La columna amarilla

Diálogo sobre la Ley de Los Juanes

 Buenas, ¿aquí es donde se perdona todo?

 Para eso hay que hablar con Luis o con Daniel. Pero yo igual le puedo dar una mano.

 Yo quisiera entrar en la Ley de los Juanes

 Si su nombre es Juan Carlos o Juan María ya está todo perdonado. Y le digo más, aquí entre nosotros, quien dice Juan María también puede decir Julio María.

 ¿Y Julio Luis?

 A ese lo mechamos de contrabando.

 Yo me llamo Ruperto, pero me dicen Tito.

 Con seudónimo, se me complica. Pero capaz que lo arreglamos, de qué quiere ser perdonado.

 Mire, yo en 1974 tenía una novia.

 Ah, si es violación, sodomía o estupro no hay problema está dentro de «las heridas que no pueden volver a abrirse».

 No, no se trata de eso, es de una mala costumbre que yo tenía.

 ¿Le hacía el submarino, le daba choques eléctricos, la quemaba con cigarrillos, la colgaba? No se preocupe, eso cae en el rubro «no agitar viejos fantasmas».

 No, se trata de algo que yo hice y culpé a otros.

 Ah, traición, desaparición forzada, ejecuciones sumarias, desfalco, malversación, corrupción y afines… ningún problema eso entra en «no tener ojos en la nuca».

 Mire, yo quiero que me perdonen por que no levantaba la tapa del water, siempre la mojaba y mi novia creía que era su hermano.

 Ah, no. Eso sí que no. Nosotros estamos para perdonar aquellas cosas que sirven para mejorar la democracia, la paz, la moral y la ética de nuestro país.

 Perdone. *

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