El "doble juego" del canal Al Jazira

Nuestro amigo el emir

En marzo de 2002, cuanto ya estaba en curso la planificación de la guerra contra Irak, el vicepresidente Cheney se reunió en Doha con el emir de Qatar, Hamad Bin Jalifa a Zani, propietario del canal árabe Al Jazira, después de otra reunión en Manama, con el rey Hamad de Bahrein, otros de los aliados militares de EEUU en la región.

El objetivo de su gira por los estados del Golfo fue el de buscar apoyos para la invasión a Irak, planificada por Rusmfeld y Tommy Franks. En Qatar se encuentra el comando central de las tropas estadounidenses estacionadas en la región del Golfo Pérsico. Washington y Doha firmaron un acuerdo de seguridad en 1992, y sus tropas realizan regularmente maniobras conjuntas. Allí se instaló el centro de mandos de la coalición militar que invadió y se apoderó de Irak en sólo 22 días.

Su comandante actual, el general Tommy Franks, fue el planificador estratégico del ataque militar junto al halcón del Pentágono, Donald Rumsfeld. Franks, como el resto de los halcones, tienen en el dueño de Al Jazira a su aliado más incondicional en la región.

El Estado de Qatar es una monarquía tradicional gobernada por Hamad bin Jalif. Hace siete años el emir se apoderó del poder derrocando a su padre en un golpe de estado incruento. El monarca es dueño del principal centro financiero de la región, un «paraíso fiscal» donde se sospecha que confluye el dinero negro del narcotráfico y de la venta de armas en la zona.

Las fortunas de Bin Laden y del propio Saddam Hussein estuvieron vinculadas a las operaciones financieras del emir, según informes existentes en el Senado de Estados Unidos. Los propios republicanos del Congreso estadounidense señalan a Qatar como un centro importante de las redes de financiación del terrorismo islámico, particularmente de la organización Al Qaeda. Eso no le impidió al Pentágono y al Departamento de Estado norteamericano, en manos de los halcones republicanos, establecer una alianza militar estratégica con esa monarquía para atacar a Irak.

El canal personal del emir

Un año después de su ascenso al poder el emir invirtió 150 millones de dólares (algunos afirman que esa suma asciende a U$ 500 millones) para lanzar la cadena televisiva Al Jazira. Un canal considerado por la prensa internacional como el arquetipo de la «independencia informativa» en el mundo árabe.

Mientras Al Jazira desarrollaba con éxito sus primeras coberturas «críticas» a EEUU, su propietario se dedicaba a profundizar sus lazos con la Casa Blanca y el Pentágono, particularmente con Cheney y Rumsfeld, con quienes mantiene una fluida relación personal.

Las autoridades saudíes le recalcaron por entonces a Cheney que «no permitirían utilizar sus bases para atacar Irak en una operación masiva», según información procedente de las principales agencias de noticias por esos días. La oposición de los saudíes a servir de principal plataforma de lanzamiento del ataque a Irak llevó  según esas mismas fuentes  a que Washington tomara la decisión de trasladar sus bases desde Arabia Saudita a Qatar.

La base aérea Udeid, de Qatar, dispone de instalaciones abundantes y tiene las pistas de aterrizaje más largas de la zona, lo que facilitaría una eventual mudanza a ese país donde los estadounidenses ya tienen instalado el comando estratégico de todo su poder bélico concentrado en el Golfo Pérsico.

El jefe del Comando Central del Ejército de EEUU, general Tommy Franks, máximo responsable de las operaciones militares en el Golfo Pérsico y el Asia Central, es amigo personal del emir y ambos se reúnen con frecuencia para tratar «asuntos de cooperación militar» entre ambos países.

Durante la invasión militar a Afganistán conducida por Franks, el canal Al Jazira reemplazó a la CNN en la cobertura informativa de la guerra. Sus reporteros y corresponsales ingresaban adonde los de la CCN no podían, y la cadena multiplicó así su audiencia a 30 millones de televidentes diseminados por territorio árabe. El canal instalado en Qatar, a poca distancia del centro de operaciones estadounidenses, acrecentó su influencia y se convirtió en fuente permanente de las cadenas informativas occidentales.

A tal punto, que sus analistas y columnistas (pasando por alto la alianza militar de su propietario con los invasores de Afganistán y de Irak) lo llenan de elogios calificándolo como expresión de la «libertad informativa» en el mundo árabe. Después de la citada reunión de Cheney con el emir, el ministro de Asuntos Exteriores de Qatar, jeque Hamad Bin Yasem Al Zani, dijo en Washington que su país «consideraría una petición estadounidense para usar la base aérea de Al Udeid en un eventual ataque a Irak».

En setiembre de 2002, en plena avanzada del objetivo Saddam, las autoridades del régimen teocrático iraní acusaron al emirato de Qatar de «traicionar a los árabes y ayudar a EEUU a imponer su hegemonía» en la rica zona petrolera del golfo Pérsico.

«Estados Unidos va a usar el suelo de un país musulmán para asesinar al pueblo iraquí e imponer su dominación sobre Irak y desde allí a toda la región», advirtió el ayatolá Ahmad Yanati, una de las figuras del conservadurismo iraní.

La CIA y la «libertad de expresión»

Una periodista de Radio Nederland, Rosa Meneses Aranda escribió: «La televisión por satélite qatarí Al Jazira está quitando el sueño a los estrategas estadounidenses que tratan de minimizar el impacto en la opinión pública mundial de los ataques contra Afganistán. Estados Unidos no ha podido evitar que el mundo alcance a ver imágenes de los bombardeos, de las víctimas civiles o del éxodo de los refugiados difundidas a través de la única cadena de televisión que cuenta con periodistas en Afganistán. Por primera vez desde la Guerra del Golfo, la CNN tiene un competidor que no duda en mostrar las dos caras del conflicto». Al final de su nota dice la periodista: «Si en la Guerra del Golfo la CNN revolucionó la televisión, hoy, en la ofensiva contra Afganistán, es el turno de que los medios de comunicación del mundo aprendan la lección de Al Jazira».

Obviamente esta periodista, como tantos otros de los medios capitalistas, «desconoce» , o pasa interesadamente por alto, los acuerdos entre el dueño de Al Jazira con los máximos responsables y planificadores de las dos guerras de conquista lanzadas por EEUU después de los ataques a las Torres Gemelas.

Creer que el propietario de una cadena de televisión no ejerce ninguna influencia en su línea editorial, pensar que Al Jazira, el canal del socio principal de EEUU, es un canal «independiente», es verdaderamente un absurdo. Para los expertos en las andanzas de la CIA, Al Jazira es el más alto exponente mediático del doble juego, o doble discurso, que la Agencia le imprime a sus actividades por el mundo utilizando sus U$ 14.000 millones de presupuesto.

Por un lado lanza operaciones especiales contra el «terrorismo internacional», y por otro infiltra a las organizaciones radicalizadas islámicas y las utiliza para sus propias operaciones secretas destinadas a colonizar el mundo árabe. El propio ataque a las Torres Gemelas fue denunciado, desde dentro y fuera de los Estados Unidos, como una operación de la CIA orientada a fabricar la imagen del «nuevo enemigo» para las nuevas invasiones militares que se avecinaban.

Las diversas «apariciones» de Bin Laden en videos y amenazando con atentados terroristas se concretaron a través de Al Jazira. Y el resultado siempre fue el mismo: EEUU utilizó esas amenazas para justificar sus ataques militares o para convencer a sus aliados de que el «peligro terrorista acecha».

En ese sentido, la línea editorial de Al
Jazira está destinada a crear una «falsa oposición» en el plano informativo, con la finalidad de afirmarse en la credibilidad de los sectores árabes enemigo de Estados Unidos. Y desde allí operar para los verdaderos objetivos de su dueño y de sus socios estratégicos, los halcones del Pentágono estadounidense.

Con un presupuesto de 30 millones de dólares y su equipo integrado por ex periodistas del servicio de noticias en árabe de la BBC, Al Jazira se ha convertido en el eje central de las operaciones mediáticas de la CIA en el Medio Oriente y el Asia Central.

El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, y la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, amigos y aliados de su propietario, fueron los primeros en conceder entrevistas a Al Jazira. Les siguió el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld.

Ahora, Washington estudia la posibilidad de que sea el propio presidente, George Bush, el próximo en hablar al mundo árabe desde esta cadena. La propia CNN a suscripto un contrato de exclusividad con el canal qatarí. El acuerdo obliga a Al Jazira a retener cualquier emisión durante seis horas, antes de entregarla al resto de cadenas. *

(*) Publicado en Rebelión

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