Tiene la palabra
Aumento salarial a funcionarios del Palacio
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* De mi consideración:
Los funcionarios del Parlamento Nacional se otorgaron un 17 por ciento de aumento salarial. Aparentemente los blancos y colorados querían suprimir este incremento.
Desde filas oficialistas se dijo que legisladores del Encuentro Progresista, no quisieron acompañar esta medida. Me gustaría saber por qué.
Sin otro particular lo saluda atentamente y le desea a todos ustedes un mejor año 2003.
J.F.R. – CI: 1.088.185-8
Respuesta sobre el papel de los funcionarios públicos
Señor Director deLA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Con todo respeto señor Durán le escribe una empleada pública que ha trabajado mucho para el Estado a lo largo de su vida. Trabajé en la corte Electoral, (año 1971), trabajábamos tanto que al llegar a casa sólo teníamos fuerza para recordar que al otro día había que pararse y seguir. Fui encargada del comedor de la Escuela de Ciegos donde también se trabajaba mucho, trabajé en una escuela de recuperación ???? donde se trabajaba más aún. No sólo nuestra tarea lo exigía sino que en los días libres –por tener conciencia de las necesidades– había que salir a recolectar abrigos, ropas, zapatos, juguetes a la casa de familiares y amigos en épocas en que se pedía y se volvía con los bolsos llenos. No soy ningún ejemplo, gran parte de mis compañeras hacía lo mismo.
Sabe usted, todo por amor, y recibíamos como recompensa una sonrisa, una cara feliz que era el mejor de los premios.
Desde esa escuela y cuando no pude más con mi salud me fui a un Ministerio a seguir trabajando.
Gracias a Dios cada cargo que tuve lo conseguí con criterio, ¿entiende lo que deseo decir? tal vez usted pueda pensar que pueden haber excepciones en toda regla y yo le contestaré que sí, pero que lamentablemente las excepciones son esos «vagos» que transitan con la taza de té en la mano y que aún existen o que se ponen a charlar cuando tienen un mostrador lleno o tratan mal para que no pregunten, porque si preguntan molestan y eso da mucho trabajo.
Déjeme decirle señor Durán que no es privilegio del Estado contar con dichos ejemplares, también están dentro de los feriados y en definitiva son los que desprestigian a los demás, porque nuestra idiosincracia siempre es ver al que está mal, aunque sea uno entre mil.
Si usted no me cree vaya a una mutualista, un comercio, dedíquese a observar, hay cien personas atendiendo amablemente pero el destacado siempre será el mal educado.
De todas maneras no creo que haya derecho a meternos a todos dentro de la misma bolsa y con mucha falta de respeto decir lo que se le ocurrió a usted decir.
yo que tuve la suerte de aprender lo que mis padres me educaron y que de ellos aprendí felizmente los valores de la vida y la convivencia, respeto hoy su punto de vista tan personal, pero tranquilícese, no es el único que piensa así y no es mi deseo personal cambiarlo.
Quiero que sepa que algunas cosas buenas hacemos, como por ejemplo nuestro aporte al BPS, en un país que ya no todos pueden aportar. Va para todos sin distinción, mañana también para usted.
Con nuestros sueldos flacos pero seguros –por ahora– y gracias a Dios, sostenemos malamente los sueldos de los jubilados que cobran partidas deprimentes y que hoy o mañana otros pagarán para nosotros en este eterno ciclo que no nos permite vivir con dignidad luego de haber trabajado toda la vida y es cuando más se necesita.
Nosotros no tenemos la culpa de que haya desempleados. En nuestras familias, amigos, vecinos, seres queridos, también los hay, como hay jóvenes que ven dormir sus esperanzas porque la única alternativa es irse de aquí.
Señor Durán, no me siento culpable de tener un empleo, pero me llega muy hondo que usted y muchos más no lo tengan ya que es un derecho de todos y usted vive en mi mismo suelo.
No me siento integrante de esa casta de parásitos a la que usted alude y para que le conste, sí, me preocupa la vida de los demás, el hambre del pueblo, los niños que comen pasto, el cierre de hospitales y también las perturbaciones del alma humana.
Personalmente siempre hago por los demás lo que puedo y a veces mucho, mucho más, será porque siempre le di valor al ser humano que lo merece sea blanco, negro, amarillo, sólo hasta que sea digno.
No tengo la culpa de trabajar en medio de un mar de desprotegidos pero aún tengo fe y agradezco a diario sin olvidarme de pedir por los demás. Supongo que a esta altura no será una culpa también mantener la fe.
Sepa usted que el antídoto para matar estos tumores está en otro lado y es muy claro y evidente dónde se puede conseguir. No es necesario vencer empleados públicos pues uno de ellos algún día me ató mi moña azul, y no lo olvido, al contrario lo recuerdo con cariño.
Si por alguna causa algún día tiene que ir a un hospital será atendido por un empleado público, como lo son los bomberos que dan su vida por los demás, o los policías que son a quienes recurrimos en nuestras emergencias y nunca saben cuándo salen si ese día volverán a darle un beso a su hijo, a su madre o a su esposa.
Ellos también son empleados públicos y como otros miles no ganan en proporción a lo que arriesgan.
Tal vez sería bueno que averigüe sobre nuestros sueldos y verá que también sufrimos tensiones, que peleamos el día a día con angustias e incertidumbre.
Señor Durán vayamos donde vayamos, al final quienes nos entierran en el cementerio también son empleados públicos y no creo que usted o yo podamos prescindir de sus servicios.
Quiero decirle que la verdad de todo está dentro de nosotros mismos, si buscamos allí encontraremos cosas que nos sorprenderán y que a veces también nos tranquilizan.
Le deseo toda la suerte del mundo, que este año sea mejor para usted y para todos.
Lo comprendo y no sabe cuánto, la incertidumbre a que nos vemos sometidos día a día estos tres millones de habitantes justifican su preocupación que es la de «casi» todos.
CI 1.984.881-9
Antel está en Pirarajá
Señor Director deLA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Soy un habitante de Pirarajá del Departamento de Lavalleja que en el mes de diciembre de 2002, hice una carta a su prestigioso medio de comunicación haciendo referencia a que el 31 de diciembre cerraban nuestras agencias de Antel.
Hoy me creo en el deber de comunicarle que la misma aún continúa abierta atendiendo al público de 7 horas a 23 horas todos los días, como siempre las autoridades han decidido dejarla unos días más y estudiar la situación.
Aparentemente detuvieron el cierre debido a todas las quejas que pobladores como yo les hicieron llegar a través de la prensa y también con las 530 firmas que fueron entregadas a legisladores y a integrantes del Directorio de Antel.
Es una solución provisoria pero es igual considerada un gran logro por nosotros y somos conscientes que sin vuestro apoyo no hubiera sido posible.
Ojalá sea por mucho tiempo este impase muchas gracias por su colaboración.
Lo saluda atentamente
CI 1.165.475-1
Ante el fallecimiento de Oscar Castiglia Birkhold
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
16 de febrero de 1957 – 14 de enero de 2002
* A tres meses de la partida del compañero Oscar Castiglia, sentí la necesidad de reali
zar un pequeño trabajo de homenaje a su persona y a su tarea militante, que me parece oportuno compartir ahora –con algunas pequeñas variantes– cuando se cumple el primer año de su fallecimiento. Dicho trabajo exigía un poco de distancia, porque todos sabemos lo que impacta la muerte cuando –siempre taimada e injusta– nos lleva a un compañero en la plenitud de la vida, cuando le quedaba tanto para vivir y tanto para dar…
«La cosa más bonita en este mundo es vivir cada segundo como si nunca más».
Vinicius
El matrimonio Castiglia-Birkhold –los padres de Oscar– tuvo tres hijos: Ana María (la mayor), Oscar Omar y Luis Alberto.
Según su mamá –Doña Noemí Birkhold Schmidt– Oscar nació sonriendo. Fue siempre un niño alegre, inquieto. Concurrió a la Escuela Nº 45 «José Pedro Varela». En ella inició una afectuosa amistad con el muy recordado maestro Carlos Altieri.
Fue un alumno normal y desde la época escolar ocmenzó a trabajar, siendo su primer empleo en una fábrica de pelotas. Fue también mandadero y trabajó además en una armadora de autos (IME).
Después concurrió a UTU para estudiar de mecánico tornero e hizo también dos años de liceo nocturno.
Oscar tenía 17 años cuando falleció su papá –don Pedro Alberto Castiglia– que fue empleado de UTE. El ingresa posteriormente a la UTE, a los 22 años.
Le encantaban los bailes, las murgas –integró «La bruja loca»– los tamboriles, las salidas, la diversión. Por eso la frase de Vinicius parece tan acertada para comprender la manera de ser y estar de Oscar en el mundo.
Era hincha fanático de Río negro y de Peñarol. todo lo que tenía color y calor popular, lo provocaba, lo convocaba, lo entusiasmaba.
A los 28 años se casó y en el año 1986 nació su única hija: Daniela. Con ella tuvo una relación muy constructiva, muy bella, infinitamente tierna y por eso Daniela recuerda a su padre como un ser realmente «único», un ser humano sumamente especial, «no existe otro como él» comenta recordándole.
Como militante gremial, social y político, debemos decir que siempre estuvo del lado de las más sentidas reivindicaciones del pueblo. A manera de ejemplo podemos decir que luchó para defender AFE, UTE y Antel y trabajó con gran intensidad contra la Ley de Impunidad que terminó perdonando lo imperdonable. Imaginamos con segura convicción, que durante el año 2002 habría estado en primera línea trabajando por la recolección de firmas de ANCAP: «para salvar nuestro patrimonio»…
Pero antes coincidimos con él en los años 80, luchando contra la dictadura desde la clandestinidad y después lo hallamos también dando batalla para profundizar la democracia. En todos esos momentos fue un pilar fundamental, en años en que ser de izquierda y definirse marxista era –sobre todo en el interior– sumamente difícil y requería por lo tanto, gran coraje y compromiso político decidido y profundo.
Y él –como testimonian todos los compañeros sin excepciones– tuvo una entrega generosa recorriendo todo el departamento con sus ideas de participación y cambio, volanteando, saliendo de pegatinas y pintadas hasta el amanecer, saliendo en brigadas a comunicarse mano a mano con la gente, cubriendo mesas electorales, levantando y desarmando estrados, analizando propuestas, discutiendo y sugiriendo soluciones desde la Junta Departamental para la que fue democráticamente electo edil titular en dos períodos por la lista 1001. Siempre, siempre, pergeñando sueños. Esos mismos sueños que lo llevan en los últimos meses a trabajar con los compañeros Juan Tortosa, Rogelio Díaz y Daniel Paredes, en una audición radial en Emisora Encuentro. La citada audición se llama «Construyendo Utopías» y su slogan publicitario lo dice todo: «Porque los trabajadores tenemos sueños y queremos concretarlos, estamos aquí construyendo utopías». Justamente, escuchando una audición de homenaje a Oscar –que sus compañeros de programa le tributaron el día 19 de enero– nos enteramos de que él estuvo hasta el último momento, pensando en actividades valiosas para la comunidad. Contaba Juan Tortosa que Oscar creía que había «que armar un foro, un debate, un taller de las anécdotas vividas por el movimiento social y político en San José, sobe todo para refrescar la memoria y poder brindar esas historias a la juventud».
Finalmente, llegada la hora de poner final a esta breve recordación, deseo tener en palabras un recuerdo hermoso que tengo de Oscar (con quien también como tantos compañeros tuve fogosas discusiones y fraternales encontronazos).
Oscar era infaltable en las marchas de los 20 de mayo. Como todos los militantes de hierro que hay en este San José, con calor o con frío, con dolor o con esperanza, con flor o con bandera uruguaya o sin nada en las manos pero con mucha emoción en el corazón, se daba siempre cita en la Plaza de los 33, junto a la pirámide, para asistir hasta la Plazoleta de los mártires de la democracia.
Y recuerdo a Oscar muy especialmente, en la marcha del 20 de mayo de 2001, porque ese día estuve conversando con él y me dijo: «cómo se extraña a Washington (Delgado)… Washington estaba siempre presente en esta marcha… ¡Qué buen compañero que fue!»
Entonces, gracias Oscar, por haber vivido como indicaba el escritor dominicano Pedro Henríquez Hureña que sostenía: «No es ilusión la utopía, sino el creer que los ideales se realizan sin esfuerzo y sin sacrificios; hay que trabajar. Esta obra no será la obra de uno, dos o tres personas geniales, sino de la cooperación sostenida y llena de fe, de muchos e innumerables hombres y mujeres modestos».
SILVIA CABRERA DE BETARTE – EDILA PS-FA
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