¿Qué otro mundo es posible?

EMIR SADER*

 

Antes de que se realizase el segundo foro se perpetraron los atentados de setiembre de 2001 y una de los grandes diarios del establishment económico se apresuró a titular uno de sus editoriales con un «Adiós Porto Alegre». Toda oposición al orden yanqui sería criminalizada, asociada a Bin Laden y al terrorismo. Pudimos incorporar, aunque en una programación paralela, el tema de la paz y la guerra, presentando a Noam Chomsky como una de las más importantes presencias en el foro; ampliamos la participación de 20 mil a 60 mil personas. Sin embargo, no avanzamos en la elaboración de alternativas globales, acumulando, en cambio, soluciones sectoriales y locales.

Entonces la prensa consignó el éxito de los foros, se dio cuenta de que las grandes reflexiones de la humanidad en la entrada de este nuevo siglo están en Porto Alegre, no en Davos, y lo social acumuló puntos frente al economicismo neoliberal. No obstante, la preocupación de los grandes medios era «si el PT se valía del foro políticamente», sin darse cuenta de que el gran problema no es ése, sino la elaboración de grandes alternativas para el nuevo mundo que se busca construir. No basta decir que este mundo nuevo es posible, es necesario señalar sus características y las vías por las cuales se avanza hacia su construcción.

El hecho de tener un comité de organización con predominio de ONG, algunas representativas y otras no, limita la visión política de construcción de alternativas. Esas ONG se resguardan en la visión estrecha de que el foro debería reunir entidades de la «sociedad civil», sin tener en cuenta el carácter liberal y neoliberal de ese concepto, que excluye al Estado, los gobiernos, las fuerzas políticas y, con ellos, las temáticas políticas de poder. Así, pierden capacidad para colocar el tema de una hegemonía alternativa, que incluye a la «sociedad civil» y al Estado, en una totalidad única.

Para el tercer foro que se realizará la próxima semana, conseguimos pautar cinco grandes temas, buscando superar la limitada concepción de «pensar global y accionar local», típica de las ONG. De estos temas, tres consiguieron mantener su carácter sintético: el comercio internacional, la democratización de los medios de comunicación, y paz y guerra. Los otros fueron subdivididos en exceso, reproduciendo de alguna forma la fragmentación temática de los foros anteriores. Además, esos paneles ya desarticulados y, al contrario de lo decidido inicialmente, compuestos por muchos expositores –a veces hasta ocho, con 10 minutos de intervención para cada uno–, y con escasa presencia de gente que ayude a reflexionar sobre las experiencias y problemas –debido al estrecho criterio de quien es o no miembro de la «sociedad civil»– pueden perder mucho de su reflexión estratégica.

Estos paneles tendrán competencia, ya que serán realizados en el mismo horario que las grandes conferencias y mesas de controversia y testimonios en el estadio Gingantinho, que tiene una capacidad para 15 mil personas. El próximo foro deberá realizarse en India –como decidió el consejo internacional en enero del año pasado– regresando luego a Porto Alegre. Esto podría permitir una internacionalización que al foro le sigue faltando, incluso porque la participación en los paneles tiene que ser autofinanciada, lo que restringe la incorporación de movimientos de África y Asia. Esto puede ser superado con el cambio de sede.

El balance de las propuestas estratégicas para otro mundo posible será el termómetro real de los avances del foro, más allá de su indispensable democratización, lo que significa pasar el poder real al consejo internacional, que deberá tener una coordinación propia, compuesta por las redes que participan del consejo y secretariados a escala nacional.

 

 

 

Sociólogo brasileño,

catedrático de la

Universidad

de Río de Janeiro

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