Rebeldes potros relinchan por los verdes pastizales

Rueda en el ruedo el bagual, salvaje, poniendo a prueba el coraje del gaucho tan oriental, que se le nota el pañal, que lo acunó sin igual, a orillas del pajonal. Esos payadores, señoras y señores. ¡Sonó la campana! ¿Se rompió? No, sonó de sonoridad, de sonido, del famoso «tañer», porque la campana tañe por medio del badajo que golpea el bronce sonoro. ¿Canta o llora la campana? Es el antiguo ding dong, el bing beng, el ping pong, es la madre de las campanillas que en los recreos nos llamaba a reanudar la clase.

Y me viene a la mente la otra, la perfumada campanilla mezclada con la glicina, su vecina, y el parral. A mi mente le viene cualquier cosa. Acaramelado el pop. Sonó la campana, segundos afuera, y allá va el jinete zarandeado sobre el bagual que le escatima el lomo. No lo quiere al jinete. No le cayó bien el tipo ese, es evidente. Además le ajustó mucho la cincha y le molesta. Apenas si lo pudo ver de reojo cuando lo largaron, apenas si le escuchó el grito entre tanto grito, apenas si lo pudo olfatear entre tantos olores, pero es de ver que no le cayó bien ese jinete. Sin duda, dure lo que dure la fea faena, no le permitirá que se siente cómodamente, porque mirando bien, ese tipo es un confianzudo. ¿No tiene otro sitio donde ir a sentarse?. ¿No pudo ir más temprano y alquilar una silla por unos pocos pesos, o acaso traerse de la casa un mullido sofá, un humilde banquito? ¿No tiene un taburete para traer y sentarse, sin necesidad de andar molestando a tan noble como afamado animal? Le hace correr las lloronas por las paletas. Es verdad que el bagual tiene fama de antipático, de no llevarse bien con nadie, es decir con ninguno de los que lo quieren montar, y lo bien que hace al negarse. Cualquiera, con dos dedos de frente por uno de dignidad, haría lo mismo. A nadie le gusta que le hagan correr las lloronas por las paletas. Es un potro indómito, señoras y señores, un hijo de nuestra raza caballar, libertaria, la que no sabe de herrajes ni se doblega con espuelas y rebenques. Atención que ahora el bagual mete la cabeza entre las patas delanteras, se hace un ovillo, no precisamente de lana porque el caballo no es un lanar, pero se hace un ovillo, y de pronto se endereza de golpe, se estira, se retuerce en el aire, corcovea, patea, putea, maldice la hora en que lo trajeron a Montevideo, tan bien que estaba allá, en el campo abierto y florido, con aquella yegua que le relinchaba del otro lado del alambrado, y él corriendo de cola parada como un signo de interrogación, sin capataz ni patrón, escuchando un pericón, que viene desde muy lejos, y sintiendo el canto añejo, que lo nombra en la canción. Esos payadores, flor y nata del verso repentino. Y ya está pronto el otro competidor amarrado al palenque numero tres. Lo tienen entre siete, son muchos, lo encapuchan, che, la pucha, que feo que luce un bagual encapuchado, con el vendaje en los ojos para que no sepa dónde está, para que no atine, para que hoy o mañana no reconozca a los del palenque. Acaramelado el pop. Vuela un gaucho, cae, y le suena, le retumba el costillar sobre la corteza del planeta, pero ágil se levanta y saluda como si no le doliera nada. Y allá va el potro, liberado de jinete, crin al viento, arrogante pero nervioso, le brillan los grandes ojos, está rodeado, caramba, no encuentra salida, pero allá está el potrero y ya más tranquilo, pasado el sofocón, entra y se reúne con sus compañeros de martirio. Por hoy, para él, se acabó la doma. El jurado le da un puntaje por su labor que fue buena, meritoria, no como algunos que salen parejeros y corren dando saltitos bobos. La de él fue encomiable, pero nadie lo aplaudirá, y lo sabe, y por eso no sale a saludar. Mañana, allá, en otros pagos, los amansadores lo intentarán de nuevo, y otra vez, y otras muchas veces más. Y le irán quebrando la voluntad, a cualquiera se la doy, se irá acostumbrando al cojinillo, a la montura, al freno, al montador, y se hará manso, con algunas mañas quizás, como tantos hombres, pero nada más. Atención señoras y señores, que aquí viene el campeón, al galope va dando la vuelta al ruedo, aludo sombrero en alto saluda, y la gente aplaude el paso del domador que lleva la bandera flameando en el viento de la Patria. Al pop acaramelado el pop.

* Humorista

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