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  • Golpe a la moratoria

    Corea del Sur se convierte en cuarto país consumidor de carne de ballena

    El plan surcoreano de convertirse en el cuarto país en cazar ballenas fue una dura bofetada a los incesantes esfuerzos por encontrar un consenso internacional, y en vez de ello la situación parece continuar en una escalada de tensión.

    Domingo 08 de julio de 2012 | 17:54

    Corea del Sur sacudió la reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) que finalizó el viernes en Panamá al anunciar que se valdrá de un vacío legal en la moratoria a la pesca comercial que permite la caza con fines científicos, la misma táctica que actualmente emplea Japón.

    Con el mayor programa comercial ballenero hasta que entró en vigencia la moratoria en 1986, Corea del Sur era uno de los más férreos oponentes al acuerdo mientras ponía trabas para que otros países cazaran.

    Noruega e Islandia desafiaron abiertamente la moratoria comercial. Varios otros países, como Estados Unidos y Rusia, permiten la caza de ballenas a sus pueblos aborígenes.

    La CBI impuso una moratoria a la caza comercial de ballenas desde 1986, en medio de temores por la supervivencia de estos gigantes marinos. Además de la pesca con fines científicos, la moratoria permite la caza de subsistencia por parte de pueblos indígenas, una práctica en general menos controvertida ya que es mucho más pequeña en escala e impacto.

    Los negociadores surcoreanos afirmaron en Panamá que el país ha tolerado la diplomacia a favor de la moratoria, pero que se encuentra bajo una fuerte presión en el ámbito doméstico.

    Pero ambientalistas, mientras critican la postura surcoreana, concuerdan en parte con que el anuncio es resultado del fracaso internacional en torno al tema.

    “Por años, Corea del Sur ha dicho que acata las reglas y ha sido castigado, pero Japón continúa matando ballenas y no ha sido responsabilizado por ello, y eso es injusto”, afirmó Phil Kline, de la campaña por los océanos de la organización ambientalista Greenpeace.

    “El problema es que la cantidad de ballenas minke, que son las que cazarán, es una de la más reducida entre las ballenas”, afirmó.

    La carne de ballena es una de las más populares en la ciudad surcoreana de Ulsan, que sirve los restos de ballenas que son capturadas “accidentalmente” en sus redes. Críticos afirman que el alto nivel de capturas levanta sospechas de que algunas ballenas son asesinadas intencionalmente.

    Corea del Sur ha afirmado que su caza de ballenas estaría restringida a sus aguas, en oposición a Japón que enfurece a Australia y Nueva Zelanda al enviar expediciones a aguas antárticas que han sido declaradas un santuario para estos animales.

    Pero Corea del Sur no ha sido el único país en arrojar una bomba durante las reuniones de la Comisión. Dinamarca ha insinuado que desafiará a la CBI tras rechazar la ampliación de los derechos de caza de ballenas para los pueblos aborígenes de Groenlandia, que supondría matar a 10 ballenas jorobadas al año.

    La caza de ballenas por aborígenes ha sido menos controversial debido a su pequeña escala, pero sus críticos afirman que la caza en Groenlandia representaría una industria disfrazada ya que la carne de ballena es ampliamente ofrecida a los turistas.

    Los esfuerzos de 2010 de alcanzar un compromiso y reducir la caza japonesa, que colapsaron durante la reunión en Marruecos, buscan también asegurar la sobrevida de la Comisión Ballenera Internacional.

    En repetidas ocasiones Japón ha amenazado con abandonar el grupo de 89 países, afirmando que debe apegarse al propósito para el que fue creado en 1946 de regular la caza.

    Muchas veces olvidada ante la reciente escalada de tensión, Canadá abandonó la Comisión cuando la moratoria entró en vigor. Actualmente establece un sistema de cuotas para la caza por parte de los indígenas sin buscar la aprobación de la Comisión.

    Leigh Henry, de la rama estadounidense del grupo WWF, afirmó que la Comisión continúa siendo un órgano importante y espera que Dinamarca revise y vuelva a presentar su propuesta.

    “Las ballenas, así como muchas especies migratorias, no conocen barreras internacionales por lo que existe un peligro enorme para un país como Canadá si no asegura que esas cuotas sean sostenibles”, señaló.

    En otra propuesta a la Comisión, Japón y sus aliados aniquilaron una propuesta para declarar santuario a la región del Atlántico sur, a pesar que allí no se desarrolla la caza actualmente y que la mayoría de los países en la zona apoyaban la idea.

    A pesar de la palpable tensión en Panamá, algunos negociadores y ambientalistas destacaron algunos puntos. Señalaron que los expertos trabajan juntos en temas como salvar a las ballenas de que se vean atrapadas en las redes o en naufragios, lo que involucra a todos los países a pesar de su posición sobre la caza.

    Pero una de las decisiones concretas en la que ambos grupos de países estuvieron de acuerdo fue en verse menos. Así, las reuniones de la Comisión serán a partir de ahora cada dos años y no anualmente.

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