¿Choque de civilizaciones?
El primer enfrentamiento, según él, sería entre el Occidente y el Islam. La guerra de 1991 y ésta de ahora, ambas contra Irak, parecen confirmar su hipótesis.
Poco importan las motivaciones, si místicas, económicas o políticas, el hecho es que Bush apunta a establecer la «pax americana» y uniformizar el mundo bajo los moldes del estilo de vida norteamericano. Después del 11 de setiembre decidió que eso se hará utilizando la fuerza. Nadie podrá desafiar esta pretensión, de lo contrario conocerá, de inmediato, el poder avasallador de Estados Unidos. De este modo, Bush prolonga y lleva hasta las últimas consecuencias la marca intrínseca del paradigma occidental: la voluntad de someter a todo el mundo, vale decir, de implantar un imperio universal. En concreto, la así llamada globalización no es otra cosa sino la occidentalización u «occientoxicación» del mundo.
¿Por qué el primer enfrentamiento se está dando, fatalmente, con el Islam? Porque el Islam es el único que, objetivamente, desafía a Occidente y a Bush en dos puntos básicos de su pretensión: en lo religioso y en lo económico. En lo religioso, el Islam se presenta como una religión superior, porque surgió después del judaísmo y del cristianismo, sintetizándolos y mejorándolos. Tal pretensión cuestiona la legitimidad última de Occidente, que aunque secularizado, todavía se siente portador de la única religión verdadera y superior, el cristianismo, como recientemente lo reafirmó también el cardenal Joseph Ratzinger en nombre del Vaticano, en el documento «Dominus Jesus». A la base de la religión islámica se sedimentó una cultura de reconocida grandeza, no obstante su expresión patológica, el fundamentalismo. En esa cultura se unifica política y religión, cosa que Occidente supo distinguir, para escándalo de los musulmanes que lo consideran ateo.
En lo económico, el mundo islámico y árabe juega un papel decisivo, pues ahí se encuentran las mayores y últimas reservas de petróleo del mundo. Occidente y, sobre todo, Estados Unidos, pueden tener el control de la producción del capital y del saber técnico y científico. Pero ningún auto se mueve, ningún avión levanta el vuelo, ni una bomba inteligente es lanzada sin el petróleo árabe. De ahí la presión y vigilancia de las potencias occidentales sobre los países árabes, dividiéndolos y manteniéndolos bajo un severo control.
Hay una gran decepción e incluso rabia en los pueblos árabes y musulmanes frente a Occidente y Estados Unidos. A pesar de su centralidad en el funcionamiento del sistema mundial, ellos sienten que no cuentan para nada en el moldeamiento de la globalización y del futuro del mundo. Y su religión, la mejor y más alta, es apenas vista como nicho de terrorismo.
En el pasado el Islam amenazó por dos veces a Occidente, en el cerco de Viena, en 1529, y en 1683. Hoy, en la percepción de Bush, la amenaza regresa bajo el espectro de las armas de destrucción masiva y del terrorismo feroz. De ahí el deber de enfrentarla militarmente. Es importante captar estas estructuras ocultas para así entender mejor las razones de la guerra actual. *
* Leonardo Boff es teólogo (Servicio Informativo «Alai-amlatina»)
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