La Columna Amarilla

Con amigos así…

El «fuego amigo» sigue llevándose gente. Amistosamente son bombardeados periodistas, diplomáticos y hasta hospitales.

Como justificación el Pentágono asegura que estas muertes amistosas se vienen arrastrando desde la guerra de Secesión y entonces, fijate vos, nos enteramos que los nazis no fueran tan asesinos como parece, ya que en la Segunda Guerra Mundial los fraternalmente destrozados llegaron a cerca del 20% de las bajas. En Vietnam, dicen, la mortífera amistad subió hasta el 38%, sin contar las granadas que recibían los sargentos y otros oficiales, tiradas por los propios soldados yanquis que estaban hartos de ser mandados a la muerte segura.

Algo que habría que estudiar como para sacar alguna conclusión es que a medida que aumenta la tecnología y los soldados están más lejos de su enemigo pero más seguros de matarlos con toda precisión e «inteligencia», también aumenta  y mucho  la camaradería mortal. En la anterior guerra del Golfo las víctimas del fuego amigo alcanzaron el 49% y, según dice el ejército norteamericano, el 77% de los destrozos que sufrieron sus vehículos blindados fue por amiguísimos cañonazos, morterazos, balazos y misilazos. En Afganistán el promedio se mantuvo y por lo que estamos viendo en esta guerra de ahora, es muy probable que entre los «daños colaterales» (léase civiles muertos o heridos) y los daños de «fuego amigo», las víctimas «legítimas» sean pocas en promedio (¿es legítimo morir asesinado? ¿Y matar?).

Lo que queda por saber es qué piensan de esta «amistad» los familiares de los muertos y heridos. ¿Amigo de quién?, se preguntarán.

Viendo lo sucedido desde el 11 de setiembre de 2001 hasta acá, hay muchos que están dispuestos a asegurar que lo de las Torres fue «fuego amigo». Yo no sé si será verdad, pero lo cierto es que fue muy amigable con los más sucios propósitos de los EEUU y con su peor gente. *

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