Proponen fortalecer el tejido social y tomar medidas de fondo para superar la crisis
La implementación del Plan Invierno para personas en situación de calle, el sustancial aumento de prestaciones del Instituto Nacional de Alimentación (INDA), ya sea en comedores, centros CAIF, o a través de la entrega de canastas alimentarias, sumado al 19% de desempleo, récord histórico para Uruguay, pautan la debacle socioeconómica de la sociedad uruguaya en los últimos tres años pero, fundamentalmente, de los sectores con menos ingresos o en situación de calle. En realidad, desde la implementación del Plan Invierno en el 2000 (denominado en ese momento «Frío Polar»), a iniciativa de la comuna capitalina, el número de personas asistidas durante los tres meses que dura el programa ha ido en constante aumento. Durante 2002 se alojaron, en los cinco refugios de emergencias transitorios previstos para la contingencia, más de 630 personas en situación de calle, cifra que, en comparación al 2001 tuvo un incremento del 49% y un 150% en relación al 2000.
En este contexto, el Pnud y el Claeh presentaron ayer «Medidas urgentes frente a la situación social», libro que recoge opiniones y diagnósticos de dos sociólogos, un asistente social y una nutricionista.
El asistente social Gerardo Monteverde, integrante del equipo multidisciplinario de asesoramiento (EMA), corresponsable del programa Gente en Situación de Calle de la IMM sostiene que el sentimiento de exclusión del sistema social acompañado de la pérdida de empleo, el debilitamiento de las redes sociales, la imposibilidad de ser cubiertos por las redes de contención primarias, ingresos por jubilación o pensión muy bajos y dificultades para proyectarse hacia el futuro, son algunas de las características y perfil de este segmento de la sociedad.
Fortalecer el tejido social
Ante la crítica situación, Monteverde entiende que «si admitimos que el fenómeno de las personas en situación de calle ha tomado una dimensión que nos preocupa, y que la mayoría de las acciones que encara la sociedad civil y el Estado van encaminadas a respuestas de emergencia que se ven constantemente desbordadas, correspondería pensar estrategias para trabajar sobre las causas del problema y generar respuestas articuladoras entre el Estado, las ONG y los destinatarios».
El asistente social enumera una serie de medidas para enfrentar el problema, entre las que se destacan la creación de programas y proyectos de capacitación innovadores destinados a los actores sociales que trabajan con personas en situación de calle; la implementación de programas de capacitación e inserción laboral como forma de crear mecanismos alternativos para generar ingresos, teniendo en cuenta que para la población más joven el problema es la falta de empleo.
El detrimento de la calidad de vida, evidenciado en las graves carencias alimentarias que enfrentan los sectores más desprotegidos de la sociedad, fue abordado por la nutricionista María Cecilia Severi, grado 4 de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República.
Severi hace hincapié en los, sucesivos aumentos del costo de la canasta familiar que no fue acompañado por aumentos correlativos en los ingresos de las familias.
«Este costo», señala, «representa un porcentaje creciente de los ingresos de los hogares que, en agosto de 2002, alcanzó en promedio el 19,7% para los hogares montevideanos y el 25% para los del Interior.
Esta situación se agrava entre los más pobres, al tiempo que Severi advierte que la crisis alimentaria «afecta particularmente a los grupos de edad en período de reproductivo, es decir, a los niños, a las embarazadas, y a las madres durante la lactancia. En estos períodos del ciclo vital debe lograrse una alimentación suficiente en cantidad y calidad para asegurar el correcto crecimiento y el adecuado estado de salud». *
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