Los nuevos esclavos
Lo que parece ser algo común en los departamentos fronterizos, es extraordinario para el resto del país que no está habituado a este tipo de explotación laboral, donde el salario, la informalidad, el techo y la comida es de una precariedad extrema. Esta realidad fue detectada el pasado martes por una inspección del Ministerio de Trabajo conjuntamente con la Dirección Nacional de Aduanas, tal como lo informara LA REPUBLICA en su edición del miércoles, cuando se confiscó un millonario contrabando de maquinaria pesada.
En ese operativo las autoridades constataron que ciudadanos brasileños trabajan en régimen de semiesclavitud para una empresa forestadora chilena instalada en Rivera.
Durante el procedimiento aduanero los funcionarios descubrieron a una veintena de personas, todas ellas ciudadanas brasileñas que trabajaban en condiciones infrahumanas.
El juez de 2do. Turno Néstor Valetti, ordenó el allanamiento en la empresa forestadora ubicada en el kilómetro 60 de la ruta 5. La información manejada por el magistrado indicaba que allí se trabajaba con maquinaria en infracción aduanera. Una vez que una delegación de Aduanas y el Ministerio de Trabajo llegó al lugar, detectó que varios de los trabajadores huyeron pero se encontraron 40 colchones. Varios de los empleados que permanecieron, presentaban heridas y señales de malos tratos.
Según informaron fuentes de la dirección de Aduanas, el establecimiento rural que tenía maquinaria pesada de contrabando, se prepara para forestar más de 4.000 hectáreas. De acuerdo a la información recabada, normalmente trabajan dos cuadrillas con un total de 40 personas, pero como había llovido, sólo estaba en el lugar una de ellas con unos 20 trabajadores.
Se comprobó que esta gente vive toda junta en galpones precarios. Diariamente comen guiso, duermen en un pabellón en colchones ubicados sobre el piso de tierra o sobre tanques de plástico. También carecen de energía eléctrica. Ante esta situación, el Ministerio de Trabajo comenzó una investigación para determinar responsabilidades, la que podría recaer en una empresa brasileña, subcontratante de la forestadora chilena, y que era la encargada de tomar al personal para las diferentes tareas realizadas en la forestación, como ser la creación de caminos, la eliminación de hormigas o la preparación de la tierra.
La mayoría de estos indocumentados trabajan en la forestación pero también están quienes se desempeñan en plantaciones de arroz.
Por su trabajo reciben una paga mensual de 220 reales que equivalen a unos $ 1.200.
Lo peor de esto es la resignación de gran parte de la población que acepta este tipo de tareas por necesidad y lo toman como algo normal dentro del departamento fronterizo. *
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