A PESAR DE LLEGAR AL LUGAR LA RED DE OSE, EL ASENTAMIENTO DE NEPTUNIA NORTE NO TIENE AGUA POTABLE

Temen emergencia sanitaria en comunidad de la Costa de Oro

En El Riacho, Néstor Mesa, Silvia Acevedo, Juan Carlos Mesa, Elsa Etchegoyen, Daniel Rosa, Carolina Ayala y Ruben Fernández explican:

«Aquí hay agua potable sólo para algunas familias. Llega hasta el merendero, que está más o menos a 150 metros hacia adentro del asentamiento. De allí en adelante, no hay agua potable. Nosotros hemos pedido que le den agua a toda la gente que vive aquí, pero no pasa nada. Lo que pedimos es muy fácil de hacer, porque la conexión con la red de OSE ya está y lo único que se necesita es una extensión que cuesta muy poco y se instala rápidamente. Nosotros podemos aportar mano de obra y colaborar en lo que sea necesario para que toda la gente de aquí tenga agua. Fíjese que tenemos servicios de UTE y de Antel, pero no algo imprescindible como el agua potable». En presencia del edil departamental Rolando Ache, quien desarrolla una intensa actividad en asentamientos de la zona, subrayan que sin agua potable la numerosa población infantil de El Riacho corre serios riesgos: «Tenemos que usar agua de pozo, no hay otra. A veces el agua sale barrosa, sucia, con mal olor. ¿Le parece que podemos cocinar con eso, darle esa agua podrida a los chiquilines? Aquí hay por lo menos 13O gurises y no se puede seguir poniendo en peligro su salud». Si el agua contaminada detona una epidemia en El Riacho, las consecuencias pueden ser trágicas porque la zona no cuenta con servicios públicos de salud eficientes y cercanos: «Lo más cerca es la policlínica de Salinas, pero si vas, pasa que está cerrada o no hay médicos o no tiene los medicamentos que necesitás. En casos de urgencia no podés contar con esa policlínica y tenés que ir a un centro de Salud Pública que está lejísimo, por Lagomar. Si el asunto es grave, te podés morir antes de llegar».

La calle que fue lago

Un serpenteante camino de tierra arenosa lleno de pozos es la «calle central» y única de El Riacho. Nace a pocos pasos de la ruta y muere a corta distancia del arroyo Tropa Vieja, entre agua estancada y una selva de chircas. Cuando llueve mucho, ese largo camino abierto por el uso, es virtualmente intransitable pero las autoridades municipales no lo convierten en una verdadera calle porque, según dicen, es parte de un «asentamiento irregular». El Riacho necesita que arreglen urgentemente ese camino y los vecinos que hablaron con LA REPUBLICA están dispuestos a hacerlo si les proporcionan el material necesario, pero «tampoco pasa nada con esto y seguimos sin calle», afirman.

El año pasado, una inundación convirtió al camino en un enorme lago profundo y fétido, recuerdan en el asentamiento: «Abrieron las compuertas del arroyo Pando, se desbordó el Tropa Vieja y el agua se nos vino encima con una fuerza tremenda, se metió en las casas, se tragó muebles, alimentos, ropa, todo. Mucha gente perdió lo poco que tenía, se quedó sin nada, más jodida que nunca». Miguel Olmos, habitante de El Pinar y miembro de un grupo de vecinos que lleva adelante campañas solidarias en la zona, dice:  Lo que pasa en El Riacho también pasa en muchos otros lados de la Costa de Oro. Sólo en el área que incluye a ese asentamiento hay 18 mil personas que beben agua de pozo, venenosa.

 Y también sufren inundaciones.

 Sí. Caen cuatro gotas y se inundan. El manejo de los arroyos es de terror.

 ¿Y qué hay que hacer?

 Hay que hacer obras como la que pide la gente de El Riacho y de otros asentamientos. Si eso no se hace, el agua, que es fuente de vida, será agua que mata para muchísima gente. El futuro cercano puede ser trágico aquí.

Sin respuesta

La gente de El Riacho se siente cada día más desprotegida y vulnerable: «Los problemas se agravan y las soluciones no aparecen. Esto es desesperante. El tema de las inundaciones se puede resolver con pequeñas obras de canalización y drenaje, pero no las hacen. Lo del agua potable también se arregla fácilmente y sin embargo no la ponen. Y de la calle ni hablar porque no cuesta nada».

Ache destaca que quienes viven en el asentamiento lucharon mucho y soportaron persecuciones de todo tipo para conseguir y mantener el pedacito de tierra donde ahora tienen sus viviendas: «Es gente que trabajó y se esforzó y lo sigue haciendo», dice Ache en la casa de la familia Mesa, donde se realiza la entrevista colectiva.

Y la gente que se ha reunido en la casa coincide en afirmar: «Si estamos aquí es porque no tenemos otro lugar para vivir. No podemos pagar alquiler y aquí por lo menos tenemos un techo para nuestros hijos y lo queremos conservar y mejorar para vivir mejor. Lo que pedimos es poco, muy poco, pero no hay respuesta. ¿Será que no nos consideran gente?». *

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