Dudas, preguntas y otras ingenuidades
Aunque yo me suelo hacer cartel de vivo, debo confesar que soy un ingenuo para muchas cosas.
Por ejemplo: yo escuché decir al ministro Stirling que el pedido de captura de José «Puchi» Röhm, dada la nueva tecnología de Interpol, tardaba nueve segundos en llegar a todo el mundo. Nueve segundos.
La información me entra por un oído y por el otro me sale la pregunta: ¿Y entonces por qué tardamos más de nueve millones de segundos en hacerla?
Y ahí se me aparecen cantidad de relojes Rolex, Gucci y Cartier de oro, que son los que usa el Puchi, girando alrededor de mi cabeza.
Otro sí digo: leo con atención el reportaje salido en LA REPUBLICA del sábado pasado al ex embajador Raúl Liard, hermano de quien pidiera asilo político en la Embajada de Venezuela, declarando ser perseguido por Julio María Sanguinetti. También leo la nota escrita por Roger Rodríguez sobre el caso.
Y después de disfrutar la parte de novela de intrigas que tiene, me surgen dudas como barritos. El hombre se declara inocente porque en aquel 1983 sólo cumplió una orden. Pero la orden era vigilar y dar datos sobre las actividades de un opositor de la dictadura, Wilson Ferreira Aldunate. ¿Qué creía él que iban a hacer con esos datos? ¿Vigilar a los ciudadanos de su país es una tarea de los embajadores?
La persona que le dio la orden de hacerlo, Alfredo Platas, «es hoy asesor de Opertti y de los directores del Foro de la Cancillería que eran los que manejaban la Cancillería durante la dictadura».
Perdón, ¿me podría repetir lo dicho?
La información que él entregó fue obtenida a través de un periodista, Daniel Gianelli. Años después ese informe fue denunciado por contener evidencia de la colaboración de los servicios de Inteligencia brasileños.
¿Entonces, en qué quedamos?
Y hay más, hay cuadros de Blanes y otros asuntos.
Te pregunto: ¿Seré yo que me entrevero o acá hay cosas que más que de novela de intrigas pertenecen a la Serie Negra? *
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