Hoy tragicomedia hoy
El discurso de Bush del martes pasado podría haber sido un modelo de cinismo, desfachatez y perversidad, si no fuera que existen los discursos de Hitler antes de empezar a invadir Europa.
También Hitler era farsesco en su expuesta pobreza intelectual. Y también su tragicomedia montada con la anuencia de muchos, se convirtió en verdadera tragedia, en profundo drama. Y ya fue tarde.
Como en esas tontas comedias de la televisión norteamericana donde a cada réplica de un personaje le sigue unos segundos de risas grabadas y una mirada cómplice del actor, como diciendo «el ingenioso soy yo, no el personaje» (deplorable técnica, dicho sea de paso, desgraciadamente muy usada aquí en las obras teatrales «humorísticas»). Como en esas obvias y previsibles comedias, cada vez que decía Salud, Trabajo, Bajar Impuestos, Libertad, Niños, Sida, y otros lugares comunes tales como «los aplastaremos» o «no permitiremos», todo el Congreso se paraba a aplaudir. Sólo les faltó hacer la ola. Si hasta la muy demócrata Hillary Clinton, quien con toda impudicia estaba con la cabeza descubierta, aplaudía cumpliendo el libreto.
Porque supongo que había un libreto bien ensayado por todos, especialmente por el propio Bush que no se atragantó con su propia saliva, no se metió el micrófono en un ojo (esos ojos profundos e inteligentes que tiene) y, aparentemente, no dijo ninguno de sus célebres bushismos (por ejemplo: «Un número bajo de votantes puede significar que menos personas están yendo a votar»). Es más, si hasta cambió de tono de voz cuando se refirió al sida. (Me pregunto qué dirán las organizaciones que trabajan con enfermos de sida, desocupados y los sin techo, a las que les quitaron los subsidios por haber apoyado el aborto).
El colmo de la farsa fue cuando habló de liberar a los iraquíes.
Quiso decir: «liberarlos de sus pozos petroleros».
Blair hace de utilero en esta puesta en escena, ¿El resto del mundo qué va a hacer, va a vender pop? *
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