Tiene la palabra
El fútbol como reflejo de la sociedad
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* He escuchado muchas veces: «El fútbol, ¿reflejo de la sociedad?» y reconozco que a veces se da. La mayoría de las veces, no. La deficiente actuación de Uruguay me lleva a ponerme analítico. Pero primero que nada, hay que ser justo. A un equipo de un país con sólo tres millones de habitantes no podemos pedirle que tenga en cada puesto un crack; y menos que cada integrante tenga un suplente de igual categoría.
Ningún seleccionado, de estos sub 20 que compiten en este torneo sudamericano, se ha visto privado de seis titulares indiscutidos, como le pasó a Uruguay.
Recordemos que Guillermo Rodríguez era una de las estrellas del equipo; que La Luz era la revelación del año, con sólo 17 años, en Primera División del tricampeón uruguayo; que los violetas Amado y Navarro eran figuras (al primero lo vi en amistosos, con excelente nivel) en las inferiores. Malaca Martínez y Cebolla Rodríguez estaban entre los cuatro mejores cuando sus lesiones los radiaron del equipo. Pienso que, además, Gonzalo Vargas y Peralta tienen edad para «estar» pero, no «estaban».
Creo que ese Polilla da Silva, ex jugador, muy bueno, pero no muy ganador que digamos, como técnico trasunta una imagen de «bacán de bastón». Al traje para los técnicos lo deben haber inventado gente como Casal, o algún argentino. No está en un baile ni en una reunión de burócratas; está trabajando, transpirando o mojándose cuando llueve. Los jugadores modernos son ricos, es verdad, pero cuando llegan al profesionalismo europeo. Los sudamericanos no tienen que dar la imagen de millonarios, aunque se hayan enriquecido. Igual, los técnicos.
El Pollo Olivera, a medio camino entre la fama y el anonimato, debe tener más humildad. Diogo ídem, que todavía no llegó a El Dorado futbolístico, como aquél. Los «Mareros» son peligrosos. ¿No lo vieron al Nico?
Yo entiendo que los campeonatos se ganan con humildad, ésa que está ausente en casi todos los seleccionados uruguayos de los últimos años. Basta recordar las actuaciones de equipos uruguayos, de selección o de clubes, de muchos años a esta parte. Se pelean con los dirigentes, con la prensa; amenazan con no ir a alguna competencia si antes no se aseguran una buena paga. La tozudez de los jugadores, demasiado individualistas, los perjudica, al menos en el caso de esta sub 20. Da Silva debió darle oportunidad a Sebastián Viera en el arco. Desde ya aconsejo a Guerrero, que en Nacional juegue con sencillez; que la categoría que lo hizo sobresalir, a pesar de lo mal que anduvieron casi todos sus compañeros, la siga demostrando en ese futuro brillante que esperamos los hinchas tricolores. Debe ser más solidario, jurar para el equipo.
LUIS CARLOS PIEDRA BUENA – CI 3.400.065-0
Bombas de agua sin mantenimiento
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Con referencia a la carta publicada en vuestro diario el día 18 de enero, titulada «No hay agua potable», donde la señora Ivonne Villanueva denuncia que en el Complejo 113 en el barrio Oficial 1 – 3278 entre Monterroso y Mangangá K 18 «viven todos los días sin agua», debemos aclarar que el problema se origina porque:
– El Complejo se abastece de agua mediante un sistema de tanque inferior, bombas y tanque superior.
– Se ha comprobado que las bombas no poseen automático para su arranque o parada.
– No se realiza a la mencionada maquinaria el mantenimiento adecuado por lo que se interrumpe el normal suministro de agua.
– La deficiencia en el servicio no se debe a un mal suministro por parte de OSE sino a un problema interno del Complejo.
Desde ya agradezco la publicación de esta nota y lo saludo atentamente.
VICTOR MARISCALCHI – JEFE DE RELACIONES PUBLICAS
Masonería
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* En mis periódicas visitas a Montevideo siempre tengo la oportunidad y satisfacción de leer su diario que conozco desde los comienzos ya que estuve varias veces en esta ciudad. Además de los artículos y editoriales siempre interesantes aprecio ese espacio que usted ofrece a los que lo interpelan directamente y a los que quieren opinar.
El año pasado usted publicó una carta mía con que salí en defensa del Colegio Sagrada Familia y de su director atacado sectariamente por un ex alumno.
Ahora encuentro dos cartas de los días 5 y 6 de enero que considero un abuso del espacio que usted ofrece tan gentilmente llenándolo de insolencias.
La primera: en defensa de la masonería firmada por un anónimo masón. Por considerarla muy larga no se le mandé al diario, pero la entregué al cura incriminado (P. Vitale) y que él hiciera lo que considerara oportuno. La segunda, con el título «No basta pedir perdón», me impulsa a dar unas explicaciones pero sin contestar con insultos gratuitos como hace su autor: Walter Durán.
Como sucede a menudo, cuando faltan conocimientos y serenidad, las manifestaciones escritas u orales están marcadas por estallidos de bilis que no ofrecen nada positivo y dejan al autor marcado con la seña del sectarismo y la irracionalidad.
En esa carta arremete contra la Iglesia Católica con motivo de los hechos dolorosos que han sucedido en el ámbito eclesial y los presenta como si fueran los únicos acontecimientos que marcan la vida de la Iglesia, desconociendo una larga historia de veinte siglos de entrega y de heroísmo.
Sepa el señor Durán: 1º. Que la iglesia enseña que nos basta pedir perdón y ella ha pedido perdón y ha ofrecido las reparaciones conforme a justicia. 2º. Nadie sufre tanto a causa de esos hechos como la Iglesia misma, pues es la que está en mejor condición para valorar su gravedad. ¿Por qué el señor Durán usa un lenguaje que carece de la menor pizca de serenidad y de justicia? Pues afirma: «¿Por qué la Iglesia y sus ciegos feligreses no reparan sus crímenes?». Luego carga sobre las espaldas de la Iglesia: «Negros esclavizados, judíos masacrados, musulmanes conquistados. Brujas asesinadas en las hogueras de la Inquisición, niños violados por pederastas con sotanas». A cada una de esas situaciones yo podría oponer un número mayor de gestos inspirados en el respeto y en el amor. Bastaría recordar las misiones en Africa, a los judíos salvados durante la persecución nazi (no obstante las objeciones interesadas de algunos grupos). Rescate de niños y niñas de situaciones de pobreza y humillación. Y no podía faltar en esa catarata de acusaciones la de «las riquezas de las cuales tendría que desprenderse para resarcir a sus víctimas». Le pregunto: ¿cuáles son las riquezas de la Iglesia: los templos, las universidades, las escuelas, los leprosarios, los hospitales? ¿Qué estaría dispuesto a comprar él para ayudar a resarcir los daños? 3º. ¿Se ha enterado de las persecuciones, atropellos, asesinatos de católicos que han elevado el número de víctimas de este último siglo a un número mayor de los mártires de los primeros siglos? ¿Recuerda a los siete pacíficos y servidores cartujos que fueron degollados en Argelia en 1996 por los musulmanes y que nunca se recibió ni una explicación ni una reparación? Yo leí hace poco que en los últimos decenios han sido asesinados 130.000 cristianos y la mayoría por los musulmanes, y no ha mediado ni pedido de perdón ni reparación. Es bien que el señor Walter Durán sepa que en Sudán, en Indonesia y en Filipinas hay un verdadero movimiento de exterminio de los cristianos. De saber todo
eso el señor Durán no habría remachado su carta con una muy deplorable afirmación: «Una cosa está clara, ellos (¿quiénes?, ¿cuántos?, ¿dónde?) no son los que siguen a Cristo, sino los que los matan una y otra vez».
Antes de terminar esta carta quiero preguntarle si conoce cuál es la gran tragedia de nuestro tiempo (como reza el título de un artículo de una autorizada y bien informada revista «La civiltá cattolica»): «El abuso sexual de los niños» que una mafia internacional recluta y envía a distintos centros de prostitución infantil y juvenil.
Según los cálculos de la misma revista en la sola Tailandia habría unas 800.000 víctimas. Pues bien, ¿quiénes luchan contra esa tragedia? Por cierto gente de buena voluntad y, en primera fila, grupos organizados de cristianos y sacerdotes católicos.
Saludos al señor Director muy atentamente, y gracias por el espacio que me concede.
JOSE GASPARRINI – DNI 93.310.260
A favor del capitán de navío Schiaffino
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Muchas veces estuvimos tentados de contestar artículos de su autodenominado «medio plural». Consideramos que la prudencia y la tolerancia frente a los agravios era la respuesta adecuada para pacificar el país.
Nada de esto sirvió, pues su prédica, contra todos los que no pensamos como usted, fue y es despiadada. Ayer (por el domingo 26) le tocó el turno a un entrañable amigo, el capitán de navío Schiaffino, amigo que no tuvo la suerte de nacer en un hogar que le permitiera el lujo de acceder a lo que él siempre soñó, ser un militar de carrera.
Luchó siempre por dar un hogar digno a su familia, un día le ofrecieron poder cumplir su sueño.
El no era el gobernante que dictó el decreto que le otorgó el título. El no ocupa cargo alguno en el gobierno, sólo era un marinero que en sus horas libres colaboraba con la lucha que llevaban a cabo las Fuerzas Armadas. No era el único, muchos civiles colaboraban. No hay que tener mala memoria.
Es verdad que no cursó la Escuela Naval, pero hay que decir que el curso fue intensivo y que duró casi ocho meses, que dio dieciséis exámenes y que no reprobó ninguno, que los cursos lo dictaron oficiales de Marina y que el ascenso le fue conferido por el Poder Ejecutivo.
El capitán Schiaffino se ganó la confianza de sus superiores, en particular del señor vicealmirante Francisco Pasos. Entonces, por qué extrañarse de que éste lo haya designado en cargos de particular confianza.
¿No será que Pasos no confiaba de los otros capitanes (los de carrera) para ocupar estos cargos?
Basta ver cómo vive hoy Schiaffino para desvirtuar este agravio que se le ha hecho. Todas las propiedades que posee son fruto del esfuerzo y ahorro de toda su vida.
Todas las veces que viajó al exterior fueron por mérito propio, no habiendo recibido jamás una prebenda política, a pesar de todo lo que él aportó al partido en el que milita.
Se dice y cuestiona su condición de masón, acaso se olvidan de que el 80 por ciento de los oficiales de la Armada lo son, como por ejemplo: el Jefe de Estado Mayor contralmirante Fernández, el futuro contralmirante Deballi, los ex Comandantes en Jefe vicealmirante Raúl Risso y Gualberto Ruiz, también el contralmirante Eladio Moll. ¿Acaso es posible sobrevivir en esta institución si no se es masón?
No sea hipócrita. ¿Se ataca y cuestiona el éxito de una persona que salió de una cuna humilde? Si perteneciera al Frente Amplio, ¿se lo atacaría igual?
¿Por qué no se habló antes de otros casos?
¿Por qué no se dice nada de los oficiales de la Armada (lamentablemente varios) que estuvieron a favor del voto verde, que reniegan de la victoria sobre sus correligionarios, doctor Fasano?
La guerra se ganó en el campo de batalla, no pretenda revertir este éxito a través de la prensa.
Damos por finalizada esta aclaración, que no tendrá otra instancia.
Por suerte aún quedan en la Armada oficiales y algún almirante demócrata, que hoy adhieren a esta carta, y que por razones reglamentarias no pueden identificarse públicamente.
MILITAR ANONIMO
Alico Uruguay SA me importuna
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Soy cliente del Banco de Seguros del Estado. Recibí siete llamados intentando venderme seguros de la empresa privada Alico Uruguay SA. Siempre les dije que no me interesaba y ya al segundo llamado pedí que por favor no continuaran. En otro llamado les dije que me molestaban a mí y a mi familia y que me sorprendía que Alico pensara que importunar gente era una buena forma de conseguir clientes. Soy profesional universitaria y tengo mi consultorio y mi casa juntos. El teléfono es de uso familiar también. Se me dijo entonces 1) Que había cincuenta personas haciendo llamadas, que eran independientes y que (sic) «no había manera de avisarles a todas» y que además «estamos trabajando igual que usted».
Las llamadas siguieron. En la sexta le dije a esa persona que para mí eso ya era abuso, invasión de privacidad y acoso. No me interesa si son figuras legales o no, yo lo siento así. Me dijo que se podía poner un memo en la cartelera para que no me llamaran. Resultado: a los dos días me volvió a llamar otra persona. Harta de tener que perder el tiempo atendiendo y explicando que no quiero ser cliente de Alico, resolví llamar al gerente Luis Deus. Nunca me atendió y a través de la recepcionista Natalia me mandó decir la segunda vez que llamé que «lo más que podía hacer era poner un memo en la cartelera porque ahí trabajaba mucha gente». Natalia la primera vez me atendió muy amablemente, la segunda mostró la misma irritación e indiferencia que los demás empleados de Alico (salvo la primera persona que me habló de poner el memo).
El gerente nunca estaba, la secretaria estaba de licencia y no tenía reemplazo. Le dejé el mensaje a Luis Deus de que me llamara para aclarar esto y que si no lo hacía mandaría una carta a un diario. Estoy cumpliendo lo que dije. Conclusiones: 1) Para Alico Uruguay yo valgo siete llamadas molestas pero no valgo una llamada para disculparse. 2) En la época del fax y del correo electrónico «no pueden avisarle a las otras personas». 3) Ellos «están trabajando» es decir que para Alico lo importante es ganar clientes y si para eso tienen que acosar a gente que lo único que hizo es tener su nombre en la guía, no importa y como supuestamente no pueden avisar a los otros, si recibo cincuenta llamadas (o más porque a alguno se le puede ocurrir insistir) yo tengo que soportarlo. Alico no parece conocer la diferencia entre trabajar e importunar y no respetar el trabajo, la privacidad y el tiempo de los otros. 4) Irónicamente, en la grabación que recibe a quien llama a la Central de Alico se dice: «Madre hay una sola, ¿necesita algún otro argumento para tener un seguro de Alico?», dando la impresión de seres angelicales que cuidan a la gente (ya veo cómo). También dicen: «Lo más caro de nuestro seguro es no tenerlo…». Olvidaron decir que no tenerlo es caro en tiempo y tranquilidad porque si tienen que llamarlo cincuenta veces contra su voluntad no les importa. El mundo está así por compañías que tienen como regla «yo hago la mía, si te tengo que pisar la cabeza tanto me da». Por último, ya que al gerente le es imposible comunicarse con las cincuenta personas que trabajan pido que se publique esta carta, seguramente se enterarán unos cuantos de ellos por este medio.
Atentamente.
LILIAN GONZAL
EZ MOSCATO – C.I. 1.147.446-8
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