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  • Exclusión y racismo

    Brasil, que cuenta con 51% de afrobrasileños, tiene menos de 1% de negros y negras entre sus estudiantes de medicina

    La aprobación en Brasil de una ley que reserva el 50% de las plazas en universidades federales a estudiantes de liceos públicos, y las distribuye entre negros, mulatos e indígenas según la población de cada estado, crea polémica en un país célebre por su mestizaje.

    Viernes 10 de agosto de 2012 | 05:35

    La ley, aprobada el martes por el Senado tras 13 años de debates, aún debe ser ratificada por la presidenta Dilma Rousseff.

    Sus defensores aseguran que ayudará a compensar décadas de exclusión social y racismo en Brasil, un país en que la mayoría de la población se reconoce en el censo como negra (7,6%) o mestiza (43,1%), pero dónde, 124 años después del fin de la esclavitud, menos de 10% de ellos acceden a la universidad.

    “Es inaceptable que en un país como Brasil, que tiene 51% de afrobrasileños, la carrera de medicina en las universidades federales tenga menos de 1% de negros y negras”, lamentó David Santos, un religioso franciscano que dirige la ONG Educafro en Sao Paulo, en diálogo con la AFP.

    “Esta votación devuelve al pueblo pobre y al pueblo negro la universidad pública”, acotó.

    La ley indica que el 50% de las plazas de las 59 universidades federales del país serán garantizadas para estudiantes que cursaron la enseñanza media en escuelas públicas. De esas plazas, la mitad serán destinadas a estudiantes con ingresos familiares inferiores a un salario mínimo y medio (unos 450 dólares mensuales).

    En todos estos casos, las plazas serán distribuidas de manera prioritaria entre alumnos que se autodeclaran negros, mulatos e indígenas, como mínimo en igual proporción a la población del estado donde se encuentra la universidad.

    La ley prevé que en 10 años, el sistema de cuotas será revisado.

    El único diputado que votó contra la ley en el Senado, el opositor socialdemócrata Aloysio Nunes, llamó a Rousseff a vetar todo el proyecto.

    “Introducir el criterio racial no es bueno porque puede generar profundas injusticias. Dos hermanos hijos de la misma madre, y de padres diferentes, uno puede ser negro o mulato y otro blanco, y son personas con igual nivel social pero estarán en situaciones diferentes”, dijo.

    “No estamos en contra de las acciones afirmativas, pero este proyecto ataca la autonomía de las universidades”, dijo a la AFP el rector de la Universidad Federal de Pará (noreste), Carlos Maneschy, que preside la Asociación de Instituciones Federales de Enseñanza Superior de Brasil (Andifes).

    Maneschy recordó que varias universidades federales ya poseen diferentes sistemas de cuotas y advirtió que el proyecto pretende “uniformizar a todas, sin tomar en cuenta la especificidad y realidad de cada institución y de cada lugar donde está insertada”.

    No obstante, dijo que la universidad de Pará que dirige ya cuenta con un 50% de cuota reservado a alumnos provenientes de escuelas públicas, y de esa cifra un 40% es destinado a alumnos que se autodeclaran negros. Y su desempeño académico es igual al promedio o incluso superior al del resto de los estudiantes, destacó.

    Para Marcelo Paixao, profesor del Laboratorio de Análisis de las Relaciones Raciales de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), esta ley es una oportunidad más para que los más pobres tengan acceso a la enseñanza superior.

    La ley permite “aplicar un mecanismo de corrección a injusticias que perduran hace décadas en Brasil, donde más del 90% de los jóvenes negros están fuera de la universidades”, dijo Paixao. “La universidad brasileña, profundamente desigual, elitista, no cambiaría nunca sola”, estimó.

    El senador afrobrasileño Paulo Paim (Partido de los Trabajadores, en el poder), uno de los mayores defensores de la ley, se congratuló de su aprobación.

    “Quien es negro sabe lo fuerte que es el prejuicio. Rechazar este proyecto significaría no querer que los negros, indígenas y mestizos accedan a la universidad”, dijo a Folha.

    De las 59 universidades federales, 32 ya adoptan diferentes sistemas de cuotas sociales, raciales o de género, pero muchas de manera tímida y con efectos limitados.

    La Corte Suprema de Brasil aprobó en abril por unanimidad la polémica adopción de cuotas raciales en las universidades.

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