"El mayor evento multinacional que organiza la sociedad civil"

Lo cito no tanto por su autoridad indudable, ni tampoco por su retórica convincente por trasuntar autenticidad, sino porque no encontré, hasta el viernes al ponerse el sol, formulaciones que sugirieran mejor las singularidades de este evento.

En corto discurso, menos de media hora, el presidente de Brasil abordó en forma emocional y clara mensajes para varios temas y públicos diferentes concentrados delante y en los alrededores del anfiteatro Por do Sol. Mar de gente que renovó escenas vividas en la marcha multitudinaria de apertura del FSM el día anterior.

Se volatilizaron los temores de algunos organizadores y de miembros del PT en el sentido de que Lula podría recibir los primeros abucheos, a menos de un mes al frente del gobierno, a raíz de las dudas y polémicas que plantea su aceptación de viajar al Foro Económico Mundial en Davos. Al menos no expresaron disidencias. Por lo contrario, como ocurrió desde el acto formal de apertura el jueves, fue saludado por el lema que ya parece ser su marca registrada: «ole, olé-olé-ola, Lula, Lula».

Sigue el énfasis uruguayo

Curiosamente, en este bello atardecer no eran principalmente sus coterráneos de conocida generosa expresividad los que se destacaban en el coreo, sino delegados de otras nacionalidades: reconocimos núcleos de uruguayos que en esto parecían haber trastocado los papeles estereotipados que nos pintan algo agrisados.

Compatriotas que por varias centenas, sin poder precisar cuántas, se quedaron en el mismo sitio para la noche artística Víctor Jara. Esperaron a Rada, quien fue presentado como uno de los más destacados cantantes de música popular en América del Sur. Miembros de nuestro equipo se contaban dentro del contingente que logró acercarse al escenario y desplegó una treintena de banderas uruguayas, además de emblemas de la ciudad de Montevideo y de varios de los sectores políticos frenteamplistas. Por allí, una barra de amigos desplegó la pancarta «Aguante La Dominguera», alusiva a la comparsa donde sale Rada todas las semanas.

En esa euforia los uruguayos se iban descubriendo y abrazando. Centenares procedentes de Castillos, Maldonado, Soriano, Paysandú y Salto, además de Montevideo, entre ellos estaba uno de nuestros colaboradores directos, a quien enfocó la pantalla gigante cuando bailaba candombe. Rada también desplegó motivos murgueros y volvió a evocar comunicación y participación masiva. Sin mayor éxito al tratar de enseñar los bellos movimientos murguísticos, de brazos y manos, a gentes de todo el mundo. Empero, contagiados por los vigorosos retoques de esperanza, ejecutaron un revoleo general por encima de las cabezas. Parando la música, el artista compatriota logró un coro gigantesco con la letra de uno de sus últimos temas.

Disparador de la esperanza

¿Qué tanta trascendencia tienen estos detalles coloridos? Apuntan la emergencia de una esperanza que Lula acaba de repasar asumiendo su responsabilidad. «Nuestra victoria representa la esperanza, no sólo aquí dentro: para la izquierda en todo el mundo y sobre todo para la izquierda en América Latina», expresó.

Recordó que había estado en Argentina, Chile y Ecuador: «Sé la expectativa que América del Sur tiene en el gobierno brasileño. Yo sé de la esperanza que los socialistas del mundo entero tienen en el desempeño de nuestro gobierno». Aludiendo a que nunca había visto en la historia de Brasil tanta expectativa y esperanza, «tanta gente pidiendo a Dios», identificó todo ello como la fuerza de la sociedad, su capital político, frente a lo que manifestó que no se permitiría equivocarse. «Tenemos que hacer las cosas muy bien pensadas. Porque cualquier gobierno en cualquier país del mundo puede errar y no sucederá nada, porque es normal que los gobernantes yerren, pero yo no puedo errar».

Recordó que no fue electo con apoyo de un canal de televisión, ni del sistema financiero, o por intereses de los grandes grupos económicos, agregó: «ni por obra de mi capacidad o de mi inteligencia. Yo fui electo por el alto grado de conciencia política de la sociedad brasileña».

Postuló que quería, «de forma tranquila y serena, ir haciendo las cosas que tienen que ser hechas en este país», para lo cual subrayó: «Tengo cuatro años de gobierno».

No será la «roubalheira» de los Color, Menem, Fujimori

Además de erradicar el hambre, enunció dentro de sus principales objetivos el de la honestidad. «Quiero hacer tal vez el gobierno más honesto que haya tenido en la historia este país, el gobierno que tenga la más perfecta relación con la sociedad». Meta que puso en contraste con la corresponsabilidad «de una parte de la elite del continente sudamericano que gobernó de forma obsecuente, que gobernó de forma subalterna este país, practicando los casos más absurdos de corrupción. Sólo en América Latina, en los ultimo cuatro años, cuatro gobernantes: Collor, en Brasil, Fujimori en Perú, Menem en Argentina y Salinas en México salieron por haber practicado verdadera ‘roubalheira» en sus países». Este comentario fue intercalado cuando definía su participación inminente en Davos.

«No pueden los países ricos querer ayudar a los país pobres aceptando depósitos del lavado del dinero de quien roba a los países pobres». Comprometió su contribución «para que otros compañeros ganen las elecciones en otros países del mundo», para que la gente pueda, «de una vez por todas, comenzar a elegir personas que tengan más sensibilidad, compromiso, que hagan creíble que es posible a la gente cambiar la Historia de la Humanidad». No dejó de lado pronunciamientos contra el militarismo y la paz, que en el mismo día había reafirmado ante el comité internacional organizador del FSM. Su palabra en Davos en este sentido será por una solución negociada y de rechazo a la inminente guerra contra Irak, según adelantaban sus asesores.

No al bloqueo de 40 años a Cuba

Volvió a reafirmar su orientación regional, criticando que Brasil durante 500 años estuvo mirando a Europa. «Esta es la hora de mirar para África, fortalecer el Mercosur y establecer una fuerza política para negociar. No podemos aceptar lo que está sucediendo desde hace cuarenta años, el bloqueo a Cuba», agregó. Sobre el final se dirigió a los organizadores, cuyos esfuerzos y sacrificios había elogiado, exhortándolos a que no desistan: «porque ustedes consiguieron, en tres años, construir una de las cosas más extraordinarias que la sociedad civil mundial ha conocido«. *

(*) Enviado especial de LA REPUBLICA a Porto Alegre

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