LA CRISIS HIZO DISMINUIR LAS DONACIONES DE ALIMENTOS QUE RECIBE EL SANTO CATOLICO

El Sunca se sumó a los miles que piden trabajo a San Pancracio

Un centenar de obreros de la construcción, sector fuertemente golpeado por la falta de trabajo, participó ayer de la fiesta de San Pancracio y unió su reclamo con el de miles de creyentes desocupados que a través del rezo piden un empleo.

Este 12 de mayo no fue uno más en el calendario. Año tras año la devoción por el Santo del Trabajo congrega a millares de cristianos que se acercan a la parroquia de las calles Inca y Pagola para orar por la preservación del empleo propio o el de algún familiar. En los últimos cinco años, las súplicas se concentraron en la necesidad de ingresar al mercado laboral y en los hijos que se van del país.

Pero esta vez, la devoción al mártir católico fue adoptado por el Sindicato Unico Nacional de la Construcción y Afines (Sunca) como una forma de hacer público una difícil realidad en la que están inmersos. Décadas atrás era impensable que ocurriera un evento de esta naturaleza, más si se tiene en cuenta que el gremio de la construcción supo tener influencias marxistas, ideología que considera a la religión como el opio de los pueblos. Hoy día, la necesidad llevó a unir los esfuerzos sindicales con la religión.

Un altísimo porcentaje de obreros de este sector, otrora motor de la economía, está desempleado y debe de aplicar numerosas estrategias de sobrevivencia o recurrir a la cada vez más golpeada solidaridad de la sociedad, ya sea concurriendo a comedores o participando de ollas populares.

Portando carteles y golpeando las manos, un centenar de obreros caminó por cuatro cuadras hasta llegar a la parroquia de San Pancracio.

Los obreros de la construcción se habían concentrado en Justicia y Miguelete para marchar a pie a San Pancracio, donde al reclamo constante le sumaron el ruego por «trabajo y respeto a nuestros derechos». Jorge Mesa, secretario ejecutivo del Sunca manifestó a LA REPUBLICA que el sector vive una crisis absolutamente histórica. A modo de ejemplo, afirmó que en 1993  cuando no existía un pico máximo en la construcción  habían 65 mil trabajadores que aportaban a la seguridad social y hoy son 14 mil. Es decir que en la última década se perdió casi un 80% de los puestos laborales.

A todo esto debe sumarse, que sólo el 8% de los desempleados del sector tienen la posibilidad de tener cobertura social a través del seguro de paro.

El párroco Javier Fernández, tras finalizar la misa de las 15.00 horas, salió a la calle y dio la bienvenida a los trabajadores y les hizo un llamado a «estar juntos, unidos, para buscar soluciones». Recomendó a los desempleados no trasladar sus preocupaciones a la familia, principalmente a sus hijos.

Luego vino el momento histórico. Muchos de los afiliados al Sunca que participaron de la fiesta de San Pancracio jamás habían ingresado a una parroquia ni sabían cómo rezar. Pero la necesidad que implica la obtención de un empleo los llevó a estar parados frente a una comunidad que se aferraba a una creencia y agradecía por la ayuda del santo.

«Â¡Viva San Pancracio!», fue el grito de la multitud, previo al inicio de la ceremonia. El párroco agradeció formalmente la visita de los obreros de la construcción, «tanto a los católicos como a los que no son». Estas palabras motivaron un fuerte y generalizado aplauso de los presentes.

El religioso explicó que la Iglesia nunca es indiferente cuando se trata de trabajo y afirmó que el Papa Juan Pablo II dijo que el tema central de la cuestión social es el trabajo, «eje de la vida social». Es decir,  sostuvo Fernández  que el progreso o el retroceso de la sociedad se mide justamente por el hecho de que haya trabajo justo, pagado de manera conveniente y de que todos podamos trabajar en aquellos que nos corresponde.

El párroco deseó que la celebración de ayer se convierta en un momento de esperanza para todas las familias, de modo tal que el año próximo, «se pueda decir que se está mejor».

Menos donaciones

Tanto los vendedores ambulantes de la extensa feria callejera que funcionaba en las inmediaciones de la parroquia, como el personal que colaboraba en la recepción de los alimentos donados para la población carenciada, coincidieron en afirmar que este año la venta y la entrega de mercaderías fue menor a otros años. Incluso, agregaron, también disminuyó el número de participantes de esta celebración. «La gente no deja de colaborar, pero ahora compra menos alimentos y esto se siente», indicó a LA REPUBLICA un joven integrante de la comunidad parroquial mientras embolsaba las mercaderías donadas. *

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