EEUU-Irak: el gran dilema de la posguerra
Como potencia mundial que tiene intereses económicos en todo el planeta, Estados Unidos se considera directamente llamado a mantener la estabilidad internacional.
En el plano militar la fuerza norteamericana es tan superior a la de las demás potencias, como nuevamente ha quedado en evidencia en la guerra contra Irak, que para hallar un equivalente tendríamos que remontarnos al Imperio Romano. Se puede comprender que una fuerza semejante haya creado una propensión a utilizarla.
A ello se agrega la supremacía estadounidense en los ámbitos de la tecnología, la información y la cultura, que se está imponiendo progresivamente sobre todas las civilizaciones de nuestro mundo.
Esta conjunción de intereses y de primacías ha inducido a Washington a adoptar, repetidamente, un comportamiento unilateral incluso en esferas ajenas a la política exterior. Así lo demuestra su rechazo en relación a las metas ambientales del protocolo de Kyoto, al Tribunal Penal Internacional, al tratado sobre la prohibición de las pruebas nucleares, al tratado anti-misiles, así como su incremento del proteccionismo en materia siderúrgica y del comercio de productos agrícolas.
Según esta lógica el multilateralismo no debe nunca obstaculizar o frenar la iniciativa estadounidense. Las declaraciones en este sentido del Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a propósito de la intervención en Irak, son reveladoras: «La misión debe determinar a la coalición; nosotros no permitiremos que una coalición determine la misión».
O sea, que Estados Unidos y solamente Estados Unidos optará en cada oportunidad entre acciones unilaterales o multilaterales, según su propio juicio. Esto debe entenderse en el contexto de que el multilateralismo, para los neo-imperialistas norteamericanos, es una expresión de la impotencia de los estados débiles, que no tienen otro camino que el de aliarse entre ellos para contrarrestar el predominio de la superpotencia.
Examinemos ahora los argumentos a favor del multilateralismo que, si bien para algunas potencias pueda estar motivado por una historia reciente o por intereses inmediatos, tiene su fundamento en el derecho internacional.
1. Es evidente que Estados Unidos no tiene ni los medios ni la voluntad de afrontar y resolver todos los problemas del planeta. Por lo tanto, debe obtener el concurso de sus aliados y de otros estados.
2. El unilateralismo estadounidense respaldado por su poderío bélico tiende a privilegiar políticas coercitivas, mientras los desafíos más apremiantes que afronta la comunidad internacional son, principalmente, problemas vinculados con el desarrollo económico. En tales condiciones es claro que una política articulada en un marco multilateral y apoyada en el diálogo, la diplomacia, la negociación y particularmente en la cooperación económica, es más apropiada que una política unilateral.
3. Para el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas todos los estados son iguales y deben, en consecuencia, asumir las mismas responsabilidades en la adopción de resoluciones orientadas a la solución de los conflictos.
4. La «pax americana» viola el derecho internacional en la medida en que estimula las guerras preventivas y con ello marginaliza los mecanismos de adopción de las normas internacionales. Se trata de un fenómeno extremadamente grave pues el recurso al unilateralismo una política al servicio de intereses inmediatos constituye una pesada hipoteca para el porvenir de las Naciones Unidas y el derecho internacional.
5. El argumento más importante se puede resumir en esta fórmula inspirada en el filósofo Pascal: «Práctica de la democracia dentro de las fronteras estadounidenses, práctica del autoritarismo fuera de ellas». En efecto, mientras la democracia estadounidense reconoce en su propio ámbito la división y la limitación de los poderes del Estado, de modo que el poder ejecutivo es controlado por el poder legislativo y por la opinión pública, en el ámbito internacional Washington exige a los gobiernos, a los pueblos y a sus respectivas opiniones públicas que le firmen un cheque en blanco en base al principio unilateral de que lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para el resto del mundo.
6. La consecuencia más grave de esta política es su relación con el armamentismo. En efecto, ¿cómo evitar en un contexto unilateral que países como China, India y Paquistán refuercen sus arsenales atómicos? ¿Cómo evitar que los pequeños estados se lancen a adquirir armas menos costosas pero más dañinas? ¿Cómo evitar la expansión del terrorismo?
En resumen, temo que la lucha contra el terrorismo se convierta en la razón de ser de la actividad internacional e impida que nuestras energías, voluntades y recursos se dediquen por entero a la paz, al desarrollo y a la lucha contra la pobreza. *
(*) Boutros Boutros-Ghali, Secretario General de las Naciones Unidas en el período 1992-96.
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