El arte de construir consenso para la guerra
En su edición del 10 de enero, el diario La Nación encabeza su sección de noticias internacionales con una información altamente inconveniente para el propósito de Bush de invadir, aplastar y ocupar Irak (y sus cuantiosas reservas petroleras, que es lo único que a Estados Unidos le interesa de ese país).
La noticia comunica que los inspectores de las Naciones Unidas no encontraron ninguna prueba de que Irak tenga armas de destrucción masiva. Con una expresión inglesa habitual en materia de crímenes, el jefe de los inspectores, Hans Bix, afirmó que «no se encontró un revólver humeante». Como precisamente el pretexto de Bush para atacar Irak es la supuesta presencia de tales armas, que según la propaganda norteamericana constituirían un serio peligro para el mundo, la conclusión de los inspectores resulta incómoda para poner en marcha la aventura militar.
No es ésta una circunstancia que atemorice a un editor experto. Bastará que en el título se añadan tres letras, un simple adverbio de tiempo, para que el lector entienda lo contrario. La Nación tituló: «La ONU no halló aún pruebas contra Irak».
He aquí una muestra de cómo se construye consenso. Decir que «aún no halló pruebas» equivale a decir que esas pruebas existen, aunque todavía no se las encontró. Todos los estudios indican que la mayoría de los lectores prestan atención al título, algunos leen la bajada y los epígrafes, algunos más los destacados y sólo unos pocos se internan en el texto de la nota. Así, para el grueso de los lectores de La Nación del 10/1/03 quedará la idea de que hay pruebas contra Irak, aunque la impericia o la falta de tiempo no permitieron que los inspectores de la ONU las encontraran. Por ende, a esos lectores se les induce a aceptar que Bush actuará correctamente para suprimir los «peligrosos armamentos» iraquíes de tan nebulosa existencia.
Ejemplos como éste se pueden acumular por centenares. Un suplemento de ciencia puede afirmar sin rubor que «fumar produce cáncer de pulmón», dejando de lado que, en realidad, el hábito de fumar sólo aumenta las posibilidades de que se desarrolle el cáncer de pulmón en quienes tienen propensión a desarrollarlo. Lo que implica que habrá personas que sufran esa enfermedad sin haber probado siquiera el humo del tabaco y otras que no la sufran nunca, pese a fumar desaforadamente.
La prensa es una de las maquinarias más eficientes para construir consenso. Puede hacerlo, y a menudo lo hace, de forma grosera. Otras, como en el caso del título de La Nación, de manera más sutil: la alteración del sentido de la noticia en el título es apenas perceptible y, por eso mismo, más eficaz. Formalmente, ni siquiera puede decirse que hay una inexactitud: es completamente cierto que «aún no se hallaron pruebas». Pero esto es una obviedad: todo lo que no ocurrió, no ocurrió aún. Justamente porque es obvio, es innecesario destacarlo: a nadie en su sano juicio se le ocurriría decir que «aún no se derrumbó el Obelisco» si tuviera que desmentir una falsa noticia sobre ese derrumbe. Incorporar el ‘aún’, en el caso del título sobre las inspecciones en Irak tiene una intencionalidad: afirmar en el lector la justicia y necesidad de la guerra e incitarlo a darle su apoyo. Y para el caso da lo mismo que la intencionalidad sea consciente y deliberada o que sea inconsciente y responda a una firme convicción del editor, que no se cuestiona la existencia de las armas. De una forma o de otra, el efecto será el mismo: construir consenso para la guerra. *
(*) Periodista de ARGENPRESS.info
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