Los misterios de la posguerra

Las implicaciones de esta guerra son inmensas: el unilateralismo de la política externa estadounidense, asumido por primera vez con toda claridad, el concepto inaceptable de «guerra preventiva», la marginalización de las Naciones Unidas, el diseño apresurado del nuevo mapa geoestratégico del Oriente Medio y del petróleo.

Por otro lado, sus consecuencias son imprevisibles: la reacción de los diferentes componentes étnico-religiosos del pueblo iraquí, la inestabilidad del mundo árabe-musulman, el riesgo de manifestaciones en cadena en las ex repúblicas soviéticas islámicas, en Rusia, en China y las divisiones  hasta ahora contenidas  en la Unión Europea.

A pesar de la exposición mediática de esta guerra descubrimos qué poco sabemos de lo que realmente ha sucedido. Al parecer, la información nos ha llegado bastante distorsionada, intencionalmente, y tanto por culpa de los medios occidentales  la CNN en primer lugar  como los árabes, la TV iraquí y Al Jazira.

Muchos aspectos quedaron en la sombra. Por ejemplo, desconocemos el número exacto de bajas, muertos y heridos, civiles y militares. Lo mismo puede decirse sobre la extensión y la gravedad de las devastaciones que sufrió el territorio, sometidos a bombardeos nunca antes experimentados.

¿Todo esto solamente para derribar a Saddam Husein? Nos parece que los medios empleados han sido manifiestamente desproporcionados en relación a los objetivos proclamados y obtenidos. Es legítimo preguntarse cómo Saddam y su régimen se evaporaron de un día para otro sin dejar rastro. El misterio permanece y es necesario desvelarlo para poder evaluar imparcialmente los costos y los resultados de la empresa bélica.

Afortunamente la guerra terminó más rápido y más fácilmente de lo que se suponía, pero hasta ahora sin rendición ni victoria anunciada. Este es otro misterio. ¿Tendrán algún fundamento los rumores provenientes de países árabes acerca de una «negociación final» para evitar la terrible batalla de Bagdad? Es de notar que, al contrario de lo que se temía, los pozos de petróleo sólo excepcionalmente fueron incendiados. La policía de Saddam está siendo recuperada rápidamente por el comando norteamericano. ¿Lo mismo sucederá con influyentes funcionarios del régimen depuesto?

En cuanto a los negocios  el petrolero y el de la reconstrucción  la administración Bush no pierde tiempo. Grandes empresas, algunas muy cercanas a los grandes nombres del gobierno  como el vicepresidente Dick Cheney  ya han sido preseleccionadas para asumir esas rentables tareas. En términos europeos, se diría que se trata de una inmoralidad. Pero en la otra margen del Atlántico, cuando están en juego los negocios, los valores son diferentes.

Entretanto, han llamado la atención las apaciguadoras palabras de Bush a la salida de la misa de Pascua: «Estados Unidos no piensa declarar nuevas guerras. Están llegando señales positivas de Siria». No era ese el tono de unos días antes.

Por otro lado, la diplomacia y las negociaciones directas con China y Japón pueden ayudar a resolver el problema con Corea del Norte.

La explicación de esa nueva actitud puede residir en el hecho de que las elecciones presidenciales estadounidenses tendrá lugar en noviembre del próximo año. La recesión económica, lejos de haber sido superada, muestra indicaciones de agravamiento. Además, es ahora necesario atender el «frente interno», bastante descuidado en los últimos meses. No vaya a suceder que a Bush hijo le pase lo mismo que a Bush padre: ganar la guerra del Golfo y perder las elecciones siguientes.

Los halcones del Partido Republicano  Dick Cheney, Ronald Rumsfeld, Condoleezza Rice, Richard Perle, Paul Wolfowitz y tutti quanti  tendrán por lo tanto que moderar sus propósitos y reservar sus planes de dominación y guerras para después de las elecciones. Siria, Irán y Arabia Saudita pueden esperar. Es preciso ganar la paz después de ganar la guerra. *

(*) Mario Soares, presidente de Portugal en el período 1986-1996.

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