La última voluntad
El joven condenado por la Justicia por un caso de eutanasia sostuvo que ayudó a su madre a morir, «por su propia causa, (porque) ella no quería seguir sufriendo». Varios testigos y familiares señalaron que la mujer había solicitado ayuda para morir y que había rechazado los programas de asistencia médica para mantenerse con vida.
La Justicia no determinó si se trató de un asesinato, o un acto de misericordia, aunque ambos casos son sancionados por la ley. Al no existir una solicitud formal de la madre para recibir una muerte asistida, el juez se inclinó por castigar al joven procesándolo con prisión. De cualquier manera también es ilegal asistir a una muerte con consentimiento. Las manifestaciones de los parientes sobre esa solicitud, no tuvieron un peso decisivo en el fallo judicial, ya que se duda sobre la capacidad de una persona gravemente enferma, de resolver sobre la vida y la muerte.
Según el fallo, «el respeto a la vida, aún en el caso de que esta sea de dudoso valor, es un principio que debe primar, por eso, las denominadas muertes por misericordia, se deben castigar».
El proporcionar ayuda para morir está considerado como homicidio, no como asesinato, y conlleva un castigo menor.
La eutanasia está prohibida aunque el paciente haya manifestado su deseo de recibir ayuda para morir. Los médicos deben respetar sin embargo el deseo del paciente de no recibir medicamentos u otro tipo de asistencia para mantenerse con vida, aunque el desenlace sea la muerte. La ley tiene además otra zona dudosa. El suicidio no es castigado, y por lo pronto, tampoco su asistencia.
En Suecia existen por lo menos tres casos, desde la década del 70, en que las personas acusadas de asistir a otras a morir, han recibido sanciones leves. Una mujer que ayudó a su esposo a morir, cuando éste estaba gravemente enfermo, fue castigada con un año de cárcel. La misma sanción sufrió un hombre en la década de los 80, cuando asistió a su concubina a fallecer. Este hombre la había salvado de un intento de suicidio, pero después se arrepintió y la ayudó en su deseo de morir.
Finalmente, en la década del 90, una madre eludió la prisión, al ayudar a su hija enferma a suicidarse. Le puso las mortales pastillas en la boca, pero fue la enferma la que las tragó, por su voluntad, según el fallo judicial que catalogó el caso como suicidio.
Una encuesta repetida en Suecia durante varios años, ha revelado una mayoría constante, de entre 60 y 70 por ciento, a favor de una muerte asistida. Sin embargo, todos los partidos políticos están en contra de legalizar la eutanasia.
Varias organizaciones sociales se han formado en torno a este tema. «Si a la Vida» y «Derecho a nuestra propia muerte», son dos de las más activas en contra y a favor de la eutanasia.
El tema de la eutanasia ha sido reincorporado al debate en el Consejo Estatal de Etica Médica, un organismo que asesora al gobierno en estos temas, y es abordado en un seminario en el importante hospital central «Karolinska».
«El tema de la eutanasia es siempre actual y ahora está en nuestro orden del día», explicó el secretario del Consejo Estatal de Etica Médica, Lotta Eriksson. Por su parte, el escritor y médico, P. C. Jersild, integrante del Consejo, reconoce que «la mayoría del pueblo está a favor de una muerte asistida, y esa mayoría es más amplia entre los jóvenes. Yo como médico considero que pueden existir casos en que es necesario una ayuda para morir».
«El argumento a favor es que cada individuo debe tener derecho a decidir cuando es tiempo de terminar con su vida, y que la ayuda para morir es un acto humanitario en el sentido de terminar con el sufrimiento de personas gravemente enfermas y que solicitan esa ayuda».
«Yo espero que Suecia, alguna vez, permita esta asistencia», concluye Jersild.
Por otra parte, el también médico, integrante del Consejo, y representante del Partido Moderado (de derecha) en la Dirección de la Seguridad Social, Leif Carlsson, opina totalmente lo contrario. «El objetivo de las instituciones de salud es curar, aliviar y confortar, pero no matar. Si ello estuviera permitido, se correría el riesgo de disminuir la posición de la salud ante los ojos de la sociedad».
«Muchas personas están preocupadas por el sufrimiento y la larga agonía de los ancianos. Podría ser fácil permitir a esas personas a decidir sus muertes. Pero el desafío para la sociedad es en cambio, darle a las personas una vejez digna y no una manera moderna de terminar sus días».
El debate sobre la eutanasia tendrá lugar nuevamente en estos días en el principal hospital sueco, el Karolinska. En ese debate se incorpora la experiencia de Holanda que ha legalizado la eutanasia. En Holanda, los médicos pueden proporcionar ayuda para morir a pacientes que lo desean y que sufren de enfermedades incurables y mortales.
El médico debe reportar el deseo del paciente a un comité especial, y éste demanda la opinión de otro médico para resolver el caso. Esto ha llevado a que muchos médicos evadan los trámites, y utilicen dosis de morfina para terminar con la vida de sus sufrientes pacientes. *
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