Un olvido de destrucción masiva

A mí me pasa que dos por tres guardo una cosa y después no la encuentro. La quiero guardar tan bien, para que no se me pierda, que la guardo en algún lugar especial y después no me acuerdo dónde la guardé.

Es tremendo, porque llegado el momento de necesitarla me rompo la cabeza y no hay caso.

Lo peor es que no le digo a nadie dónde guardé la cosa, así que no tengo a quién preguntar, y lo que es peor, no tengo a quien culpar del extravío. Yo soy un convencido de que hay que darse maña, cosa de tener siempre a mano a un culpable.

Ayuda mucho. Tranquiliza y permite conciliar el sueño sin mayor problema. Un culpable, o por lo menos un sospechoso. Alguien, por favor, alguien que nos alivie de tantas responsabilidades y errores. Y de tantos olvidos. El asunto es que yo tomo precauciones.

Un tipo desordenado, debe tomar precauciones para evitar el caos. Seguirá siendo desordenado, sin duda, pero con un método. De ahí que no pueda descuidarse, y deba estar atento para que las cosas no se le traspapelen. ¿Cómo evitar que las cosas se traspapelen? Sacándolas de la zona de los papeles.

Aislándolas, guardándolas en un lugar exclusivo, de no fácil acceso, poco frecuentado. Claro, que luego hay que acordarse dónde, y para ello hay que tener memoria y no ser un maldito desordenado.

Yo, por ejemplo no uso agenda, por dos razones. Una, que me olvido de apuntar las cosas y si las apunto en la agenda después me olvido de consultarla, y otra porque nunca me acuerdo dónde dejé la agenda.

Me refiero a alguna vez que tuve agenda, que intenté ser un hombre con agenda y al final me quedé con papelitos donde me llevo el apunte.

Confieso que todos los años, sobre diciembre, miro las agendas en las papelerías y me viene la tentación de comprar una. Las hay con mapas de la ciudad, lista de teléfonos para casos de emergencia y otros datos para el caso de que uno se encuentre perdido y tenga que consultar.

Algo ideal para un desordenado, pero sé que no la usaré y no la compro. No obstante, he tenido alguna gracias a la generosa intención de ordenarme por parte de alguna amistad que me regala agenda de fin de año. Siempre hay alguien que confía en que uno cambie.

Es gente buena que quiere que uno rinda más, que haga más cosas, que aproveche mejor el tiempo, porque es una lástima, dicen, que uno sea así, es decir, un tipo con condiciones pero sin agenda.

Yo creo que la mayor parte de las cosas olvidadas lo son porque no vale la pena recordarlas. Claro que hay olvidos imperdonables, e inexplicables.

Tal el caso del lugar donde los iraquíes guardaron las armas de destrucción masiva. Tan bien las guardaron, tan bien las escondieron y protegieron en lugar nunca frecuentado, que llegado el momento no supieron dónde estaban, y, por consiguiente, en la última oportunidad que tenían para usarlas, no lo hicieron.

Es posible, no obstante, que las fuerzas de ocupación las encuentren, y entonces sí, por fin, quedará todo aclarado, y todo justificado. *

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