Unos 4.000 médicos se desafiliaron del Sindicato
El 6 de julio de 2001 cerraron las mutualistas MIDU y Comaec, y luego en diciembre de 2002, bajaron sus persianas Central Médica y Oca Larghero. Entre las cuatro instituciones se perdieron más de 650 fuentes laborales de médicos y sólo 58 fueron reabsorbidas por otras instituciones.
Los médicos consultados por LA REPUBLICA manifestaron, en su mayoría, discrepancias con la actual dirección del Sindicato Médico del Uruguay (SMU).
El obstetra Ruben Panizza dijo a LA REPUBLICA que «el médico que haya trabajado en alguna mutualista clausurada se encuentra solo y abandonado».
Panizza participó en el conflicto que se desarrolló en noviembre de 2002, cuando los médicos incentivados del sector público vieron peligrar el ajuste salarial por IPC convenido en su contrato con el Ministerio de Salud Pública. En esa oportunidad los médicos incentivados no sólo fueron representados por el SMU, sino por las propias gremiales de los especialistas.
«El SMU no defiende los sueldos de los médicos o no reacciona y por eso no todo el mundo se ve representado. También por esa causa se generan ámbitos separados del SMU, como son los gremios de las especialidades, que en definitiva, terminan siendo grupos corporativos, y que existen porque no hay otra salida», dijo Panizza.
El SMU registra una baja de alrededor de 30% de aportes en las cuotas de sus socios, entre otras razones, debido a la no credibilidad del gremio a la hora de los resultados ante distintos problemas sindicales. El SMU contaba con una masa de socios que rondaba los 12 mil.
Panizza dijo que «existe tal crisis que aceptamos cualquier plata porque hay desesperación. En las ambulancias se está pagando en muchas empresas entre $30 y $40 la hora de los médicos. Hay médicos que por trabajar tantas horas no estudian, se equivocan, están cansados, y no tienen tiempo de actualizarse». Panizza añadió que «el SMU no pelea por resolver las diferencias enormes de salarios que existen entre los médicos, donde unos pocos ganan mucho y muchos médicos ganan poco».
Los peores conflictos
De los 100 médicos que trabajaban en la ex Comaec, ninguno fue reabsorbido por otras instituciones, a pesar de que cuando cerró la cooperativa los afiliados se dispersaron entre otras entidades. Los médicos de Comaec habían aceptado en julio de 2001–a diferencia de los de MIDU–, incorporarse al Plan B que intengra el documento de la Comisión Multisectorial del 4 de abril de 2001. Este plan supone la reinserción de trabajadores en función de los socios que se incorporaran a las entidades médicas sobrevivientes.
«El SMU no ha hecho nada por nosotros», dijeron a LA REPUBLICA varios médicos de la ex Comaec.
Para 16 de los 250 médicos que trabajaban en MIDU, en tanto, comenzaron a funcionar en enero de 2003 en cooperativas médicas en Florida y San José. En estas dos entidades trabajan en total 18 médicos, 16 de ellos forman parte del núcleo de la ex MIDU y los dos restantes pertenecen a la ex Comaec.
En cuanto a los 150 médicos de Oca Larghero, ninguno logró reinsertarse en otras mutualistas, a pesar de que esas otras instituciones obtuvieron socios de Oca Larghero.
El SMU no firmó el llamado Plan B del 4 de abril de 2001, porque según lo refrendó una asamblea, el apoyo a ese documento significaba admitir el cierre de instituciones. Sin embargo, una vez que llegó el final para Oca Larghero, médicos consultados por LA REPUBLICA dijeron que procuraban la reinserción laboral, «ya que confiábamos en el peso político que pudiera demostrar el SMU».
El médico Enrique Azán entendió, en tanto, que «el SMU no hizo nada, aunque me consta que tampoco tenía mucho para hacer. De hecho el SMU no firmó el Plan B».
Ante el cierre de Central Médica el panorama se presentó algo distinto, tras el acuerdo entre el MSP, la Federación Uruguaya de la Salud y el SMU, en mejorar el Plan B, es decir, recibir distintas propuestas de otras entidades para saber cuál absorbía mayor número de fuentes laborales y en qué condiciones.
De los 130 médicos que trabajaban en Central Médica fueron absorbidos 40 por parte del Círculo Católico, institución que resultó ganadora entre todas las ofertas y a la que ingresaron 6.748 socios de la entidad cerrada. El resto de los médicos conformará una bolsa de trabajo.
Desde la Comisión de Asuntos Sindicales del SMU, Marcelo Ghemi, dijo a LA REPUBLICA que «las opciones de Cudam y Cima eran mejores porque absorbían a todos los trabajadores, pero la FUS (gremio de los funcionarios) se inclinó por el Círculo Católico debido a su peso institucional». Consultado sobre el peso del SMU, Ghemi respondió que «es bastante discutible si el SMU como gremio es fuerte o no. En la realidad los dos gremios –SMU y FUS– son tomados en cuenta». Agregó que «el SMU no tenía posibilidad de decidir porque la comisión que declaró ganadora al Círculo Católico fue formada por el ministerio».
Entre los conflictos también se cuenta el de la UCM, donde quedaron 100 médicos sin trabajo debido a una reestructura empresarial.
El médico Francois Bordé indicó que «el SMU dio su apoyo en una situación muy especial, pero en general su acción fue positiva». Desde otro punto de vista, Bernardo Pérez dijo que «el SMU quiso apoyar pero se vio superado por su estructura gremial y terminó con 100 médicos en la calle. El ejemplo de AEBU es claro: cerraron bancos pero los bancarios siguieron cobrando y las mutualistas es a la inversa, no cobramos durante meses. Los bancarios llaman a la prensa, van al Parlamento, se movilizan y hacen asambleas. El SMU, en cambio, a la hora de defender los ingresos de los médicos, no los defiende». *
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