El Lelo de allá
Escribe: Horacio Buscaglia
La popularidad de Bush inmediatamente después de los atentados del 11 de setiembre, alcanzó la cifra récord de 90 por ciento. Era la comprobación de aquello de que no hay nada mejor que una desgracia para aumentar el apoyo a una persona, alejando de manera sorprendente su responsabilidad en esa desgracia.
Claro que en Estados Unidos esto también se logra llevando desgracia a ciudadanos no norteamericanos, siempre y cuando se haya envuelto el paquetito en un bello papel colorido. Los grandes medios de comunicación son expertos empaquetadores de este tipo de regalitos.
El viejo Bush, padre de éste, que lograba comer galletitas y ver televisión a la misma vez sin atorarse, alcanzó su máxima popularidad, 83 por ciento, durante la otra guerra del Golfo.
Ahora Georgito se halla en el nivel más bajo de popularidad: 58 por ciento. Su «solidaria» propuesta de sacar impuestos a los ricos parecería no haber sido bien vista por gran parte de la población. Al ver tanta película de Hollywood uno se olvida de que en el país de las oportunidades hay millones de pobres y desocupados y que, por ejemplo, en sólo el 10 por ciento de la clase alta se concentra el 73 por ciento de la riqueza de Estados Unidos.
El asunto, brother, es que se vienen las elecciones y Bushito quiere ser reelegido. Y esta vez, de ser posible, sin fraude. Y aunque el 41 por ciento piensa que Bush no sabe qué hacer con la economía, el 63 por ciento aprueba su gestión en la defensa nacional. ¿Me seguís?
Entonces, no debe extrañarnos que quien dijera con claridad meridiana: «Si no tenemos éxito, corremos el riesgo de fracasar», ande anunciando que ya se termina el tiempo para Irak. Aunque ni uno solo de los inspectores haya encontrado el más mínimo rastro de armas «de destrucción masiva» (como si los misiles y bombas inteligentes de Estados Unidos, Israel, Inglaterra, etcétera, no destruyeran masivamente. ¿A partir de qué número de civiles destruidos se empieza a usar la palabra «masiva»?).
¿Qué querés que te diga? Lo peor de esta guerra es que Estados Unidos pruebe que puede hacerla cuando quiera. *
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