El ritual de volver a dedo
Cuando faltan días para que comience Semana Santa, los jóvenes del Interior, que en su gran mayoría son estudiantes universitarios y que sus recursos económicos se vieron acotados como consecuencia de la grave crisis que atraviesa el país, se preparan para reencontrarse, al menos por un tiempito, con sus afectos y con sus tradiciones.
Una modalidad que ya es habitual para los jóvenes del Interior es «volver a dedo» a casa y para ello la barra de Santa Lucía se convierte en una especie de Terminal Tres Cruces, pero «para los que no tenemos ni un sólo peso», afirma Cecilia, una muchacha que pacientemente espera a que un conductor gentil la lleve hasta su Flores natal.
Mañana será el día de mayor concentración de personas que intentan regresar por las Rutas 1 y 3 a las ciudades de donde son oriundos repitiendo un ritual que se intensifica los fines de semana. Sin embargo, el próximo será especial y «más complicado» porque comienza Turismo y un número importante de estudiantes aprovecha el receso en sus facultades para viajar, afirma la joven.
Mientras hablamos con Ruben, de Fray Bentos, no cesa de llegar gente al peaje de Santa Lucía portando carteles de todos los departamentos o ciudades del Interior del país.
«Hemos llegado a ser 80 personas esperando» que alguien nos levante en camiones, autos o motos, comenta el fraybentino. Incluso hay jóvenes que traen casco de moto por si alguien los puede transportar, «por si las moscas».
El punto de encuentro para todos los que hacen dedo desde Santa Lucía es entre el peaje y la balanza de camiones, un trayecto de unos 70 metros «en donde hay que estar bien atento para poder conseguir locomoción rápidamente.
María Noel, que lleva un cartel donde se lee «Voy para Dolores» explica que ya existe como una especie de manual para el viajante a dedo. «A los primeros que tenés que intentar parar es a los vehículos que tienen chapa del departamento a donde querés ir, porque hay más chances de que te lleven».
A los varones es más difícil que nos levanten afirma el salteño Esteban. «La verdad es que los hombres tenemos que integrar un grupo en donde haya por lo menos una mujer y que ella haga el trabajo, porque así es más fácil que paren. Si estás solo tenés que armarte de paciencia porque podés comerte varias horas esperando».
Cecilia, la chica de Flores, dice que «a veces para gente que sí es de tu departamento, sabe quién sos o por lo menos ubica el apellido, porque allá somos pocos y nos conocemos, y el viaje se hace más placentero y hasta te ofrecen mate».
No obstante, «si el conductor no te conoce uno trata de ser simpático para amenizar el traslado. También así es una forma de agradecer la gauchada».
Los jóvenes aseguran que no se van a dedo por deporte, por ahorrar dinero o por simple aventura, sino que en realidad no tienen recursos para hacerlo por otra vía. «Algunos no tenemos trabajo y a veces aunque dispongas de un ingreso no podés costear el viaje porque ese dinero lo utilizás para comer y para los gastos que requieren los estudios. A eso se suma que nuestras familias están muy complicadas económicamente, porque la verdad es que el Interior se ha venido abajo en estos últimos tiempos», señala Cecilia.
Las cábalas
Los jóvenes comentan anécdotas de todo tipo y entre ellas se encuentran las cábalas para que la espera sea corta.
«Yo tengo este cartelito desde hace por lo menos tres años, lo forré con nailon por las dudas que llueva. Ya está un poco viejo el pobre pero es mi amuleto», cuenta Mario quien muestra el cartón que dice: «Si vas para Paysandú… frená!». Muchos de ellos mantienen sus carteles porque les dan suerte «con él estuve bajo el sol y la lluvia, es como si tuviera vida, a veces le hablo y todo, parezco Tom Hanks y su amigo Wilson (la pelota) en Náufrago» dice el sanducero Mario. La preparación también es todo un ritual «tenés que levantarte temprano y a medida que uno llega ocupa el lugar más cercano al peaje y los demás van haciendo fila detrás. Hay que tomar distancia porque sino la cosa se complica y cuando frena algún camión se arma como una especie de minimaratón y allá arrancamos todos a las corridas y al final el hombre paró porque va para el destino que tenía otra persona y ahí te agarrás la tal calentura», cuenta Mario.
La crisis económica, la suba del combustible y por ende el incremento del precio de los pasajes hace que cada vez más y más jóvenes se sumen a este método de viajar a dedo. Por eso, si lee este artículo y pasa por la barra de Santa Lucía y tiene lugar, reduzca la marcha solidariamente y llévelos, porque al fin y al cabo los muchachos sólo quieren volver al pago. *
Precio de pasajes ida y vuelta
| Artigas | $ 860 |
| Salto | $ 650 |
| Paysandú | $ 496 |
| Río Negro | $ 452 |
| Soriano | $ 438 |
| Colonia | $ 282 |
| Flores | $ 268 |
| Rivera | $ 684 |
| Tacuarembó | $ 670 |
| Durazno | $ 256 |
| Termas del Arapey | $ 761 |
| Termas de Guaviyú | $ 584 |
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