La Columna Amarilla

El infierno tan temido

Desde el mero México me ha llegado este cuento que yo he transformado sin cambiar lo sustancial. Es decir que el chiste como tal, no me corresponde, no es de mi autoría.

Debemos aclarar que todo sucede en el futuro. Que cada cual piense, de acuerdo a sus deseos y a su real entender, si es un futuro próximo o muy lejano. Para el cuento, nada cambia. Para la humanidad ¿Quién sabe?

Aquí va.

Un buen día, George W. Bush se muere.

Inmediatamente se va al infierno, donde el diablo lo está esperando: «Realmente no sé que voy a hacer contigo  le dijo el diablo  estás en mi lista pero no tengo lugar para ti, así que vamos a hacer lo siguiente: Hay algunas personas aquí que no fueron tan malas como tú, así que tendré que dejar ir a alguien y tú te quedarás en su lugar. Es más, te voy a dar a escoger una de tres celdas».

Bush aceptó, ya que al diablo no podía tirarle ni con una bomba de fragmentación.

El diablo abrió la primera celda. Allí estaba Ronald Reagan mirando eternamente en una pantalla todas las escenas donde él actuaba. Y escuchando todas las barbaridades que había dicho en sus discursos.

«Aquí no me quedo, dijo Bush, seguramente me mostrarían las escenas de Irak de Al Jazira y si es por mis barbaridades verbales, no alcanza toda la eternidad para oírlas».

El diablo abrió la segunda celda y ahí estaba Richard Nixon, leyendo una y otra vez todos los libros dedicados a Watergate y siendo escupido por una larga fila de latinoamericanos que viajaban desde el cielo en plan turístico.

Aquí no me quedo ni loco, pensó Bush. Me aburre la lectura y además a mí no sólo me escupirían.

El diablo abrió la tercera celda y ahí estaba Bill Clinton, cómodamente sentado fumándose un largo puro cubano. Agachada estaba Mónica Lewinsky haciendo lo que mejor hizo como becaria.

Bush gritó animadísimo: ¡Aquí me quiero quedar! Entonces el diablo gritó: ¡Mónica, ya te podés ir, llegó tu relevo! *

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