Hoy Juceca

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A mi amigo el Toto Pechuga lo impresionó que la nafta hubiera bajado de precio. Lo fui a ver de pasada, a tomar unos mates calentitos en medio de una tarde fresca y ventosa de las clásicas montevideanas, y lo encontré mirando el televisor blanco y negro del tiempo del ñau. En realidad no se usa más decir que una cosa vieja es «del tiempo del ñau, o del ñaupa», pero yo lo digo cada tanto aunque nunca supe qué quiere decir esa expresión de aparente origen guaraní como ñapindá, ñandú, caipiriña, cuñapirú y otras tantas y bellas palabras heredadas y mantenidas pese al embiste colonialista. Es posible que «ñaupa» quiera decir «fuera de uso», lo cual le crearía a la palabreja una contradicción en sí misma que ya te digo. El hecho es que el Toto tiene ese televisor y lo adora, me dice, porque es más natural, afirma, porque los colorinches de la televisión moderna mienten mucho, asegura, y le hacen creer a la gente que le vida es así, colorida y brillante. Yo le digo que tampoco es en blanco y negro, y él me mira con una sonrisa y sacude la cabeza como dando a entender que sí, que es más o menos blanca y negra, y que para muchos es negra nomás, derecho viejo. Esta deducción final de «negra nomás derecho viejo», se la invento yo porque lo conozco lo suficiente a mi amigo, y no porque su sonrisa y movimiento de cabeza permitan leerle los pensamientos completos, que ni es tanta mi sagacidad ni tanto su poder expresivo. Aclarado el punto entre nosotros, vuelvo al Toto frente a su televisor, no solo blanco y negro sino de 17 pulgadas, chico, le digo yo, y él me dice que es mejor ver las estupideces en miniatura que verlas ampliadas, y yo me cayo porque en ese sentido entiendo que tiene razón. Al tiempo que me ofrece el mate recién cebado me dice: «Bajó la nafta» y antes de que yo conteste debido a boca ocupada con bombilla, agrega apesadumbrado: «Y justo me agarra sin auto». A punto estuve de soplar y salpicar debido al ataque de risa que me produjo tal comentario. En realidad el Toto nunca tuvo auto, así que mal podía agarrarlo la rebaja de la nafta con auto. Se lo señalé, y me salió diciendo que efectivamente, pero que de haber sabido con la debida antelación que la nafta habría de bajar de precio, tal vez hubiese buscado la forma de tener auto. «De cualquier manera – me dijo con una tranquilidad pasmosa -, me estoy ahorrando tres pesos por litro no echado, lo cual, teniendo en cuenta la cantidad de litros que no eché, me da una cifra millonaria». Ante semejante razonamiento me di vuelta y me fui. Salí tan bruscamente, que tuve que regresar al rato, a devolverle el mate. *

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