La lluvia hizo resbalar a los potros pero igual hubo dos vueltas de honor
A pesar del mal tiempo que se apropió en las últimas horas del sur del país, la Criolla del Parque Roosevelt se llevó adelante con buen marco de público. Una de las característica relevantes de este ruedo es el lugar donde se emplaza el Parque Roosevelt, un predio lleno de eucaliptus donde las lonas, las carpas, los camiones y los caballos pasean entre el gentío. El Parque tiene 142 puestos de venta, más la plaza de comidas, llamada patio criollo, donde se ofrecen asados de carne vacuna, corderos, pizzas, roscas y otras delicias que distinguen a la Criolla del Roosevelt.
No es un atractivo menor el que no se cobre entrada, salvo para el ruedo donde se hacen las domas, lo que explica seguramente que miles de uruguayos lleguen hasta el lugar.
Para todos
Los niños también tienen su lugar en el Parque Infantil con varias decenas de juegos, desde los clásicos autitos chocadores hasta los últimos videojuegos, que se pueden disfrutar pagando un tique de $ 15. El acceso al predio es gratuito y tal vez por eso, según Juan Rodríguez, miembro integrante de uno de los dos clubes de Leones que organizan el evento, hayan concurrido en la tarde de la inauguración del Roosevelt unas 50 mil personas de las cuales 6 mil entraron al ruedo.
A pesar de la lluvia, se llevaron adelante todos los ruedos.
Como parte del espectáculo intervino en el ruedo una dotación de coraceros que esta vez no vino a pegarle a nadie, sino que fueron a mostrar que ellos también pueden ser artistas. Con buena voluntad el grupo «Andresito», integrado por oficiales de todo el país hicieron varias piruetas y demostraron que los caballos pueden bailar ballet o casi. Un espectáculo visual bueno.
Pero fueron los ruedos con las clásicas jineteadas los que despertaron mayor admiración y aplausos. Momentos dramáticos se vivieron cuando el jinete argentino Marcelo Uriondo quedó enganchado en un estribo ante una patinada del potro. La rápida y efectiva intervención del personal de campo y apadrinadores evitó males mayores.
El espectáculo siguió con un piso resbaladizo que hacía patinar a los caballos. En la modalidad Crín, se destacó la jineteada de Carlos Gutiérrez que vino desde José Batlle y Ordóñez, y la monta de Jaime Pereira de José Pedro Varela (Lavalleja) que lograron vueltas de honor. Todo era seguido de cerca por cientos de personas que provistas de paraguas, algún pilot y lonas, tomaban mate y comían algo mientras disfrutaban de aquellas escenas donde el jinete intentaba dominar al furioso caballo hasta que sonara la campana.
Familias enteras se congregaron en el predio para disfrutar un momento en familia. «Es lindo estar con la familia acá, venir con los niños, disfrutar de los fogones», dice Mabel. «Somos veinticuatro», dice Anthony, un niño de Malvín Norte, de seis años, mientras comía una torta frita que miembros de su familia preparaban con una garrafa de tres kilos, y al resguardo de una lona enorme que ofició de techo.
Solidaridad gaucha
Los dineros recaudados en el festival son destinados por el Club de Leones para varios centros de salud de Ciudad de la Costa. El año pasado se compró una ambulancia. Una policlínica de Shangrilá es mantenida enteramente con fondos extraídos de esta criolla. *
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