Dos niños y una niña están internados por desnutrición
En épocas de ajuste de tarifas públicas y de boleto, de desempleo y ollas populares, cuando desde ámbitos oficiales se asegura que ya pasó lo peor y ahora se viene la tan ansiada recuperación económica del país, en la vida real ésa que algunos gobernantes no quieren ver comienzan a verse algunos síntomas que indican todo lo contrario.
En el último fin de semana al menos dos niños, uno de un año y medio y otro de cuatro meses, provenientes de Empalme Olmos debieron ser internados en el Hospital Pereira Rossell con síntomas de desnutrición. Médicos de Pando confirmaron a LA REPUBLICA que el sábado ordenaron el traslado de estos pequeños a Montevideo para que sean atendidos luego que se les constatara signos de desnutrición.
El director del Hospital Pereira Rossell, doctor Ney Castillo, afirmó a LA REPUBLICA que «si bien hay casos de niños con niveles bajos de hemoglobina», no está en conocimiento de que hayan ingresado estos niños de Empalme Olmos. Otras fuentes del nosocomio aseguraron que es «normal» que haya casos de desnutrición ocasionados por la profunda crisis que vive el país.
Hasta el momento no trascendió cuál es el cuadro de salud de los dos pequeños.
Realidad social
Empalme Olmos vivía bajo la sombra y protección de la poderosa empresa Metzen y Sena, que daba trabajo a todo el pueblo al ocupar en los mejores tiempos a más de 2.500 personas. Cuando comenzó el declive de la empresa, paulatinamente se fue disminuyendo la planilla de funcionarios hasta los 500 obreros que hay en la actualidad. Otro grupo de empleados está desde hace más de cuarenta meses en seguro de paro especial.
En todo caso, no existen en la zona otras fuentes de trabajo. Las quintas de los alrededores brindaron un respiro por un tiempo pero, crisis mediante, poco a poco los productores fueron cerrando esas fuentes laborales. Además, ir hasta Montevideo a buscar trabajo es impensable ya que el costo del boleto, de 24 pesos, constituye para muchos una barrera insalvable. Ante la desesperante situación las respuestas a las necesidades de la gente vino desde el propio colectivo social a través de comedores, ollas populares y otras iniciativas, pero está claro que no alcanza. A modo de ejemplo, se asegura que la olla popular de la zona, que comenzó atendiendo a una treintena de personas, muy pronto pasó a asistir a 120.
Desde el ámbito oficial el Instituto Nacional de Alimentación (INDA) reparte en todo el país miles de canastas con comestibles, pero tampoco alcanza.
Patricia, una integrante de la Comisión Pro Fomento de Empalme Olmos que conocía el caso de los niños desnutridos, aseguró a LA REPUBLICA que «además de los chicos internados hay otros dos que están en la misma situación, un bebé de pocos meses y un niño de dos años». La vecina sostiene que «la situación del pueblo no escapa a lo que es la realidad del resto del país. Hasta ahora veíamos esto un poco de afuera, pero de un momento a otro nos encontramos con esta dura realidad».
En el local parroquial y en la iglesia funcionan un merendero y un comedor donde se asiste a más de 150 personas, pero se ven desbordados continuamente debido a que la ayuda del INDA sólo cubrió los meses entre setiembre y noviembre del año pasado. Luego se anunció que se pasaría a un régimen de canastas, que jamás llegaron.
En lo que tiene que ver con el carácter solidario de los lugareños, sobresalen los productores rurales que aún están en condiciones de dar una mano, quienes suelen donar las verduras que les devuelven en el mercado. De cualquier manera la Comisión Pro Fomento reconoce que «lo que hace falta en forma urgente es carne y fideos, algo que complemente la alimentación de la gente».
Pero como todo puede ser peor, además de los dos niños internados hay ejemplos como los de la familia Marotto, que se encuentra en una situación desesperante con sus dos hijos con notorios síntomas de desnutrición crónica debido a las insuficiencias alimentarias de su madre. Esa familia vive en un rancho fabricado con latas y tablas de madera y el jefe de familia se encuentra desocupado desde hace meses. «Lo peor es que hay más niños en esa situación y es cuestión de días para que caigan también», sostiene la vecina. En lo que respecta a la atención médica, la policlínica de Empalme Olmos carece de los elementos básicos para su funcionamiento, como algodón o agua oxigenada. Estacionada a un lado se encuentra la ambulancia del pueblo que fue comprada por los propios vecinos por tres mil dólares recaudados con la venta de rifas y la realización de beneficios. Su chofer trabaja en forma honoraria ya que, aunque la Intendencia de Canelones se había comprometido a pagarle, hasta ahora no hubo novedades. Los funcionarios de la policlínica muestran una voluntad inquebrantable pero generalmente se ven desbordados por la demanda ya que lo único que pueden hacer es dar un pase hacia Pando o Montevideo.
Los comerciantes también reconocen la dura realidad. Por eso intentan ayudar a paliar la situación. Un almacenero reconoció ante este matutino que «da pena ver toda esa miseria. Nosotros vendemos cada vez menos y tenemos que fraccionar todo. La gente viene a comprar cien gramos de fideos o un cuarto litro de aceite». También se quejan de que «para salvar bancos siempre hay plata, pero cuando se trata del hambre del pueblo jamás aparece un peso».
Es curioso ver que la mayoría de las casas del pueblo son respetables edificaciones que sin duda fueron construidas en tiempos de bonanza. Ahora detrás de esas paredes acecha el hambre y la vergüenza más incalificable.
El edil frenteamplista Vicente Silvera (Asamblea Uruguay), un activo conocedor de las problemáticas de las localidades cercanas a la ciudad de Pando, aseguró a LA REPUBLICA que es necesario implementar en forma urgente «un plan de emergencia social» a modo de paliativo de la dura situación. El curul sostiene además que se debería «buscar la forma de que aquellos que se encuentran desocupados puedan beneficiarse con los servicios públicos como electricidad y agua hasta que puedan encontrar trabajo».
Sabrina
En la ciudad de Mercedes, departamento de Soriano, Sabrina, una niña de apenas un año, debió ser internada en forma urgente, también el pasado fin de semana, debido a un cuadro agudo de desnutrición, según informó el diario local Acción.
Tras varios intentos por reanimarla y al ver que la beba no reaccionaba, una vecina decidió llamar a la ambulancia que la trasladó de inmediato al hospital Zoilo A. Chelle de esa ciudad. Los médicos de Emergencia constataron que Sabrina pesaba 5,5 kilos, tenía 42 grados de temperatura corporal y sufría de convulsiones, estando su vida en riesgo.
LA REPUBLICA se contactó anoche en Mercedes con la doctora Gabriela Peón, una de las profesionales que atendió a Sabrina. Peón dijo ayer a este matutino que la niña ingresó al centro asistencial en clara situación de riesgo de vida y en estado total de abandono.
«El pediatra que estaba de guardia le constató rigidez de nuca y se le realizó una punción lumbar. Le hicimos todos los análisis correspondientes y se le practicó una transfusión de sangre», manifestó la doctora Peón a LA REPUBLICA.
La situación ameritó que tomara cartas en el asunto la Policía mercedaria, que al llegar a la humilde vivienda donde vivía la pequeña, ubicada en el predio de la ex chacra Postiglioni, se encontró con un cuadro digno del continente africano. En el interior de la morada Sabrina convivía con otros nueve menores de entre 6 y 16 años, su abuela y su madre, una joven de 18 años que ejerce la pros
titución y que desde hace tres días no aparecía por la casa, según el diario Acción.
Dentro de la modesta vivienda los efectivos encontraron tres camas para sus doce habitantes, las ventanas sin vidrio y el baño en un estado deplorable.
Mientras afortunadamente la pequeña Sabrina se recupera de una muerte que parecía segura, la Policía informó de lo sucedido al Instituto Nacional del Menor (Iname). *
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