usted no se dio cuenta que el señor Bush es también otro «asesino»? ¿O miento si le digo que ha hecho de su mandato presidencial un «genocidio»? Un texano que se cree dueño del mundo, un arrogante y soberbio que ya lo tiene a usted agarrado de la nariz, haciéndole creer que nos comprarán algunas toneladas de carne y hacer de esta forma que rompamos relaciones con el pueblo cubano. Si el señor Bush tiene hambre de nuestras carnes, mañana tendrá sed de nuestras aguas, eso se lo doy firmado. Me doy cuenta señor Batlle que usted poco y nada sabe del ideario de nuestro prócer general José G. Artigas. Así como también desconoce las necesidades de su propio pueblo uruguayo.

Según las teorías conspiracionistas, la historia de la humanidad ha sido manipulada políticamente por
enigmáticas sociedades secretas que disfrazaban sus intenciones ideológicas con aires espirituales y de fraternidad. Pregúntese quién propagó la idea del Nuevo Orden Mundial, y despreocúpese de los problemas de las naciones amigas: basta ya de buscar excusas, busquemos la consolidación y la comunicación entre naciones hermanas y amigas, de lo contrario ya estamos fritos.

LIC. PEDRO WAVELL – C.I. J.B.C. 9410

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