Hoy Juceca

¡A las escuelas manden útiles, inútiles!

Cuando yo iba al colegio, no faltaba la tiza como ahora. En la clase nos tirábamos con tiza. La maestra tenía guardada en su escritorio una caja llena de tizas, y cuando llegaba agarraba una y la ponía en la repisita del pizarrón, esa tablita horizontal que viene para poner también el borrador.

Después, cuando escribía algo y se ponía a hablar, se quedaba con la tiza en la mano, como un comodín.

A veces tomaba la tiza entre dos dedos, como si fuera un cigarrillo, y una vez la vi que se la llevó a los labios, la tiza, y le dio una pitada, señal inequívoca de que era fumadora y en ese momento estaba pasando por una crisis de abstinencia porque seguramente las maestras tenían prohibido fumar en clase. Una tiza nueva, blanca y alargada, era una tentación para una fumadora distraída. Es verdad que nunca vi que le arrimara un fósforo encendido, así que capaz que tenía que ver con el movimiento propio del lápiz labial, porque era muy coqueta ella, y capaz que nunca confundió la tiza con un cigarrillo y eso de que era fumadora son cosas mías, cosas que se me ocurrían a mí en lugar de estar atendiendo a lo que decía, que sin duda era por mi bien y por el bien de la patria toda, que por algo estaba la foto de José Pedro Varela en el aula, y el busto de Artigas en el patio, como si estuviera en penitencia, con el frío que hacia en aquel patio en invierno, pobre. Y no sólo tiza blanca había en mi clase, señor mío.

Había tiza de varios colores, y en especial de color azul porque con la tiza blanca podíamos perfectamente dibujar la bandera uruguaya en el pizarrón, cosa que se hacía cercano a la fecha de la fiesta patria, como ser Batalla de Las Piedras, y otras. A mí lo que nunca me quedaba bien era el pliegue de la bandera, esa ondulación que daba el efecto como de estar flameando en el viento. Hoy mismo, si me pongo, no me sale. El asunto es que ahora no hay tizas en las escuelas. En las mesas de billar se encuentran, pero son las que se usan para pasarle al taco, cosa que no dé pifia al pegar en la bola. Pero en las escuelas, no hay tizas, ni blancas, ni azules, ni nada.

El Presidente, y algunos hombres de su gobierno, han hablado, no hace mucho, de llegar con la enseñanza a todo el país, por medio de las computadoras. Y no hay tizas en las escuelas, ni hojas, ni lápices, ni gomas ni cuadernos. Las maestras carecen de lo más elemental para llevar a cabo su tarea, y a los tipos no se les cae la cara de vergüenza. Manden útiles, manga de inútiles. *

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