Crónica de un simulacro fallido
El diputado forista Washington Abdala organizó un simulacro de fusilamiento, como forma de opinar en contra de las ejecuciones realizadas en Cuba en aplicación de la ley de aquel país, y le salió el tiro por la culata. Y casi no le sale, porque la persona que debía oficiar de verdugo no conocía el manejo del arma y no lograba cargarla.
En realidad la escena montada podía llegar a ser dramática, de no mediar una serie de asuntos que si bien no la hacían cómica, mostraban sí que el señor diputado no estaba en sus cabales, salvo que sus cabales sean esos y punto.
De entrada nomás, el diputado encargado del argumento y puesta en escena del drama, entendió que bien podía llevar a la práctica un viejo refrán que habla de «matar tres pájaros de un sólo tiro». La idea era que al disparar el fusil, es decir, al escuchar el estampido, los tres actores que representaban el papel de víctimas, debían derrumbarse en sus asientos. Para abaratar los costos del simulacro, el diputado se ahorró dos tiradores. Pero hete aquí que cuando estaba todo armado, cuando realmente se estaba creando el clima de dramatismo que semejante hecho debe producir en los espectadores, aún sabiendo que es simulado, el verdugo no supo cargar el arma.
Todos los invitados tensos, mirando aquello terrible que está por ocurrir, la prensa presente, las «víctimas» con los ojos vendados esperando el estampido que no llega, murmullos, suspenso, ¿qué pasa?, el tipo del fusil que no logra cargarlo.
Los fotógrafos lo tienen en la mira, las cámaras de televisión van del tirador a los tres que simularán ser ejecutados, y la maldita bala que no entra en la recámara o como se llame el lugar donde tiene que entrar en el arma fusiladora. En ese momento Abdala se lamenta que en Cuba no se use la silla eléctrica como es común cuando aplican la pena de muerte en Estados Unidos, ya que con el enchufe es más fácil.
El dramatismo está a punto de desinflarse, las tensiones se aflojan, los hombres de los ojos vendados no entienden por qué no los fusilan, y es posible que en semejante situación, pese a saber muy bien que están actuando, alguno piense que a último momento fueron perdonados. La escena se está prolongando más de la cuenta, y entonces como bien lo destacaba ayer en nuestro diario «La columna de Sherlock» ocurre algo que desbarata e invierte lo cuestionado por el autor del guión y director de la puesta.
Es el propio diputado Abdala quien toma por su cuenta la carga del fusil, resuelve el problema, y de crítico de un fusilamiento, se convierte en cómplice, en partícipe directo del mismo. Le faltó apretar el gatillo.
Esperemos que le vaya mejor cuando al querer concientizar sobre lo que pasa en Cuba, haga un simulacro de alimentación de niños para que no mueran desnutridos, o de defensa de la dignidad nacional. *
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