ESTADOS UNIDOS INCLUYO A LOS ESTROGENOS EN LA LISTA DE RIESGO

Comprueban que terapias hormonales posmenopáusicas son cancerígenas

Sudoraciones, sofocos, sequedad vaginal, alteraciones del humor, palpitaciones, dolores ósteo-articulares, trastornos del sueño, disminución del deseo sexual, falta de concentración: todos éstos, entre otros, son padecimientos que pueden torturar a una mujer posmenopáusica debido a los cambios hormonales por los que atraviesa en esta fase de su ciclo vital. La causa es el descenso en el nivel de las hormonas femeninas estrógeno y progesterona.

Hace cincuenta años, surgió un tratamiento que significó una esperanza para el alivio de estos molestos trastornos que sufren millones de mujeres en el mundo: las terapias de reemplazo hormonal que consisten en la incorporación de estrógeno en el organismo femenino o de estrógeno combinado con progesterona.

Pero el alivio de los síntomas mediante estos tratamientos puede acarrear efectos secundarios nada insignificantes. Desde hace algunas décadas, estudios epidemiológicos indicaban que existe una relación entre el cáncer de endometrio (recubrimiento interno del útero) y el tratamiento con estrógenos en mujeres posmenopáusicas. Los últimos estudios científicos confirman la relación entre los estrógenos y el cáncer.

El ginecólogo y endocrinólogo Francisco Coppola, profesor adjunto de la Clínica Ginecológica del Hospital Pereira Rossell y director de la Unidad de Climaterio del mismo hospital, dijo a LA REPUBLICA : «Una cosa es una observación epidemiológica de las personas que están sometidas a determinada terapia hormonal tienen ‘más riesgos de’, pero no existe certeza. Otra cosa son estudios de laboratorio en las células, donde recientemente por primera vez se vieron las lesiones en el ADN producidas por los estrógenos». El especialista explicó que los elementos no habían suficientes para afirmar que las terapias de reemplazo con estrógenos aumentaban los riesgos de contraer cáncer endometrial. «Ahora sí existen las pruebas contundentes», dijo. Para ello debió «tomarse una población al azar, someter a la mitad a terapéutica y la otra mitad a placebo; seguir la evolución de las pacientes durante ocho o diez años y comparar los resultados. Esto es un estudio concluyente», dijo Coppola.

Pero no sólo las terapias con estrógenos son cancerígenas. También las terapias combinadas de estrógenos más progesterona: lo que en su momento se concibió como la solución para disminuir el riesgo de contraer cáncer de endometrio. Coppola explica que si bien con la terapia combinada se disminuye ese riesgo, al mismo tiempo se aumenta el de contraer cáncer de mama.

Confirmando la elocuencia del reciente descubrimiento, el mes pasado el gobierno federal de Estados Unidos publicó su informe sobre los agentes carcinógenos, agregando los estrógenos usados en anticonceptivos orales y terapia del reemplazo del estrógeno a su lista oficial de agentes carcinógenos humanos «sabidos».

Coppola advierte sobre las terapias de reemplazo destacando el peligro de «exponer a una persona a un tenor alto de estrógenos durante largo tiempo en un período biológico –posmenopausia– donde naturalmente no está expuesta a ese tenor alto, modifica su biología y aumenta el riesgo de cáncer de mama. Es un hecho demostrado claramente».

Según la publicación Adam Inc., acreditada por la Comisión Norteamericana de Certificación de la Atención Médica (American Accreditation Health Care Commission), en julio de 2002 el mayor estudio sobre los efectos a largo plazo de la terapia de reemplazo combinada, The Women’s Health Initiative, a cargo de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos, finalizó abruptamente debido a la detección de un riesgo incrementado de cáncer de mama invasivo en las participantes de la investigación. Se registró un incremento del 26 por ciento en el cáncer de mama. La misma fuente indica que «el consumo de estrógeno sólo hace que crezca el recubrimiento del útero. El riesgo de cáncer de endometrio es de seis a ocho veces más alto en mujeres que toman estrógeno comparadas con las que no».

El estudio también encontró incrementos en el riesgo de enfermedad cardíaca coronaria, accidente cerebrovascular y embolia pulmonar en aquellas mujeres que recibieron una combinación de estrógeno y progestina en comparación con aquellas que tomaron píldoras de placebo.

Las mujeres con el útero intacto que están actualmente tomando estrógeno combinado con progestina (progesterona sintética) «deberían tener una charla seria con su médico para evaluar si deben continuar la terapia», advirtió el doctor Jacques Rossouw, director ejecutivo del estudio.

Anticonceptivos:  falta la prueba concluyente

En cuanto al otro uso común para los estrógenos, el informe del gobierno norteamericano sobre carcinógenos humanos dice que la evidencia sugiere que el estrógeno contenido en los anticonceptivos orales puede ser asociado a un riesgo creciente del cáncer de pecho pero puede proteger contra cánceres ováricos y endometrial.

Coppola explica que «está muy lejos de demostrarse la asociación entre los anticonceptivos y el cáncer de mama». Esto se debe a que «hay un problema metodológico importante: la persona usa la píldora anticonceptiva en un período muy alejado al que se presenta el cáncer de mama. Una mujer puede usarla entre los 15 y los 35 años y el pico de cáncer de mama es entre los 55 y 65 años. Entonces habría que hacer un seguimiento muy difícil de lograr metodológicamente». Si bien las pruebas de laboratorio demuestran que los estrógenos pueden causar lesiones genéticas en las células, «de ahí a confirmar lo otro (que los anticonceptivos provoquen cáncer de mama) es un paso muy distante. Por eso es que aunque esté incluido dentro de los compuestos carcinogénicos no se ha prohibido el uso de los anticonceptivos orales».

El profesional considera importante destacar que «aun si fuera corroborado el aumento de cáncer de mama provocado por el uso de anticonceptivos orales, en países subdesarrollados es enormemente mayor el riesgo de morir a consecuencia de un embarazo no deseado que el riesgo de cáncer».

Coppola se define como un «crítico de las terapias hormonales en la posmenopausia». Pero afirmó: «Estoy bastante tranquilo respecto a los anticonceptivos». De todas formas, no se opone a las terapias sino que coincidiendo con la North Americana Menopause Society (NAMS) señala que «la única indicación indiscutida para el uso de hormonas después de la menopausia es la paciente que tiene síntomas menopáusicos que afectan su calidad de vida». Asimismo, «hay que usarlas el menor tiempo posible».

Terapias hormonales alternativas

La Unidad de Climaterio es la única dependencia estatal que practica la terapia de reemplazo, «con bastante dificultad debido a la falta de recursos», dijo Coppola. Explicó a este matutino: «Me hice cargo de esta unidad hace unos meses y presentamos un proyecto que tuvo apoyo de la Dirección del Hospital, en el que proponemos hacer terapia hormonal a las pacientes que claramente se ven beneficiadas por ella a diferencia de lo que sucedía antes, que se hacía al barrer y sólo había que ser posmenopáusica. De esta forma disminuye el número de pacientes y hay un ahorro importante de medicación». Aclaró que solo el cinco por ciento de las mujeres posmenopáusicas tiene trastornos importantes, generalmente las que sufrieron la extirpación del útero o los ovarios. El equipo de Coppola explica a las pacientes los riesgos que corren con estas terapias, pero el médico también dijo: «Recomendamos otras terapias, como los fitoestrógenos que no sólo no acarrean riesgos de cáncer sino que posiblemente sean protectores contra el cÃ
¡ncer». Estos estrógenos naturales «están contenidos en los vegetales, fundamentalmente en la soja, brócoli, semillas de lino y girasol. Mejoran los síntomas del climaterio aunque no son tan potentes como los estrógenos farmacológicos». *

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