UN JOVEN ORIUNDO DE MONTEVIDEO SE ANOTO COMO VOLUNTARIO PARA AYUDAR EN LAS TAREAS DE LIMPIEZA

Un uruguayo en el hundimiento del buque petrolero Prestige

De todas las maneras imaginables que el hombre tiene para destruir su propio hábitat, el de los derrames de petróleo es de los más crueles y de consecuencias más previsibles. El historial de los buques cisterna hundidos con toneladas de crudo parece no detenerse y el último, el del Prestige, es de los más trágicos de los últimos lustros, debido a que condenó a Galicia, una de las regiones más bellas de España, a una muerte casi segura. Es que la economía local se centra en la explotación del mar y este accidente puso al borde de la cornisa a las más de 130.000 personas vinculadas con esa industria. Del mar sale el 15% del PBI gallego.

Todo comenzó el 19 de noviembre pasado cuando el Prestige, buque tanque de un armador griego, propiedad de una sociedad liberiana, que navegaba con bandera de Bahamas y tripulación asiática, se fue a pique a 133 millas de las costas gallegas con 77.000 toneladas de petróleo ruso. Una vez que la marea negra llegó a las playas se puso en práctica un operativo tendiente a limpiar los centenares de kilómetros de costa afectados. Un uruguayo, cuando no, forma parte del numeroso contingente de ayuda voluntaria que se hizo presente en el lugar. Diego Etcheverry, un montevideano de 29 años, le contó a LA REPUBLICA cómo es formar parte de una tragedia de estas característias.

Cuando se le pregunta a Diego a ser voluntario para limpiar la zona costera gallega, afirma que se anotó «en el Ayuntamiento de Madrid y lo primero que pensé fue que tendría que dormir en tiendas de campaña, pasándola mal, pero cuando llegué me encontré con tremenda estructura montada de barracones con calefación y demás».

En lo que refiere al trabajo, Etcheverry cuenta que empiezan «a las 8 de la mañana hasta que sube la marea cerca de las cinco de la tarde» y no se está exento de frustraciones ya que todo se complica cuando se encuentran, en determinados tramos, una masa de petróleo muy espesa. «Tenemos partículas que son como una torta, que se entierra más de medio metro en la arena y que se mueve con las mareas en forma constante. Hay que meter pala como loco. Eso luego lo tiramos en unos canastos que otros compañeros se encargan de llevar, para luego ponerlo en unas palas mecánicas que después trasladas hasta unas volquetas.». Toda esa cantidad de petróleo recogido se empleará posteriormente en la creación de materiales de construcción. «La experiencia es patética», reconoce este voluntario uruguayo que es parte de un grupo enorme de gente motivada por hacer algo en favor de la naturaleza. Agrega que «hasta febrero el grupo de voluntarios está completo y no se puede recibir a más gente. Tú fijate que hay algunos novatos que se desmotivan porque sacan poco material, pero nosotros les decimos que no importa, que por poco que sea es petróleo que no vuelve al mar».

En cuento a las nacionalidades de aquellos que se acercan a dar una mano «de onda», por un mero compromiso con el medio ambiente y la supervivencia humana, Etcheverry dice que la mayoría son españoles, claro está, pero «en mi contingente había colombianos, ecuatorianos, venezolanos y suecos» lo cual genera un interesante intercambio entre gente de variadas culturas. «Por las noches, cuando se termina el trabajo se arman peñas y unas fiestas que ni te cuento. Se junta gente de primera, realmente es lo más destacable».

El factor climático en esta época el año es determinante en esa bellísima zona de la geografía ibérica. El uruguayo afirma que desde hace unos días se «están soportando unas nevadas impresionantes con temperaturas de 15 grados bajo cero».

En una situación de emergencia como la que se plantea, ordenar el trabajo de más de 10.000 personas no es tarea sencilla. Esa labor corre por cuenta de técnicos del Ayuntamiento local y son los bomberos madrileños quienes se encargan de organizar el trabajo de campo. Los grupos se subdividen en equipos de diez personas con su correspondiente jefe de grupo, quién se encarga de coordinar el trabajo. Otros integran los llamados grupos «manos limpias», que son los que asisten a aquellos que están haciendo el «trabajo sucio» y no pueden siquiera tomar agua ni sacarse la mascarilla por el estado de las manos, impregnadas con el petróleo, algo que «además huele muy mal».

Estado de shock

En cuanto a la situación de Galicia, los lugareños se encontraron de un día para otro con su aparato productivo destruido –tienen una histórica dependencia con los productos que les ofrece el mar– y ya comienzan a hablar de independizarse de España debido a lo que entienden ha sido una omisión grave por parte de la administración del Presidente Jose María Aznar. El mandatario tardó en visitar la zona afectada debido a la presión social que se vivía y prefirió no dejarse ver entre los gallegos, algo que no cayó nada bien en la población. «Yo no me meto mucho en estos temas políticos por ser extranjero», dice Diego Etcheverry, «pero está claro que la situación económica es desastrosa porque la faena en el mar era la vida para esta gente». Los lugareños «se encuentran en un permanente estado de shock, como que todavía no han podido asimilar la magnitud del problema». De momento, las subvenciones a aquellos que se encuentran parados debido al accidente son de unos 50 euros por día, pero ello genera otro problema de extrema gravedad –explica el uruguayo– y es el relacionado a la cultura local. «Esta gente estaba acostumbrada a salir a las 4 de la mañana al mar para luego volver con el fruto de su trabajo a las 8 de la noche. Ahora están todo el día metidos en los bares».

El costo económico de la tragedia no ha sido aún considerado a fondo, pero se habla que no será menos de 2.000 millones de dólares sólo en el primer año, al tiempo que el daño ecogenético a las especies perdurará al menos por otros diez años. Por otro lado ya se sabe que del casco del Prestige continuará saliendo petróleo al menos por seis años más.

Pero el daño no sólo es en las especies marinas ya que «estamos sacando miles de aves por día con el 50% del cuerpo sucio y para ello hay equipos de zoólogos que se encargan de limpiarlos y de hacerles un lavaje de estómago para que no mueran intoxicadas», explica Etcheverry. Para agravar más aun la situación, la mancha de petróleo no se detuvo y ya llegó a las costas del País Vasco, Santander, Asturias, Mar Cantábrico y a la costa francesa. *

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