Hoy Juceca

Preguntas bobas y de las otras

Se dice, desde siempre, que preguntando se llega a Roma. Yo no pregunto, porque no quiero llegar a Roma. Estoy muy bien aquí sin necesidad de andar viajando por el mundo. Además, si quisiera llegar a Roma iba a una agencia de viajes y sacaba un pasaje y me iba derecho a Roma sin ningún problema. Pero es que no quiero ir. No tengo nada contra la capital italiana, incluso nada contra Italia, por el contrario, desde el Dante hasta Humberto Eco pasando por Victorio de Sica, Mastroiani, la divina Sofia y el inolvidable Victorio Gasman, hasta Giusepe el zapatero y los tallarines a la napolitana, es toda admiración lo que siento por los tanos. Pero simplemente ocurre que no conozco a nadie en Roma, de nombre sí, pero personalmente como para ir a golpearle la puerta, no, a nadie. Y además no tengo tiempo. A Roma no se va por un día. No es como Pajas Blancas o Santiago Vázquez, o Sarandí del Yi, sin ir más lejos. Yo tengo familia en el balneario La Floresta, y casi nunca voy, así que menos me voy a largar a Roma donde no tengo ni un primo. Si yo fuera muy católico capaz que iba para la Semana Santa, cosa de visitar la Plaza San Pedro con la esperanza de que justo cuando yo mire así, para el balcón de la Santa Sede, se asome el Papa y me bendiga. Eso sería bárbaro, porque algunas tías mías se morirían de envidia, y más de una se volvería atea porque no es justo, dirían, que este tipo vaya por primera vez a Roma y la emboque con el Papa en el balcón y bendiciendo la zona donde está él, atorrante que nunca se confesó ni se persigna al pasar frente a una iglesia, dirían algunas tías. Pero no es el caso. ¡A santo de qué me voy a poner a preguntar ahora para llegar a Roma!. Por otra parte sería un papelón pararme en una esquina y ponerme a preguntar cuál es el camino para llegar a Roma. ¿Soy tarado yo? Tengo otras curiosidades, señor mío. Otras preguntas son las que me asaltan y perturban mi mente, mi tranquilidad espiritual. Cosas que no comprendo y me intrigan. Por ejemplo: ¿cómo hace nuestro señor Presidente, para lograr una entrevista con George Bush con el despelote que tiene el otro? Con una guerra que se le estira, que se le alarga más de lo previsto por toda la inteligencia de su gobierno, que no será mucha pero es toda, con los abombados que andan en los aviones gastando misiles contra sus amigos los ingleses, con las declaraciones que tiene que hacer a cada rato contra los malos que se niegan a ser liberados, ¿cómo tiene tiempo para atender a este pelagatos que lo va a mangar en fija? Porque por más que el nuestro le vaya a ofrecer apoyo y sumisión de lambeta, atrás de eso hay manga, pedido de dineros para seguir pagando préstamos. ¿Y el otro lo atiende en este momento? ¿Cómo hace nuestro Presidente para que el otro le dé bola unos minutos? Esa sí, esa es una buena pregunta. Y no andar por ahí preguntando para llegar a Roma. ¿O estoy equivocado?, pregunto. *

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