El fin de una larga espera
Desde los mismos comienzos del «imperio» del petróleo Uruguay, ha buscado el valioso oro negro. Fue en 1912 cuando se fundó el Instituto de Geología y Perforaciones, uno de cuyos cometidos iniciales era la exploración de recursos energéticos fósiles en nuestro subsuelo: carbón y petróleo.
Habrá que esperar sin embargo hasta 1932 cuando la creación de Ancap impone una nueva fase en la búsqueda de petróleo y gas.
La exploración comenzó en la denominada Cuenca Norte del país, que comprende básicamente a los departamentos de Artigas, Salto, Rivera, Tacuarembó, Paysandú y Cerro Largo. En 1934, Ancap contrató al geólogo petrolero Dr. Juan Keidel, profesor de Geología de la Universidad de Buenos Aires, y pilar de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) de Argentina. Así comenzó una sucesión de contratos de consultores y empresas, algunas de prestigio. La primera fue la norteamericana DeGolyer & MacNaughton que hizo estudios y perforaciones en nuestro subsuelo entre 1948 a 1958. Le siguieron contratos de asesoramiento con Dunlap & Graham, Chevron, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, entre otras.
El primer pozo perforado en Uruguay para la exploración de petróleo fue en la localidad de Cerrillada, departamento de Rivera, muy próximo a la frontera con Brasil.
El conjunto de estudios exploratorios permitió revelar la estructura y naturaleza geológica del subsuelo del norte de Uruguay. Este conocimiento traerá consigo el descubrimiento de la inmensa riqueza hídrica subterránea que existe en el norte de Uruguay, destacando el Acuífero Guaraní, una de las principales reservas de agua dulce del mundo que compartimos con Brasil, Argentina y Paraguay, con un potencial hídrico de 40.000 kilómetros cúbicos.
Durante la perforación Arapey, realizada en 1935 como parte de las campañas de exploración petrolífera, aparecerá una riqueza inesperada: las aguas termales en el departamento de Salto. Caudales que superan los 500 metros cúbicos por hora, con temperaturas que pueden alcanzar los 45ºC en la boca del pozo, permitirían el desarrollo y explotación de las aguas termales en el litoral oeste uruguayo (pozos Arapey, Daymán, Guaviyú, entre otros), consolidando uno de los más importantes polos turísticos termales de Sudamérica.
A partir de 1950, la exploración de petróleo en Uruguay se extenderá a otras áreas, fundamentalmente en el Sur.
A la ya mencionada Cuenca Norte, se le sumarán los trabajos exploratorios en las cuencas de Santa Lucía (Canelones y San José), y Laguna Merín ( Rocha). La exploración estará pautada por estudios discontinuos, no siempre con los apoyos necesarios y llevados adelante por empresas extranjeras bajo contratos con Ancap.
La exploración en el mar
A partir de la exploración geofísica de toda la plataforma continental atlántica de América del Sur se descubre un importante número de cuencas sedimentarias, desde Venezuela hasta la Patagonia.
En 1963 es presentado un trabajo regional de la Universidad de Columbia (Estados Unidos de América), que esboza la existencia de una cuenca sedimentaria en la plataforma continental uruguaya. Esa importante depresión de la corteza, que hoy sabemos está rellena por más de 7.000 metros de rocas sedimentarias, será conocida como Cuenca Punta del Este a partir de 1970. Hoy es dónde están centradas todas las expectativas.
En 1972 se inicia la exploración petrolífera y gasífera de la plataforma continental uruguaya. Se realizan estudios geofísicos para dilucidar la naturaleza del subsuelo oceánico. Los trabajos revelarán buenas perspectivas para buscar petróleo. Se suceden así varias campañas de prospección geofísica en aguas oceánicas hasta que, en 1976, se realizan dos perforaciones profundas en la plataforma. Son los pozos denominados Lobo y Gaviotín, de la compañía Chevron en acuerdo con Ancap. Los informes técnicos de la época, si bien no descartaban la posibilidad de existencia de acumulaciones de petróleo y gas, consideraron a la Cuenca Punta del Este como de alto riesgo exploratorio.
Es importante señalar que, paralelamente a los estudios en la plataforma uruguaya, se realizan estudios con similares objetivos en las cuencas vecinas de la plataforma continental brasileña (cuenca de Pelotas) y argentina (cuencas del Salado y Colorado), los que continúan hasta la actualidad. Del mismo modo ocurre en la plataforma oceánica atlántica africana.
Los grandes avances científicos y tecnológicos que se producen en la industria del petróleo en los últimos 25 años (en cuanto a resolución sísmica, capacidad exploratoria y de perforación en aguas oceánicas muy profundas), se logran importantes descubrimientos petrolíferos en las aguas oceánicas atlánticas. Por ejemplo, la Cuenca de Campos, en aguas oceánicas profundas frente al estado de Rio de Janeiro, se transformará con el correr de los años en la principal provincia petrolífera de Brasil.
En la Cuenca Punta del Este, impulsado por esas nuevas exploraciones de la plataforma sudamericana, se retomó la exploración petrolífera con nuevos estudios geofísicos durante la década de los 80.
Paralelamente se completaron relevamientos sísmicos, con técnicas de adquisición de datos de alta resolución. Nuevas técnicas geoquímicas y organoquímicas, aplicadas a los testigos de roca que proporcionaron en su época las perforaciones realizadas por Chevron en 1976, permitieron avalar en fecha harto reciente la generación de petróleo y gas, en cantidades indeterminadas, en la Cuenca Punta del Este. *
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