El eterno asunto de las palabras
Algunos, con lamentable pero justificable ligereza dado el apuro de la cosa, dicen que el régimen de Irak se derrumbó. Bueno, está bien que el lenguaje es traposo y que muchas veces se da por sentado lo que se supone que el otro escuchará, pero decir que se derrumbó es restarle méritos a la coalición de fuerzas militares que batalló durante días y noches para derrumbarlo. Como bien dice mi tío Alberto, una cosa es caerse y otra es que lo tiren. Uno, que se ha llevado sus buenos coscorrones por falta de tacto o cuidado, sabe las diferencias. Porque lo importante es conocer y respetar las diferencias. No es lo mismo estar verde que ser bobo, como no es lo mismo estar maduro que estar podrido, con perdón de la palabra desagradable pero insustituible. Porque las palabras tienen eso, que suelen ser insustituibles y no hay sinónimo que valga ni cuerpo que lo soporte. El tío Alberto insiste con las palabras, porque él es muy de conversar, especialmente cuando baila. Nunca fue buen bailarín, pobre, y por eso tenía que preocuparse del asunto de la palabra, la conversación, el lenguaje oral, sin olvidar el lenguaje gestual o sea hacer manito, el apretuje y esas cosas afines a la palabra y el baile. Todo en el justo límite, dice él, porque ahí está el secreto, dice el tío Alberto, en saber dosificar una cosa con la otra, porque el amor, dice el tío, es como la cocina, que si se te va la mano en algún ingrediente es una porquería, y si te quedas corto es una cosa boba, sosa, insulsa, guaranga, decía. Y comenta él, también, las injusticias que comete la palabra, porque una vez conoció a una chica de apellido Sosa, y era de lo más divertida, inteligente y sabrosona para el baile y la jarana, que de sosa no tenía nada, decía él, salvo el apellido, cosa que no se elige porque a uno ya le viene y si le calza le calza, y si no, mala suerte. Con respecto a la palabra, el tío Alberto dice que hay caídas, y caídas. Porque de repente uno cae mal, y de repente uno cae bien. Uno es como una comida, dice el tío continuando con sus comparaciones gastronómicas, porque depende de cómo le caiga al otro, o a la otra, a ella, la soñada, la codiciada, la que uno sacó a bailar sin saber en qué baile se está metiendo, porque las relaciones tienen eso, dice tío, que nunca se sabe cómo van a terminar, y ahí está el encanto, y el peligro. Y algo así pasa en Irak, que los norteamericanos y sus colaboradores belicistas le tiraron con todo para tirar al gobierno dictatorial, así que no me vengan con que se derrumbó. Ni me digan que la estatua de Saddam Hussein cayó como en su momento cayó la de Lenin, porque como dice el tío Alberto, una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa, como dice mi tío Alberto. ¿O no? *
Compartí tu opinión con toda la comunidad